Su nombre parece significar "el que lanza claros rayos" o 'dios de la luz"Es hijo de Odín y de nueve gigantas (Egia, Augeia, Ulfrun, Aurgiafa, Sindur, Atla, Iarnsaxa, Gjálp y Greip) hijas de Geirrendour, Geirrödr o Geiroed.
Solo quedó memoria de él entre los escandinavos, que le describían como grande, hermoso con una armadura blanca y brillante, --por lo que era conocido como el dios brillante o de la luz--, con cabellos y dientes de oro, que destellaban cuando él sonreía, y se ganó el sobrenombre de Gullitani (´´el de los dientes de oro´´). Se le proporcionó además una reluciente espada llamada Hofuth, y un cuerno extraordinario, llamado Gjallarhorn, que debía hacer sonar ante cualquier indicio de peligro; su último terrible sonido anunciaría la llegada del Ragnarok. También era el orgulloso propietario de un veloz corcel de crines de oro llamado Gulltoppr, que le transportaba de acá para allá pero especialmente temprano por la mañana.
El palacio de Heimdal, llamado Himinbjörg, estaba en el punto más alto del puente, y allí le visitaban a menudo los dioses para beber del delicioso hidromiel con el que él los agasajaba.
En el transcurso de un paseo a orillas del mar, Odín vio una vez a nueve bellas gigantes profundamente dormidas en las blancas arenas. El dios del cielo quedó tan enamorado de las hermosas criaturas que, como relatan las Eddas, se desposó con las nueve y se combinaron, en el mismo momento, para traer al mundo un hijo que recibió el nombre de Heimdal.
Al momento de la llegada de Heimdal, los dioses estaban deliberando sobre la conveniencia de asignar un guardián fidedigno y vitorearon al nuevo recluta como alguien apropiado para cumplir con las onerosas obligaciones de su cargo. Heimdal accedió con alegría a asumir la responsabilidad y desde entonces veló día y noche el sendero de arco iris que se adentraba en Asgard. Para permitir que Heimdal detectara la aproximación de cualquier enemigo desde lejos, la asamblea de los dioses le concedió una vista aguda que podía ver a cien millas de distancia tan claramente tanto de día como de noche; un fino oído que se dice podía oír crecer la hierba en las colinas y la lana en los lomos de las ovejas, y podía estar sin dormir varios días. Pero en cambio, no podía hablar.
Heimdal le entrega Brisingamen a Freya, después de arrebatárselo a Loki. Gracias a su extremada agudeza de oído, Heimdal escuchó, de noche, el suave sonido de lo que parecían ser pasos de gato en dirección al palacio de Freya, Folkvang. Dirigió su vista de águila en la oscuridad y percibió que el sonido era producido por Loki, el cual, habiendo entrado sigilosamente en el palacio como una mosca, se había aproximado al lecho de Freya y estaba intentando robarle su brillante collar de oro, Brisingamen, el emblema de la fertilidad y la armonía de la Tierra. Heimdal, el guardián del arco iris Bifröst, vio que la diosa se encontraba dormida en una postura que hacía imposible abrir su collar sin ser despertada. Pero el astuto Loki permaneció dubitativo al lado de la cama solo durante unos momentos y entonces comenzó a murmurar las runas que les permitían a los dioses cambiar de forma según su deseo. Mientras Heimdal se encontraba pendiente de la situación, Loki se vio reducido hasta alcanzar el tamaño y la forma de una pulga, tras lo que se deslizó bajo las sábanas y picó el costado de Freya, haciendo de esta manera que ella cambiara de postura sin ser despertada de su sueño.
El cierre estaba ahora a la vista y Loki, abriéndolo cuidadosamente, obtuvo el codiciado tesoro y procedió a marcharse con él sin dilación. Heimdal se lanzó inmediatamente en persecución del ladrón nocturno y, alcanzándole rápidamente, desenvainó su espada de la funda con la intención de cortarle la cabeza, cuando el dios se transformó en una parpadeante llama azul. Rápido como el pensamiento, Heimdal se transformó en una nube y envió rápidamente lluvia para apagar el fuego. Pero el malvado Loki alteró su forma con la misma velocidad para transformarse en un oso polar, que abrió sus fauces para tragarse el agua. Heimdal, sin dejarse intimidar, adquirió entonces a su vez la forma de un oso y atacó ferozmente. Pero como el combate amenazaba con acabar desastrosamente para Loki, se transformó en una foca y tras imitarle Heimdal, el de la dentadura de oro, se libró la última lucha, que concluyó con la derrota de Loki, quien se vio forzado a entregar el collar, que fue debidamente devuelto a Freya por Heimdal.
En esta leyenda, Loki puede ser tomado como un símbolo de la sequía o de los funestos efectos del calor demasiado ardiente del Sol, que viene a robarle a la Tierra (Freya) su más preciado ornamento (Brisingamen). Heimdal es una personificación salvadora de la lluvia y el rocío gentil, que, tras luchar durante un rato contra su enemigo, la sequía, que Loki representa, termina por derrotarla y le obliga a renunciar a su premio.
Heimdal se marchó un día de Asgard para pasear por la Tierra, como los dioses solían hacer en ocasiones. No había caminado aún mucho cuando llegó hasta una pobre cabaña a orillas del mar, donde se encontró con Ai (bisabuelo) y Edda (bisabuela), una pobre pero respetable pareja, que le invitó de forma hospitalaria a compartir su exigua comida de gachas de avena. Heimdal, el dios de la luz, que dijo llamarse Riger, aceptó gustoso la invitación y permaneció con la pareja durante tres días enteros, enseñándoles muchas cosas. Al concluir este tiempo, continuó el viaje. Algún tiempo después de su visita, Edda dio a luz a un niño de piel oscura y rechoncho, a quien llamó Thrall.
Thrall pronto mostró una fuerza física poco común y grandes aptitudes para los trabajos pesados. Una vez hubo crecido, tomó como esposa a Thyr, una chica de constitución gruesa con las manos quemadas por el sol y pies planos que, al igual que su marido, trabajaba de sol a sol. Muchos hijos nacieron de esta pareja y su descendencia fue la de los siervos de la gleba o esclavos del norte.
Tras dejar la pobre cabaña y la desolada costa, Riger se dirigió hacia las tierras del interior, donde en poco tiempo llegó hasta unos terrenos cultivados y una fértil granja. Al entrar en esta confortable morada, se encontró a Afi (abuelo) y Amma (abuela), que en muy buen gesto hospitalario le invitaron a sentarse con ellos para compartir la simple pero abundante comida que habían preparado para el almuerzo.
Riger aceptó la invitación y permaneció allí tres días con sus anfitriones, impartiéndoles toda clase de conocimientos útiles para ellos. Tras marcharse de su casa, Amma tuvo un robusto hijo de ojos azules, a quien llamó Karl. Mientras crecía, demostró grandes y variadas habilidades en la agricultura y a su debido tiempo se casó con una rolliza y hacendosa esposa llamada Snor, la cual le dio muchos hijos y su descendencia fue la raza de los agricultores.
Dejando la casa de esta segunda pareja, Riger continuó el viaje hasta que llegó a una colina, sobre la cual se erigía un majestuoso castillo. Allí fue recibido por Fadir (padre) y Modir (madre), los cuales, bien alimentados y vestidos lujosamente, como aristócratas, le recibieron cordialmente y le agasajaron con exquisitas carnes y deliciosos vinos. Riger permaneció tres días con esa pareja, tras lo cual regresó a Himinbjorg para reanudar su guardia como vigilante de Bifröst, y al poco tiempo la esposa de la tercera pareja tuvo un hermoso y esbelto hijo, a quien llamó Jarl. Este niño mostró pronto una gran afición por la caza y toda clase de ejercicios marciales, aprendió a interpretar runas y vivió para realizar grandes hazañas de valor y gran coraje que hicieron su nombre distinguido, añadiendo gloria a su estirpe. Tras alcanzar la edad adulta, Jarl se desposó con Erna, una doncella aristocrática y de esbelta figura, que gobernó su casa sabiamente y le dio muchos hijos, cuya descendencia fue la destinada a gobernar, el más joven de los cuales, Konur, se convirtió en el primer rey de Dinamarca. Esta leyenda nos permite observar el marcado sentido de clase social que existía entre las razas nórdicas.
Según profetizó la adivina, cuando esté completo el Nalfgar, el drakkar que se construye en Hel con las uñas de los muertos, la fuerzas del caos, comandadas por Loki, cruzarán el Bifrost quebrándolo a su paso. El Gjallarhorn resonará entonces con tanta fuerza que podrá ser escuchado en los nueve mundos llamando a los dioses a la última lucha. Después de esta confrontación final el mundo renacerá y los dioses supervivientes ocuparán el lugar de los caídos. Pero entre aquellos, si hacemos caso a Snorri Sturlusson, no se encontrará Heimdall. Él y Loki se habrán matado mutuamente durante la batalla.