ÑAHUÉDios de los maoríes de Nueva Zelanda. Soberano de las regiones infernales superiores, en donde residen las almas de los que sólo se mancharon con pecados leves.
ÑAMANDÚ o ÑANDESUVUSÚÑamandú (el primero; el origen y principio) es el dios principal de la mitología guaraní. Definido como invisible, eterno, omnipresente y omnipotente
Reside en la Morada Eterna (Yvága) donde se encuentran los seres vivos originales.
Su antagonista era Aña (“El Mal”).
También es conocido como Ñandejara ( nuestro dueño) Ñanderurusú, Ñanderuguasu ("Nuestro Padre Grande") o Ñanderu pa-patenonde ("Nuestro Gran Padre último-primero").
Al principio de los tiempos existía el Caos, formado por la neblina primigenia (Tatachina) y los vientos originarios. Ñamandú se crea a sí mismo en medio dicho caos. El proceso de autocreación de Ñamandú sigue un proceso por etapas y lo hace a la manera de un vegetal: se afirma sobre sus raíces ("las divinas plantas de los pies"), extiende sus ramas ("brazos con manos florecidas-dedos y uñas"), construye su copa ("diadema de flores y plumas") y se yergue como árbol, en postura de elevación celestial. Una vez auto creado, el corazón de Ñamandú comienza a resplandecer. Con dicha luz elimina las tinieblas primigenias. Después concibió la Palabra Creadora (Ayvú) que posteriormente será legada a los humanos para que éstos desarrollen el lenguaje. Concluida la creación de su cuerpo, Ñamandú crea a los otros dioses principales que le ayudarán en su pesada tarea: Ñanderu py'a guasu ("Nuestro Padre de Corazón Grande", padre de las palabras), Karaí, Yakairá y Tupã (dueño de las aguas, de las lluvias y del trueno).
Los tres compañeros de Ñamandú, con sus respectivas esposas, fueron creados sin ombligos, por no ser engendrados por ninguna mujer. Además les impartió conciencia de su divinidad y la esencia sagrada del Ayvú. Los cuatro compañeros procedieron entonces a la creación de la primera tierra. Ñamandú cruzó dos varas indestructibles y sobre ella asentó la tierra. Para asegurar que los vientos originarios no la movieran, la sostuvo con cinco palmeras pindó sagradas: una en el centro y las otras cuatro cada una en un extremo. Una hacia la morada de Karaí (al Poniente), la segunda hacia el origen de los vientos nuevos (al Norte), la tercera hacia la morada de Tupã (al Oriente) y la cuarta hacia el origen del tiempo-espacio primigenio (al Sur, desde donde vienen los vientos originarios fríos). El firmamento descansa sobre esas columnas. Junto a esta tierra, llamada Yvy Tenonde (Tierra Primera) se crea también el mar, el día y la noche. Comienzan a poblarla los primeros animales (siendo la primera mbói, la serpiente) y comienzan a crecer las primeras plantas. Aparecen luego los hombres, que conviven con los dioses. Los hombres, animales y plantas que habitan este mundo no son sino un mero reflejo de aquellos creados originariamente por Ñamandú. En su Morada Eterna, también conocida como Yvága (una especie de paraíso) se encuentran los originales. Ñamandú se encuentra con Ñanderu Mba'ekuá ("Nuestro Padre Sabio") y le propone buscar a la mujer. Para ello crean una vasija de barro y la tapan. Al destaparla, aparece Ñandesy ("Nuestra Madre"). Ñandesy copula con ambos dioses y engendra un hijo de cada uno. Al enterarse Ñamandú del "adulterio" de su mujer, recoge sus cosas y se marcha a su morada celestial. La abandonada Ñandesy sale en la búsqueda de su marido, pero en el camino se pierde y es devorada por los jaguaretes antes de que nacieran sus hijos. Sin embargo éstos, por ser divinos, sobrevivieron y fueron criados por la abuela de los jaguaretes. Los mellizos se llamaran Ñanderyke'y (hermano mayor), hijo de Ñamandú; y Tyvra'i (hermano menor), hijo de Ñanderu Mba'ekuá. Luego de una larga sucesión de aventuras y desventuras, intentos y fracasos, un continuo recomenzar en los que Añá (tío de los mellizos y enemigo de éstos) intenta ponerle las cosas difíciles, los dos hermanos logran reunirse con Ñamandú en la morada eterna. Allí también se encontraba su madre, Ñandesy, que había sido revivida por su esposo. Una vez allí, Ñamandú les otorga poderes divinos y el manejo del día a Ñanderyke'y, que cambia su nombre a Ñanderu Kuarahy ("Nuestro Padre el Sol") y el control de la noche a Tyvra'i, que pasa a llamarse Ñanderu Jasy ("Nuestro Padre la Luna").
En la primera tierra, llamada Yvy Tenonde, los hombres convivían con los dioses, no había enfermedades y no faltaba nunca el alimento. Sin embargo, uno de los hombres, llamado Jeupié, transgredió el tabú máximo: el incesto, al copular con la hermana de su padre. Los dioses castigaron este acto con un diluvio (Mba'e-megua guasu) que destruyó esta tierra primera y se marcharon a vivir a una morada celestial. Ñamandú decide crear entonces una segunda tierra, imperfecta, y solicita la ayuda de Jakairá quién esparce la bruma vivificante sobre la nueva tierra. Los sobrevivientes del diluvio pasan a habitar esta tierra donde ahora existe la enfermedad, los dolores y los sufrimientos. Los hombres que habitan esta nueva tierra, llamada Yvy Pyahu ("tierra nueva") buscarán por siempre retornar a aquella primera tierra: Yvymara'eỹ (la "Tierra Sin Mal").
Los mitos orales guaraníes hablan de una tercera reconstrucción que será sin imperfecciones. Sin embargo, mientras se espera la llegada de esa tercera tierra, los hombre pueden acceder al Yvymara'eỹ, siempre y cuando observen determinadas pautas de comportamiento comunal. En aquella mítica tierra no existirá ningún castigo, no habrá desventuras ni padeceres, nada se destruirá. Así, en muchas regiones los dioses menores han caído en el olvido mientras que las leyendas de estos siete monstruos se mantienen vivas incluso en los tiempos modernos. Por orden de nacimiento, son: Teyú Yaguá, Mbói Tu'i, Moñái, Yasy Yateré, único de los siete en no aparecer como un monstruo, Kurupí, Ao Ao y Luisón.
ÑENDEIPara los indígenas de las islas Fidji es el dios-serpiente, creador del primer hombre y de la primera mujer, de los que desciende toda la humanidad. ÑILÍNDiosa de la Fertilidad y de la Abundancia, venerada por los aborígenes del norte de Luzón (Filipinas).
Los cazadores de cabezas la invocan en las ceremonias que preceden sus macabras expediciones.
ÑUHU
Ñuhu (AFI: [ɲuʔu]) es el nombre con el
que los mixtecos designan a los seres sagrados. La palabra aparece registrada en
los documentos de los frailes dominicos que se encargaron de evangelizar
la Región
Mixteca durante el siglo xvi.
Descripción
El origen de los ñuhu está directamente enlazado con el mito del origen
del mundo en la mitología mixteca. De
acuerdo con el Códice Vindobonensis, la pareja primordial compuesta por Uno Venado Serpiente de Jaguar y
Uno Venado Serpiente de Puma —principios masculino y femenino respectivamente— dio origen a las primeras personas que poblaron la tierra. Como en
aquel tiempo no había nada, los primeros seres eran dibujados desnudos, y
casi ninguno de ellos posee nombre calendárico. Los Ñuhu fueron, pues, los primeros habitantes de la tierra. Dentro de
la concepción múltiple de lo sagrado, las deidades son los Ñuhu: Tachi, dios del aire; Ndeꞌyu, dios de la
tierra; Nchikanchii,
dios del Sol y del fuego; Yoo, dios
de la Luna y las predicciones; Savi (Dzahui) dios de la lluvia; Ndoso dios de los montes y los animales.
Las manifestaciones locales de
estas deidades son los Stoꞌ o Ñuhu; patrones, dueños o señores de
cada lugar, a quienes hay que pedir permiso para cazar, arar, construir o
realizar cualquier otra actividad que suponga una apropiación o transformación
de la naturaleza. Una concreción o emanación ambivalente de las deidades del
lugar son los Ndodo -traviesos-,
concebidas como duendes que pueden adoptar la figura de piedras antropomorfas o
piezas arqueológicas.
Junto a los arroyos viven los Chi Ndyute, especie de duendes
o Ndodo de los cursos
de agua, traviesos o malignos, que transforman las tortillas en tortas de barro
y atraen a los niños hacia las honduras para ahogarlos.
Los Yachi -viento- son seres
malignos, guardianes de los lugares que adoptan en forma de caballos, mulas,
gatos o perros negros.
De acuerdo con Janssen y Pérez Jiménez, la leyenda de los Ñuhu se conserva en la tradición oral de los
mixtecos en algunas regiones, como Chalcatongo (Oaxaca), donde recogieron un relato
que habla de que los primeros seres que habitaron la Tierra vivían en un tiempo
en el que no había luz, por lo que cuando fue creado Nikanchii (Ndicahndíí),
se espantaron y se refugiaron en las cavernas, en las piedras y en las
barrancas. De acuerdo con el Vindobonensis,
los Ñuhu fueron petrificados cuando el Sol emergió en el firmamento. En el
texto Origen de los indios del
Nuevo Mundo, del dominico Gregorio García, se conservaron los nombres de
varios de estos seres primigenios, por ejemplo, el Señor Frijolón y el Señor
Frijolito, los Señores Árbol, los catorce Señores Serpiente y otros.
Los mixtecos creían que en algunas cuevas habitaban estos espíritus
divinos, por lo que estas eran consideradas lugares sagrados. El culto a las
cuevas y a las rocas sigue siendo una práctica común entre los mixtecos contemporáneos. En la mixteca alta es frecuente el culto a las
llamadas piedras de adoración o ñuꞌun o yuu ñuún iñi ("piedra con corazón" o "piedra que piensa"). Se trata de piedras naturales pero que demuestran no
pertenecer al lugar en donde se hallan; son percibidas como manifestaciones
impersonales de lo sagrado, guardianas de lugar que no deben ser molestadas. Al
dar con una de estas piedras se llama al especialista religioso quien realiza
la ceremonia correspondiente para pedir permiso a la piedra para transladarla
al nuevo lugar donde se le rendirá culto. Las Ñu'un pueden demostrar una
voluntad específica, puesto que suelen aparecer en los sueños con forma humana
y avisan la suerte.
Muchos de los cerros de la mixteca tiene piedras de adoración en sus
cumbres. En algunos son solo dos o tres piedras que representan a los
"señores de los animales" a estos lugares van los cazadores a pedir
permiso y ofrecer sacrificios de cacao, mezcal y veladoras. En otros casos, el
cerro más alto cercano al pueblo es donde se concentran las Ñuꞌun formando un
semicírculo en cuyo centro se ubica la piedra mayor. A estos santuarios se les
llama "corral de las piedras" y se suele ir a pedir por buenas lluvias.
En San Juan Mixtepec (Oaxaca) se veneran estas piedras Savi,
costumbre que se conserva también en otras regiones de la Mixteca Guerrerense. En esta región, se veneran esculturas prehispánicas que son la personificación de
espíritus sagrados o históricos, como María Nicolasa Jacinta o el volcán Popocatépetl.
ÑURUVILU
Dios dominador de las Aguas, muy venerado entre los araucanos, indígenas
chilenos.
Se le representaba como un gran ser con semblante de gato selvático
provisto de una larga cola con forma de garfio.