Era el segundo hijo de Gea y de Ponto.
Hermano de Nereo, Forcis,
Ceto y Euribia.
Según Hesíodo, se unió a la deslumbrante oceánide Electra (las nubes teñidas de ámbar), y de ellos nacieron Iris (encarnación del arco iris que sale después de las tormentas, y mensajera de los inmortales), Arce, las Harpías (el viento huracanado) e Hidaspes. La
unión de Taumas y Electra, simboliza el reflejo de los rayos del sol (o del cielo) en las aguas, a las que llenaba al mar de ese colorido y belleza que le es propio.
TERHENETÄR
En la mitología
finlandesa, era el hada que personificaba la bruma.
TÉRMINO, TERMINUS o TERMES
Término era según la religión romana un dios protector de los límites e hitos fronterizos.
Dios
latino, presidía los límites y castigaba las usurpaciones.
En ocasiones Término es confundido con Silvano dios de los bosques.
La voz en latín terminus era tanto la palabra para delimitar
los límites e hitos fronterizos como el propio nombre de la deidad que se
encarga de su protección.
En su origen la imagen de Término consistía en un pedrusco cualquiera. Después se representó con un pilar que tenía encima una cabeza humana.
El dia VII de las Calendas de Marzo (el 23 de febrero
de nuestro calendario) daban comienzo las Terminalias. Su realización se daba en la unión de las
vías Ostiense y Laurentina. Este era el antiguo límite de Roma en tiempo de Numa (717–673 BC), con lo cual era el "término"
de la ciudad. En ellas, cada padre de familia encendía una gran hoguera sobre
la cual los hijos derramaban vino nuevo y semillas de ese mismo año cantando al
mismo tiempo himnos adecuados al caso. Más adelante se suprimieron estas
ceremonias limitándose a sacrificar un cordero.
Según Plutarco, Numa Pompilio fue el primer rey de roma que hizo colocar los límites en los campos para
separar las propiedades consagrando luego estos límites a una faceta de Júpiter
llamada Júpiter Término e instituyendo las fiestas terminalias.
TERPSÍCORE
En
la mitología griega, Terpsícore o Terpsícores (en griego Τερψιχόρη o Τερψιχόρα, ‘la que deleita en la
danza’) es la musa de la expresión corporal y del canto coral.
Parece que un principio esta musa regía los coros
dramáticos y la danza, para pasar después a ocuparse de la poesía lírica, de la poesía ligera propia para acompañar en el baile a los coros de danzantes,
Musa de la poesía ligera, y en general, del canto y la danza.
Presidia los coros de acompañamiento.
Es
hija de Zeus y de Mnemósine, como todas las Musas.
Se la creía madre de Reso.
En algunas leyendas, Terpsícore, como la madre, junto con Aqueloo o Forcis, como el padre, aparecen como los progenitores de
las Sirenas, divinidades marinas dotadas de una maravillosa voz
que osaron competir con las Musas, quienes las derrotaron y les arrancaron las
escamas. Avergonzadas, las Sirenas se retiraron a las costas de Sicilia, donde, con su canto, ejercían tan poderosa
atracción sobre los marinos que éstos no podían evitar que sus navíos se
estrellaran contra las rocas.
Suele representarse como muchacha jovial y
despierta, ágil y alegre; coronada de guirnaldas, y con un instrumento musical de cuerda: un arpa, un pandero, una viola o portando una cítara, instrumento que tocaba.
TESHUB o TESUB
Es el nombre dado al
dios del cielo y del tiempo; del clima, de la tormenta y de la tempestad; del trueno y del rayo, y de la guerra en la mitología
hitita.
Previamente lo había tomado de los Hurritas, que era su dios
principal, el rey de los dioses.
Su nombre hitita y luvita fue Tarhun con diversas formas derivadas: Tarhunt, Tarhuwant o Tarhunta.
Teshub es descrito como hermano de Istar y Tasmisu, esposo de Arinna, con la cual tuvo muchos hijos, entre ellos Sarruma.
Los hititas lo representaban usualmente como un guerrero y dios que sostiene un rayo triple, casco y armas, generalmente un hacha (hacha doble a menudo) y espada. También viajaba sobre las espaldas o en el carro que llevaban los toros de las mitologías hurrita e hitita, Seri y Hurri (‘día’ y ‘noche’), que pacían en las ruinas de las ciudades.
El lugar principal de culto era en
Kumme, en el Kurdistán, pero también era venerado en los
templos consagrados en general al dios de la tormenta, como en Alepo, Arrafa, Kumani y en el santuario
rupestre hitita de Yazilikaya.
Igualmente se le describe como el
dios que mató al dragón Illuyanka, pero que previamente
había sido derrotado por él. Este mito se recitaba en el Festival hitita del Año Nuevo.
TETAL
Demonio caldeo, cuyo poder residía en tomar posesión y deteriorar manos
y brazos de los seres humanos.
TETHRA
En la mitología
irlandesa era el dios del principio de la oscuridad.
El dios Tethra no tenía un rostro atractivo,
parecía que había sido trabajado con un hierro candente y sus ojos eran
ardientes.
Fue el rey de los Fomorianos, los dioses de la muerte, los cuales enfrentaron a los Tuatha De Danann, pueblo invasor que gobernó Irlanda hasta la llegada de los hijos de Milé. Fue rey antes que Balor, hasta que perdió las
cuatro batallas de Cath Maige Tuired, tras su derrota se trasladó a la tierra
de los muertos y allí se volvió el rey de los muertos.
Tethra de los Fomorianos
gobernó Mag Mell después de morir en la segunda batalla de Cath
Maige Tuired.
Según la mitología, las palabras "eres un campeón para el pueblo
de Tethra" no pueden significar que Tethra sea un dios de los muertos
sino que Connla es un poderoso guerrero, uno de los que Tethra, un dios de la
guerra, habría aprobado. Mientras Blackfire y Tethra se enfrentaban en
el planeta Luna, los Guardianes y los Demonios luchaban a muerte. Blackfire y
Tethra se enfrentaron con espadas y magia durante tres días seguidos antes de
que Blackfire hiriera a Tethra con un golpe mortal. Luego de haber perdido todas esas batallas se
convirtió en el rey de los muertos, dejó Irlanda con su ejército de demonios y
se fue a gobernar el inframundo.
TETIS o TETHYS
En la mitología
griega, Tetis (en griego
antiguo Τηθύς Têthys,
‘niñera’, ‘abuela’ o ‘tía’), la primera de las divinidades del mar; personifica
la fecundidad de éste.
Era
la diosa de la humedad, que es la que a todo sirve de nutrición y lo conserva.
Considerada una personificación de las aguas del mundo: era la diosa de la humedad, que es la que cría y hace brotar a las producciones de la tierra.
Era la diosa de la humedad, que todo lo nutre y alimenta.
Representa la humedad que todo lo invade.
Encarna la potencia fecundadora del mar.
Diosa de las fuentes subterráneas de agua dulce, así
como la patrona de la lactancia del joven.
Tetis estaba representada más tarde por los poetas como el mar personificado, y así equipararse a Talasa.
Tetis se imaginaba alimentando las corrientes de sus hijos sacando agua
de los acuíferos subterráneos a través de Océano.
Burkert ve en el nombre una transformación del acadio tiamtu o tâmtu,
‘mar’, reconocible en Tiamat.
Tetis, junto, con los
demás Titanes, es uno de los conocidos como dioses de la “primera generación”,
los primeros surgidos con forma humana, que perdieron su predominancia con el
advenimiento de los dioses olímpicos, o de “segunda generación”.
Hija de Urano y Gea
Hermana de los tres gigantes Hecatónquiros y de los Cíclopes.
Es una titánide y la más joven de estas,
al mismo tiempo hermana y esposa de Océano, el mayor de los Titanes. Según otra versión
mitológica aparecida en la Ilíada, de
Homero, esta pareja de titanes es la pareja primigenia.
Fue madre de los Oceánidas, los ríos del mundo conocidos
por los griegos, como Nilo, Alfeo, Meandro, Erídano, Aqueloo, Haliacmón, Gránico, Simunte, Sangrario, Escamandro, entre otros muchos, y de tres mil
hijas llamadas Oceánides, ninfas del agua dulce: manantiales, arroyos y fuentes; además
de éstos, danle también por hijos la mayor parte de las
personas que reinaron o han vivido en las costas del mar, como Proteo, Etra,
madre de Atlas, Perseis, madre de Circe…De su nieto Atlas, Tetis concebirá a la ninfa
Calipso.
Su morada está situada lejos en el oeste, en el país del atardecer, todo
rojo, que el Sol visita a diario al bajar del cielo.
Se la representaba iconográficamente conduciendo una enorme concha--semejante a una fastuosa carroza--, de figura maravillosa, y de un blancor más brillante que el marfil o el marmol.
Esta carro parecía volar por la superficie de las aguas y era tirada por delfines o por caballos más blancos que la nieve.
Fenelón en el Telémaco habla de esta diosa del modo
siguiente:
«siempre que la diosa quería pasearse, los delfines alteraban las
olas. Despues de estos, venían los Tritones que tocaban sus conchas encorvadas.
Unos y otros rodeaban la carroza de la diosa, tirada por caballos marinos mas
blancos que la nieve, y que hendiendo la honda salobre, iban marcando lejos y
detrás de si, un vasto surco sobre las
aguas. Sus ojos eran fogosos, sus bocas espumosas. Las Oceánidas, hijas de
Tetis, coronadas de flores, marchaban nadando detrás de su carroza; su bella
cabellera pendía extendida sobre sus bien formadas espaldas, y flotaban con la
fuerza de los vientos.
Tetis tenia en una mano
un cetro de oro para dirigirlos; y en la otra llevaba sobre sus rodillas al
pequeño dios Palemón, su hijo. Su rostro era sereno, y tenía una dulce majestad
que ahuyentaban los fuertes vendavales y las tenebrosas tempestades. Los Tritones
conducían sus caballos, llevándolos de sus riendas doradas. Un gran velo de
purpura flotaban en los aires alrededor de su carroza; y se hinchaba más o menos
por el soplo de una multitud de cefirillos, que le impelían con sus alientos.
Eolo, en medio de los aires, inquieto, ardiente, tenía en silencio a los fieros
aquilones, y contenía todas las nubes; las inmensas ballenas y otros monstruos
marinos salían a la superficie a rendir homenaje a la diosa.»
A Tetis estaba dedicado el alción,
ave que hace su nido en el mar.
Durante la Titanomaquia, Tetis y su esposo Océano se
mantuvieron en un papel neutral, no participando en esta.
Educo a Hera, que fue llevada a ella por Rea.
Se
dice que Zeus (Júpiter) habiendo sido atado con fuertes ligaduras por los otros
dioses, Tetis con el auxilio del gigante Egeon logró ponerle en libertad, es
decir, considerando a Tetis por el mar, que Zeus halló medios de huir
salvándose por mar de los insidiosos lazos que le habían urdido los Titanes con
quienes estaba en guerra, o también, examinando esta guerra bajo el aspecto
histórico, que alguna princesa de la familia de los Titanes hizo conducir por
mar socorros extranjeros para libertar a Júpiter de cualquier peligro.
Un mito cuenta que la
importante diosa olímpica, Hera, no estaba satisfecha con la ubicación de Calisto y Arcas en el cielo,
como las constelaciones Osa Mayor y Osa Menor, así que pidió ayuda
a su niñera, Tetis. Ésta, diosa del mar, maldijo a estas constelaciones a girar
alrededor del cielo sin bajar nunca del horizonte, lo que explica que
fueran circumpolares.
Walter Burkert señala la
presencia de Tetis en el Libro XIV de la Ilíada, en el pasaje que
los antiguos llamaban el «Engaño de Zeus», cuando Hera tiende
una trampa a su marido diciéndole que quiere ir «a los confines de la fértil
tierra, a ver a Océano, padre de los dioses, y a la madre Tetis».
TIFÓN
En la mitología
griega
(en griego antiguo Τυφών Τυφῶν Typhôn, Τυφάων Typhaôn,
Τυφωεύς Typhôeus, torbellino
o Τυφώς Typhôs, de τῦφος tuphos,
‘humo’, y éste del en latín
typhón) es una divinidad
primitiva que designaba violencia del viento y se relacionaba con los huracanes.
Con su fuerza y su mal humor, era el eterno
rival de los dioses del Olimpo.
Fue el último hijo de Gea, esta vez con Tártaro, el cavernoso vacío
inferior:
«Pero
cuando Zeus había expulsado a los Titanes del cielo,
la enorme Tierra tuvo a su hijo menor Tifeo del amor de
Tártaro, con la ayuda de la dorada Afrodita.»
Otra tradición indica que fue engendrado por Hera (Juno) sola, sin el
concurso de Zeus, en un momento de cólera contra éste; es decir, que debe su nacimiento a la discordia
de la coyunta celeste; o en otros términos (nos valemos de la expresión de
Decharme), a las alteraciones de la atmosfera: Gea furiosa por la
derrota y prisión que Zeus había impuesto a sus hijos los Titanes, le calumnió
ante su esposa Hera, que encolerizada corrió a pedir a Cronos un medio para
vengarse. Cronos le dio dos huevos untados con su propia simiente, enterrados
debían dar nacimiento a un monstruo capaz de destronar a Zeus. Este monstruo fue
Tifón.
De la unión con Equidna
nacieron toda una generación de monstruos como la Quimera, la Hidra de Lerna, los canes Orto y Cerbero.
La descripción que de tan violento personaje nos hace la Teogonía de Hesíodo permite reconocer un ser análogo á
la serpiente Ahí del Veda. Dice que era un ser monstruoso que sobrepujaba en talla y fuerza a todos los demás hijos gigantescos de la tierra; su personificación le asignaba una altura mayor que la más alta de las montañas conocidas. Su
cabeza daba a veces con las estrellas, como dedos tenía cien cabezas de
dragones, de su cintura para abajo estaba rodeado de víboras, su cuerpo era alado
y sus ojos despedían llamas.
De brazos
indómitos, que al extenderlos ocupaban casi toda la creación (una mano tocaba oriente y la otra occidente), y siempre estaban ocupados en obras de fuerza y destrucción, y de pies infatigables (los navegantes que decían haberlo visto, aseguraban que cada uno de sus pasos medía cien estadios).
De sus hombros se alzan cien cabezas de
serpiente (o dragón), de cuyas medrosas fauces salen con dardos
las negras lenguas. Cada cabeza hablaba con una voz diferente, y en voces confusas, una mezcla increíble de los más diversos
sonidos, que unas veces es el lenguaje que entienden los dioses y otras los
mugidos de un toro bravo, los rugidos de un león feroz ó los ladridos de un
perro, cuando no silbidos que ponen en conmoción á las montañas.
Como este engendro ambicionaba el dominio del
mundo, lo primero que hizo fue atacar el Olimpo. Cuando este horroroso ser
escalaba el monte, el dios Pan fue el primero que lo vio y avisó rápidamente a
los otros dioses que escaparan, al ver a este terrible monstruo abalanzarse
hacia el cielo, que se les acercaba de manera amenazadora, muchos de los dioses
huyeron despavoridos y aterrorizados a Egipto, donde, acosados, se
metamorfosearon en distintos animales para ocultarse. Hera se convirtió en vaca
blanca, Apolo se transformó en milano, Ares en oso, Afrodita en pescado,
Dionisio en macho cabrío, Hermes en ibis, Artemis en gato y Zeus en
carnero. Solamente Atenea se atrevió a
hacerle frente al monstruo, quien trató a su padre Zeus como cobarde por no
enfrentar al enemigo. Zeus recobra su verdadera forma y va a pelear contra
Tifón, así que Zeus y su hija Atenea fueron los únicos que resistieron al
monstruo. Pan se arrojó a un río con la intención de
convertirse en un pez y vio a Tifón cómo atacaba a Zeus. Pan, para salvar al
dios de los dioses, hizo uso de su mayor cualidad, lanzó un potente y
penetrante alarido que ensordeció a Tifón y por un momento se desentendió de
Zeus, el cual le plantó cara y le golpeó con una hoz de hoja de diamantes.
Aullando de dolor, Tifón escapó, pero Zeus le persiguió hasta Siria. Allí el
monstruo giró acorralado y empezó una feroz batalla cuerpo a cuerpo en el monte
Casio. Durante la lucha, aunque al principio parecía que Zeus llevaba ventaja,
Tifón consiguió atraparlo con sus garras y lo retuvo entrelazado en los anillos
que formaba con su cuerpo de serpiente, el monstruo desarmó a Zeus, cogió la
hoz con la que le atacaba el dios y armado con ella, le cortó a Zeus los
tendones de sus brazos y piernas, y los sacó de su cuerpo haciéndole perder
toda su fuerza. Desvalido, el poderoso dios cayó al suelo. Aprovechando la
circunstancia el monstruo lo arrastró, lo cargó sobre sus hombros a través del mar,
hasta Cilicia y lo encerró en la cueva Coricia,
donde el monstruo nació, metió los tendones dentro de una piel de oso y puso como guardiana a la dragona Delfine,
medio animal, medio mujer. Los dioses al ver
esto, quedaron aterrados, y sólo Hermes, acompañado de Pan, fue a la cueva a
recuperar los tendones de Zeus. Mientras Tifón buscaba una piedra suficiente
grande para tapar la entrada de la cueva donde pretendía encerrar a Zeus,
Hermes, el astuto hijo de Zeus, y Pan, con un horroroso grito, asustaron a
Delfina y recuperaron los tendones de su padre, y con gran habilidad y
paciencia los volvieron a ensartar en las manos y pies de Zeus, consiguiendo de
esta forma que el dios recuperase inmediatamente sus fuerzas. Recuperado y
pudiéndose mover de nuevo, Zeus tomó su rayo, volvió a escalar el cielo en un
carro tirado por caballos alados pegasos y emprendió la búsqueda de Tifón,
dispuesto a acabar con el monstruo. Una vez localizado Zeus reanudó la lid
contra el enemigo lanzándole una andanada de rayos. Tifón huyó al monte Nisa, donde las Moiras le
habían informado que existían unos frutos mágicos que le proporcionarían
fuerza, pero estos
frutos tenían más bien la capacidad de menguar la vida del que los comiese,
dejándolo muy débil, engañaron al fugitivo, que, convencido de que con ello se
fortalecería, comió los frutos efímeros. Más Zeus se puso a perseguirle y,
aunque el monstruo le arrojaba montañas, el dios se las devolvía a fuerza de
rayos, la batalla continuó. Tifón cuando lo vió venir, lo atacó dando espantosos gritos, pero
el rayo de Zeus lo hirió. De nuevo acosado, se pudo arrastrar al monte Hemo, en
Tracia, y desde ahí intentó otra vez atacar a Zeus, pero el rayo de éste lo
hirió de muerte, arrojó montes enteros, que, al estallar sobre él por culpa de
los rayos, le hicieron derramar abundante sangre en esa montaña, la sangre del
monstruo bañó el monte, dándole su nombre "Hemo": Sangriento, hasta
que el dios supremo cogió desprevenido a su adversario y desde la distancia lanzó
una despiadada lluvia de punzantes rayos sobre el monstruo, que huyó
nuevamente. Perseguido y malherido, Tifón llegó finalmente a Sicilia, donde
Encelado fue sepultado por Atenea en la Gigantomaquia, allí Zeus lo remató cuando lo tuvo cerca,
arrojándole cien rayos con garfios que quemaron de un solo golpe todas sus
cabezas, Zeus
fulminó a Tifón y este cayó al suelo estruendosamente con sus anillos
cubiertos en llamas. Para asegurar su derrota, Zeus empujó toda una montaña
sobre el cuerpo de Tifón y consiguió aplastarlo, pero el fuego que consumió al
monstruo atravesó la cima de la montaña y formó un volcán, Etna es su nombre,
este es enorme y desde entonces brotan llamas y bocanadas de fuego por los
rayos que Zeus arrojó, formándose la isla de Sicília. Se dice que las llamas
que salen del Etna son los restos de los rayos con los que Zeus aniquiló al
monstruo, aún hoy se oyen los lamentos de Tifón atrapado, al ser entregado de
nuevo al seno de su madre Gea. Su cuerpo aún se quema en el interior del monte,
y por ello está brotando siempre la llama y el humo. Ello se explica por las
llamas que vomita el monstruo o por el resto de rayos de Zeus.
TIQUÉ
En la mitología griega, Tique o Tiqué, también llamada Tiké (en griego Τύχη Týkhē), Tike, Tyché, Tique (en su forma castellanizada), Tyche (en su forma latina), Tiché y Tichi, era la personificación del destino y de la fortuna en cuanto diosa que regía la suerte o la prosperidad de una comunidad.La Teogonia la hacía hija de Océano, a causa de lo cual empezó siendo diosa protectora del comercio marítimo, fuente de riqueza para los hombres. Para Píndaro tenía un sentido más general, y era hija de Zeus, con lo que personificó la abundancia y la riqueza.
TLALOC
Tláloc (en náhuatl
clásico: Tlālōc; AFI [ˈtɬaːloːk]) es una deidad mesoamericana de la lluvia, del rayo, el trueno, el relámpago, de la tierra, de la fertilidad y el que
hace fluir los manantiales de las montañas.
Es a la vez un dios benéfico, por las lluvias, y
maléfico, al enviar rayos, granizo, heladas, inundaciones, sequias, todo lo cual podía destruir las cosechas.
Este es el dios de las aguas que llegan
del cielo, pero no de las aguas que ya están en la tierra, como pueden ser los
ríos. Para los ríos esta la diosa Chalchiuhtlicue (“falda de turquesas”).
del agua celeste.
Lo tenían como el responsable de la estación lluviosa.
Bernardino de Sahagún y Alfredo Chavero lo describen como el dios del rayo, de la lluvia y de los terremotos.
Se
manifestaba en forma de "culebra" en las trombas (remolinos de
lluvia).
El nombre Tláloc deriva de tlālli («tierra»)
y octli («néctar»), es decir: «el néctar de la tierra».
Su
nombre significaba “el que hace brotar”.
Al cual estaban subordinadas otras
divinidades secundarias, los Tlaloques, que representaban los cuatro puntos cardinales
y presidian todos los fenómenos relacionados con la lluvia (rayo, nieve,
granizo, etc.) o representaban masas de agua (ríos, lagos).
En la cosmología tlaxcalteca, Ometecuhtli, dios dual creador por excelencia, dio
organización al agua dando vida a Tláloc, para las aguas del cielo y a su
compañera y hermana Chalchiuhtlicue, para las aguas terrenales.
Tiene una hija o hermana mayor que es llamada Huixtocíhuatl.
Tláloc se casó
primero con Xochiquétzal, diosa de la
belleza, pero Tezcatlipoca la secuestró. Tláloc se casó otra vez con Matlalcueye.
En sus numerosas representaciones, aparece con una máscara
de color azul, con anteojeras, formadas a veces por dos serpientes que se entrelazan y cuyos largos colmillos acababan siendo las fauces del dios, una especie de bigotera que no era otra cosa que su labio superior; el cuerpo y la cara estaba casi siempre pintada de color
negro o azul, simbolizando las negras nubes, mientras que las nubes blancas se
representan por su tocado de plumas de garza, más veces de color verde, para imitar los visos que hace el agua. En los dibujos de los códices puede verse que sus vestidos tienen pintados unas manchas que son el símbolo de las gotas de agua. Llevaba en la mano una especie de estandarte de oro, largo y con forma de culebra, terminado en punta aguda; era para representar los relámpagos y los truenos que acompañan a veces al agua de lluvia.
Se die que guardaba el agua en cuatro grandes tinajas o jarrones que tenia en su posesión que estaban colocadas en los cuatro puntos cardinales del cielo. Desde allí el dios riega la tierra ayudado de sus ministros, los Tlaloques: cuando vaciaba el primero, traía vida a las plantas y se producían buenas cosechas, el segundo causaba destrozo y las que las pudrían; el tercero las helaban y el cuarto provocaba que las semillas se secaran y no produjeran frutos.
Los mexicas hacían ceremonias para honrarlo en el
primer mes del año (ātl cāhualo).
Los sacerdotes de
Tláloc, en tiempo de sequías y hambres, invocaban a su dios con
la siguiente oración:
“¡Oh señor nuestro humanísimo, liberal, dador y señor
de las verduras y frescuras! ¡Ay dolor!, que los
dioses del agua, tus súbditos, se
han recogido y ocultado y dejaron escondidos todos
los mantenimientos necesarios a nuestras vidas, que son
como piedras preciosas, esmeraldas y zafiros. ¡Oh
señor nuestro!, duélete de nosotros que vivimos. En las cosas de
nuestros mantenimientos por tierra, ya todo se pierde y
todo se seca, parece que está revuelto con telas
de araña por la falta del agua. Oh dolor de
los pobres!, ya se mueren de hambre,
todos andan desfigurados, con las bocas secas; y
los niños, todos andan amarillos, de color de la tierra. No
hay nadie a quien
no llegue esta aflicción y tribulación del hambre que
ahora hay; hasta los animales y aves padecen con gran
necesidad, por razón de la carencia de lluvia, y es
gran angustia verlos morir de hambre. Y
la gente toda pierde el seso y se muere por
la falta de agua. Y es también gran dolor ver la tierra seca, que no
puede criar ni producir yerbas, ni árboles, ni
cosa alguna que pueda servir de mantenimiento.
"¡Oh señor nuestro!,
que solías como padre y madre criarnos y darnos leche, con
los mantenimientos, yerbas y frutos que en la tierra se criaban,
y ahora todo está perdido, no parece sino que los
dioses Tlaloques se lo llevaron todo consigo y
lo escondieron donde ellos están recogidos en su casa. ¡Oh
señor, concédenos que los niños inocentes que aún no saben andar, y
los que están en las cunas, sean proveídos de las cosas
de comer, porque vivan y no perezcan en esa necesidad tan grande.
¿Qué han hecho los pobrecitos para que sean afligidos y muertos de
hambre? Y si nosotros te hemos ofendido, a
nosotros castíganos, y no a los pobres inocentes.
“Cierto que es cosa espantable sufrir el hambre, que así como
una culebra que
con deseño de devorar está tragando la saliva, está silbando porque
le den de comer, así es cosa espantosa ver
la agonía del que tiene hambre. Es esta hambre tan intensa,
como un fuego encendido que está echando de
sí chispas o centellas. Ten por bien señor que
se regocijen los hombres, los animales, las yerbas, las aves, y que
no sea esto con truenos y rayos. Porque
si vienen los Tlaloques con sus truenos, como la gente
está debilitada de hambre, los espantaran y algunos
se morirán. Y también, que no dañen con
su granizo a los árboles, magueyes y otras plantas
que nacen de la tierra y son necesarias para la vida.
“¡Oh señor humanísimo y generosísimo, dador de todos los
mantenimientos!, ten a bien consolar a la tierra. y a todas las cosas
que viven sobre ella. Con gran suspiro y angustia de
mi corazón llamo y ruego a todos los dioses del agua
que estén en las cuatro partes del mundo, que vengan a
consolar a esta pobre gente, y a regar la tierra. ¡Oh señor nuestro!,
ten por bien de venir.”