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2 abr 2026

LETRA C

CAANTO

En la mitología griega (en griego antiguo Κάανθος), era un hijo de Océano y hermano de Melia.

Fue enviado por su padre a buscar a su hermana que había sido raptada, y la halló en poder de Apolo. Siendo imposible rescatarla de sus manos, arrojó fuego a la arboleda sagrada de Apolo, llamada Ismenio. El dios mató entonces a Caanto con una flecha. Su tumba era mostrada por los tebanos en el lugar donde murió, cerca del río Ismeno.


CAACRINOLAAS, CAACRINOLAAS, CAASIMOLAR, GLASSIALABOLAS, GLACIALABOLAS, CAASIMOLA, BASSIMOLAR GLASYA, GLASSIA-LABOLIS O GLASYA LABOLAS


Caacrinolas es un personaje perteneciente a la demonología. En el Grand Grimoire aparece como «Classyalabolas» y sería una especie de sargento que a veces sirve como montura a Naberus. Según otras fuentes también es considerado un earl del Infierno.
La llave menor de Salomón habría afirmado que Caacrinolas ofrecería el conocimiento de las artes liberales, enseñaría cosas del pasado y las que están por venir, incitaría al derramamiento de sangre y es el autor de todos los homicidios, y tendría la capacidad de hacer nacer el amor entre amigos y enemigos, el poder de hacer invisible al hombre, además de «presagiar muy bien lo futuro
En el Diccionario infernal de Collin de Plancy es descrito como un gran presidente de los infiernos, con forma de perro y dos alas de grifo. 
Le obedecerían treinta y seis legiones.

CARONTE o CARÓN
En la mitología griega, Caronte o Carón (en griego antiguo Χάρων Khárôn, ‘brillo intenso’) una divinidad infernal, personificaba la oscuridad bajo la tierra a través de la cual las almas de los muertos iban hacia la morada del Hades.
Es el Khu-en-ua egipcio, el piloto de cabeza de halcón que guiaba la barca conductora de las almas a través de las negras aguas que separan la vida de la muerte. 
Hijo de Érebo y de Nix (la Noche).

Era el barquero del Hades, el encargado de guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río Aqueronte;  elegía a sus pasajeros entre la muchedumbre que se apilaba en la orilla del Aqueronte, entre aquellos que merecían un entierro adecuado y podían pagar el viaje (entre uno y tres óbolos), razón por la cual en la Antigua Grecia los cadáveres se enterraban con una moneda bajo la lengua. Aquellos que no podían pagar tenían que vagar cien años por las riberas del Aqueronte, tiempo después del cual Caronte accedía a portearlos sin cobrar. Aunque con frecuencia se dice que porteaba las almas por el río Estigia, como sugiere Virgilio en su Eneida, según la mayoría de las fuentes incluyendo a Pausanias y más tarde Dante el río que en realidad transitaba Caronte era el Aqueronte. En Las Ranas, Aristófanes muestra a Caronte escupiendo insultos sobre la gente obesa. 

Se le representaba como un anciano, de larga barba descuidada, ojos llameantes, flaco y gruñón de ropajes oscuros y destrozados, y con antifaz (o, en ocasiones, como un demonio alado con un martillo doble).

Se desconocen los motivos por los que Caronte dejó pasar a Heracles (Hércules), pero a causa de ello Caronte fue encarcelado un año con la acusación de haberle dejado pasar sin haber obtenido el pago habitual exigido a los vivos: una rama de oro que proporcionaba la sibila de Cumas. 

Virgilio narra en la Eneida el descenso de Eneas a los Infiernos acompañado de dicha sacerdotisa. 
Otro mortal que logró «cruzar dos veces victorioso el Aqueronte» es Orfeo, quien encantó a Caronte y a Cerbero para traer de vuelta al mundo a su amada muerta, Eurídice, a quien perdió definitivamente en su viaje de vuelta. Psique también logró hacer el viaje de ida y vuelta estando viva. Homero y Hesíodo no hacen ninguna referencia al personaje. 
La primera mención de Caronte en la literatura griega parece ser un poema minio, citado por Pausanias. Dicho poema atribuye a la leyenda de Caronte un origen egipcio, como confirma Diodoro Sículo. Los etruscos mencionan también a un Caronte que acompañaba a Marte a los campos de batalla. 
Dante Alighieri incorporó a Caronte en el Infierno de La divina comedia. Aquí era el mismo que su equivalente griego, pagándosele un óbolo para cruzar el Aqueronte. Es el primer personaje con nombre que Dante encuentra en el Infierno.

CÁROPE, CÁROPO o CÁROPS

En la mitología griega, el nombre de Cárope puede referirse a: un héroe tracio.

Padre de Eagro y abuelo de Orfeo; se le atribuyen los orígenes del orfismo.

Avisó al dios Dioniso del complot de Licurgo de Tracia contra él. El dios derrotó a Licurgo y a sus tropas tracias en una batalla. En agradecimiento entregó a Cárope el reino de los tracios y fue recompensado con el conocimiento de ritos secretos.


CÁROPE o CÁROPO

En la mitología griega, el nombre de Cárope o Caropo puede referirse a: un defensor de Troya.

Hijo de Hípaso y hermano de Soco. 

Fue asesinado por Odiseo.

 

CÁROPE o CÁROPO

En la mitología griega, el nombre de Cárope o Caropo puede referirse a: marido de Oia, hija de Céfalo y epónimo del demo ático de Oia.

 

CÁROPE o CÁROPO

En la mitología griega, el nombre de Cárope o Caropo puede referirse a: un perro de Acteón.

 

CÁROPE o CÁROPO

En la mitología griega, el nombre de Cárope o Caropo puede referirse a: un rey de Cime.

Esposo de Aglaya y padre de Nireo.


CARPO
Es, en la mitología griega, la diosa de las frutas. Según otras fuentes, era una de las Horas de la primera generación que representaba el otoño.  
Es la derivación de la diosa romana Pomona. 

Se dice que Carpo nació de la unión entre Céfiro y Cloris, obteniendo así el poder de hacer crecer y dar sabor, color y vida a las frutas. 



CARREAU
Demonio de gran poder que endurece los corazones de los hombres ante el amor y la fe.

Es el príncipe de las Potencias; y el diablo de los despiadados.


CARRNIVEAN CARNIVEAN o CARNIVEAU
En demonología, era un demonio que hace que la gente ame la obscenidad.
Antiguo príncipe de la Orden de los Poderes.

CARTERÓN

Según la mitología griega, era un hijo de Licaón. 


CASANDRA o ALEJANDRA

En la mitología griega, era hija del rey Príamo y de la reina Hécuba de Troya, y hermana gemela o melliza de Heleno. 

Era famosa por su belleza. Homero la llama "la más hermosa de las hijas de Príamo" (al igual que a su hermana Laódice).
Según una versión Casandra y su hermano gemelo Heleno poseían dotes adivinatorias por haber sido lamidos por una serpiente. Otra versión cuenta que Apolo quiso obtener sus favores, a lo cual ella accedió a cambio de que este le concediese el don de adivinar el porvenir. Una vez hubo tenido esta facultad se negó a mantener relaciones con él, y aunque Apolo no pudo retirar el don otorgado, si logró vengarse escupiéndola en la boca (o quitándole el poder de persuasión); esto significaba, que a pesar de ser una gran adivina nadie creía sus profecías. Y aunque siempre predijo cosas acertadas, nunca fue creída. 
Durante la guerra de Troya fue prometida a Otrioneo, el cual fue muerto por Idomeneo. Según Virgilio, posteriormente fue prometida a Corebo, el cual murió durante la toma de Troya a manos de Peneleo. 
Casandra advirtió a los troyanos de muchos peligros, incluso del caballo de madera con el que los griegos entraron en la ciudad, pero fue desestimada como una loca. Sin embargo según Higino, sí fue creída cuando en unos juegos fúnebres por la presunta muerte de Paris, ella reconoció a su hermano Paris entre los competidores. 

Vaticinó la caída de Troya a causa de su hermano Paris, advirtió a sus compatriotas contra el caballo de madera 

Finalmente vaticinó la muerte de Agamenón, la suya propia y la de sus dos hijos en Argos, pero nunca fue creída.  

Durante el saqueo de Troya se refugió en el templo de Atenea, donde se agarró a la estatua de la diosa, junto a la cual fue arrastrada por Áyax, hijo de Oileo, sacrilegio que motivó la ira de la diosa y que tuvo funestas consecuencias para él. Algunos autores dicen que fue violada por él, y otros no. 

Terminada la guerra de Troya, Agamenón regresa a sus posesiones con Casandra, que le había sido concedida como parte del botín. Juntos habían tenido dos gemelos y estaban muy enamorados, pero al regresar a Micenas, tal y como había predicho, murieron tanto ella como Agamenón y sus hijos a manos de Clitemnestra, esposa de Agamenón, y de su amante Egisto.


CASIOPEA

Existen varios personajes con este nombre en la mitología griega (en griego antiguo Κασσιέπεια o Κασσιόπεια):  era hija de Arabio.

Existen diferentes tradiciones sobre ella: la más común la considera esposa del rey Cefeo de Etiopía y madre con él de Andrómeda, cuya belleza ella ensalzaba por encima de la de las Nereidas o, según otra versión, era Casiopea misma la que se jactaba de ser superior en belleza a las Nereidas, o, según otros, más hermosa que Hera (Juno), incluso más que todas las deidades del Olimpo. Este orgullo fue la causa de su desgracia, al provocar la ira de Poseidón, que envió un monstruo marino a devastar el reino. 

Tratando de salvar Etiopía, Cefeo y Casiopea consultaron a un oráculo, que les indicó que el único modo de apaciguar al dios del mar era ofrecerle a su hija en sacrificio. Andrómeda fue despojada de sus ropas y encadenada a una roca al borde del mar, a la espera de morir a manos del monstruo. Sin embargo, el héroe Perseo, que regresaba de matar y decapitar a Medusa, se enamoró de la joven cautiva y utilizó la cabeza del monstruo para vencer al monstruo convirtiéndolo en coral, con lo que salvó la vida de Andrómeda y, finalmente, se casó con ella.

No queriendo dejar a Casiopea sin castigo, Poseidón la situó en los cielos atada a una silla en una posición tal que, al rotar la bóveda celeste, queda cabeza abajo la mitad del tiempo. La constelación de Casiopea se asemeja a este trono, que originalmente representaba un instrumento de tortura. Casiopea no siempre se representa atada a la silla como tormento; en algunas imágenes posteriores sostiene un espejo, símbolo de su vanidad, mientras que en otras sostiene una hoja de palma, un simbolismo que no está esclarecido.  ​

Otra tradición la considera esposa de Fénix, el hijo de Agénor, y madre de Carme.


CASIOPEA

Existen varios personajes con este nombre en la mitología griega: la mujer de Eneo y madre de Tideo (también se le da como madre a Peribea).


CASIOPEA

Existen varios personajes con este nombre en la mitología griega: la madre de Atimnio, que tuvo de Zeus.


CASMILA o CASMILLA

Según la mitología grecorromana, era la esposa de Metabo, rey de los Volscos, y madre de Camila.


CATEQUIL
Dios adoptado por los incas . 
Catequil provocaba el trueno, el relámpago y el rayo al disipar con su honda.

Famoso por sus oráculos.

Nieto de Atajujo. 

Hijo de Guamechiro y Cautaguan. 

En su huaca a modo de Oráculo, contestaba a través de las hojas de coca en los canales, ubicados en el centro ceremonial. Un segundo templo a Catequil quedaba en el pueblo de Tauca, provincia de Pallasca. El visitante austríaco-francés, Charles Wiener, comprobó en la iglesia de Tauca, que había una imagen en forma de círculo, evocando al Sol. Posible imagen de la deidad Catequil. Cf Charles Wienner en Perou et Bolivie.

Su mito narra como Huamanchuri, hijo del dios creador Ataguju, logró seducir a Cautaguan, a la que dejó encinta. Descubiertas estas relaciones por los hermanos de la joven, dieron muerte a Huamanchuri y dispersaron sus huesos a los vientos. Cautaguan dio a luz dos huevos que fueron empollados por el sol. De esos huevos nacieron los gemelos celestes Catequil y Piguerao. Catequil resucitó a su madre, quien le dio las hondas para que exterminase a la población que había dado muerte a su padre. Asi lo hizo, tras lo cual ascendió a los cielos y explicó su acción a su abuelo Ataguju y le dijo que debía repoblar la tierra. 

De esta nueva creación nació la raza de los Huamachucos.


CATHBAD o CATEAD

En la mitología irlandesa, Cathbad es el primer druida del reino de Ulster, 
era un vidente, druida y consejero del rey Conchobar, rey de Ulster. Cathbad representa el elevado prestigio y poder que la clase sacerdotal tenía en la sociedad irlandesa y probablemente en todo el mundo celta. 
Figura de un enorme prestigio social, nadie puede hablar en una asamblea antes que él, ni siquiera el rey; muy reputado como profeta, y también un guerrero 
Su nombre significa "matador en combate". 
Su leyenda se cuenta en el Ciclo del Ulster.
En la epopeya conocida como Táin Bó Cuailnge, Cathbad tiene a su cargo a cien alumnos a los que instruye en la tradición druídica, al igual que, según César, hacían los druidas galos. 
Está desposado con la reina Ness, y sus hijos son el rey Conchobar Mac Nessa y Findchoem, esposa de Amergin. 
Cathbad tuvo tres hijos: Dechtire, madre de Cú Chulainn; Elbha, madre de Naoise, y Findchaem, madre de Conall Cearnach. Cathbad es también padre de los druidas Genann Gruadhsolus e Imrinn y abuelo del héroe Cúchulainn, del que es tutor. Cuando Setanta alcanza la edad de cinco años, lo rebautiza como Cúchulainn.
Mientras estaban en guerra Cathbad asesinó a los doce tutores de Ness, la sorprendió desnuda a punto de bañarse y en represalia robó sus vestidos y armas. Cathbad le aseguró que no perdería la vida si aceptaba tres condiciones: la paz, la amistad y el matrimonio. El matrimonio sería provisional. 
En la narración Táin Bó Cúailnge ("Robo de las vacas de Cooley"), provoca la muerte del emisario Sualtam, que ha hablado sin permiso, pues según un geis o tabú, «nadie habla ante el rey y el rey no habla ante su druida».
En una parte del relato, un alumno interroga a su maestro acerca de los augurios que existen para ese día. Durante uno de estos períodos de instrucción, Cathbad profetiza que ese día será afortunado para aquel que tome las armas, porque su vida será corta pero gloriosa. Al escuchar esa profecía Cú Chulainn, de quien Cathbad es abuelo, de tan sólo siete años, rechaza sus juguetes y pide a Conchobar sus armas. 
Cathbad profetizó que Deirdre, a pesar de su gran belleza, acarrearía la destrucción de Ulster. 
Cuando el rey Conchobar se convirtió en un cruel déspota al final de su mandato, Cathbad lanzó una maldición sobre él y su castillo de Emain Macha. 

CÁTILO

Es el nombre de varios personajes de la mitología grecorromana: era hermano de Tiburto.

Intervino en la fundación de Tibur.


CÁTILO

Es el nombre de varios personajes de la mitología grecorromana: un jinete latino mencionado en la Eneida. 


CATIUS o CAUTIUS
Dios romano que presidia a los adultos, y los hacia dóciles y amables.


CATREO

En la mitología griega, era hijo de Minos y Pasífae, soberanos cretenses. 

Un oráculo le había advertido de que moriría a manos de uno de sus hijos, que eran cuatro: tres mujeres, Aérope, Clímene y Apemósine, y un varón, Altémenes. 

Catreo intentó ocultar el oráculo a sus hijos pero al final Altémenes y Apemósine se enteraron, y para evitar que se cumpliera el vaticinio se trasladaron voluntariamente a Rodas y allí fundaron Cretenia, en recuerdo de su patria.

A Catreo el comportamiento de los dos chicos le hizo pensar y decidió asegurarse, por lo que procedió a entregar a un tal Nauplio, un comerciante experto en estas cuestiones, a las otras dos hijas, para que las vendiera como esclavas en el extranjero. Climene, al parecer, desposó con Nauplio y juntos concibieron al gran Palamedes. 

Pero los años fueron pasando y viejo ya, Catreo tuvo un ataque de amor paterno-filial y deseó legar el trono a su hijo. De manera que salió en su busca y se hizo a la mar, rumbo a Rodas. Cuando desembarcó rodeado de sus seguidores, unos boyeros les confundieron con piratas que pretendían hacerse con su ganado. Y aunque protestó e intentó dar a conocer su verdadera identidad, el ladrido de los perros que cuidaban el ganado impidió que sus atacantes le entendieran, por lo que procedieron a lapidarlos. Por fin, apareció Altémenes, que remató al viejo con su jabalina. Cuando el pobre hombre se enteró de lo que había hecho, fue tragado por la tierra a petición propia. El oráculo, como en tantas ocasiones, inexorablemente, se cumplió.

Aérope fue entregada (o vendida) por Nauplio a Plístenes, rey de Argos y padre de Atreo. A la muerte de Plistenes, casó con Atreo; de esta unión nacieron Menelao y Agamenón (de Aérope, Atreo y Tiestes circulan versiones diferentes). 

Helena fue raptada por Paris mientras Menelao asistía a los funerales de su abuelo Catreo, padre de Aréope.


CAYETA o CAIETA

Según la mitología griega y romana, era nodriza de Eneas que fue enterrada en un puerto del Lacio donde se levantaría una ciudad con su nombre (actual Gaeta).

 

CAYM
En demonología, era un gran amo del Infierno, a través de sus argumentos, logra la desesperación de quienes le escuchan.
Comanda 30 legiones, y es uno de los más sabios en el Infierno. 
Aparece como un hombre elegante con alas de mirlo. 

CEARON
En la mitología griega, era el daimon quizá,  de la mezcla de vino o la masa de pan.

CEBRIÓN o CEBRIONES
En la mitología griega, era un hijo de Príamo y de una esclava. 
Conductor del carro de Héctor, cuyo oficio desempeño antes de Asqueptolemo.  
Murió de una pedrada que le tiró Patroclo.

CECIAS
En la mitología griega (en griego antiguo Kaekias) era el dios-viento del noreste, es el encargado de arrojar el granizo.
Su equivalente en la mitología romana es el dios-viento Caecius.
Se le representa como un hombre alado, viejo, con barba, completamente vestido de túnica y descalzo, sostiene entre sus dos manos una cesta, o más propiamente, un escudo lleno de granizo.

CÉCROPE o CECROPS
En la mitología griega, Cécrope (en griego antiguo Κέκρωψ, Kékrops, ‘rostro con cola’) fue el primer rey que tuvo la ciudad-Estado de Atenas. 
Según cuentan Pausanias y Heródoto,​ fue conocido también como Erecteo. 
Se dice que nació directamente de Gea, por lo que se le cuenta como uno de los autóctonos griegos. Su nacimiento sobrenatural era la causa de que la parte inferior de su cuerpo tuviera forma de serpiente.
Cécrope tuvo un largo reinado que duró 49 o 50 años, a lo largo de los cuales prodigó de buenas enseñanzas a su pueblo recién llegado al Ática. Les enseñó asimismo a construir con madera, a cultivar la viña, a enterrar a los muertos, la institución del matrimonio, e incluso se le atribuye la invención de los censos. A él se le debe igualmente la división política del Ática en doce comunidades. Cécrope instituyó el culto a Zeus Supremo, prohibió que se le ofrecieran sacrificios humanos y los sustituyó por ofrendas de tortas de cebada.
La región llamada Cecropia tomó su nombre de este rey. Antes se había llamado Acte, en recuerdo del rey nacido de la tierra Acteo, el tercer rey del Ática y antecesor de Cécrope. Heredó el trono de Acteo al casarse con su hija Agraulo, con la que tuvo a Eresictón (que murió antes que su padre), Aglauro (la primera sacerdotisa de Atenea), Herse y Pándroso. Fue el primer hombre que reconoció la paternidad e intentó fomentar la monogamia.
En algunas versiones épicas de su vida, Cécrope aparece como árbitro o juez en la lucha entre Atenea y Poseidón por las tierras del Ática. Ambos dioses querían ser las divinidades principales de la ciudad de Atenas, por lo que entablaron una contienda en la cual Poseidón abrió con su tridente una fuente de agua salada en la Acrópolis (versiones tardías dicen que hizo surgir un caballo), a lo que Atenea respondió plantando un olivo. Como Cécrope estuvo presente mientras la diosa plantaba el árbol, y por otra parte nadie podía probar que Poseidón fuera el que abriera la fuente, la ciudad fue adjudicada entonces a Atenea.​ Cécrope favoreció a Atenea y fue el primero que dedicó una estatua (de madera) a esta diosa. 
El cecropio era la tumba de este rey mitológico y se encontraba junto al pórtico de las cariátides, en el recinto del Erecteón, en la Acrópolis de Atenas.

CÉCULO
Dios romano que, según Varrón, extinguía la luz de los ojos del moribundo.

CÉCULO

En la mitología grecorromana, era un héroe itálico, supuesto fundador de Preneste y aliado de Turno contra Eneas.

 

CÉDICO

Existen varios personajes con este nombre en la mitología griega: un príncipe latino.


CÉDICO

Existen varios personajes con este nombre en la mitología griega: un soldado latino. 


CEFALIÓN
En la mitología griega, era un pastor de Libia.
Hijo de Anfitemis y de la ninfa Tritemis.
Dio muerte á los dos Argonautas Centeo y Euribato por haber pretendido robarle sus rebaños.

CÉFALO

Personaje de la mitología griega (en griego Κέφαλος). 

Su origen es confuso pudo ser hijo de Dión (o Deyón), rey de Fócide, y de Diomeda  (o Diomede), o de Hermes y de Hersa (o Herse), hija de Cécrope. 

Una leyenda refería que Eos, personificación de la Aurora, descubrió cierto día a Céfalo y prendada de sus encantos, lo secuestró y lo llevó a Siria, naciendo de esta relación un hijo llamado Faetón; una variante dice que el hijo fue Titono, y de este nació Faetón. Pero finalmente Eos consintió en que Céfalo regresase al Ática. 

Se casó con Procris, hija del rey de Atenas, Erecteo. Los esposos se amaban tiernamente pero Céfalo quiso comprobar la fidelidad de su compañera y se disfrazó, para tentarla con regalos a cambio de acostarse con él. Procris resistió largo rato hasta que cedió. En ese momento Céfalo se dio a conocer y Procris avergonzada huyo. Tiempo más tarde avergonzado a su vez Céfalo de su proceder buscó a Procris y regresaron juntos. Durante su ausencia Artemisa le había regalado a Procis una jabalina y un perro mágicos. Ella a su vez se los regaló a Céfalo. Los esposos vivían felices pero las frecuentes cacerías de Céfalo levantaron las sospechas de Procis, sobre todo cuando se enteró de que en sus salidas invocaba a una tal Brisa. Decidió seguirle pero cuando Céfalo vio moverse unos matorrales pensó que era una presa y disparó hiriendo de muerte a Procris. Por este homicidio el tribunal del Areopago condenó a Céfalo al destierro. Abandonó su tierra natal y embarcó con Anfitrión en una expedición contra los tafios. Conseguida la victoria se le puso a la isla el nombre de Cefalonia en honor a Céfalo. Otra versión dice que Céfalo se arrojó al mar desde la escollera de Léucada (llamada desde entonces Cefalonia) a causa de la desesperación por la pérdida de su esposa, pereciendo. 

Allí se casó con Lisipe con la que tuvo varios hijos. 

Existe cierta leyenda que cuenta como Céfalo fue a Delfos para conseguir tener hijos. El oráculo le dijo que se uniese al primer ser femenino con el que se topase. Se encontró con una osa, se unió a ella y el animal se transformó en una hermosa joven que dio a luz a Acrisio. 

….á una experiencia tan delicada, quise descubrirme y colgarme de su cuello. Aunque estaba triste y macilenta, ninguna le excedía en hermosura, y ardientemente deseaba ver a su esposo. Considera, príncipe, qué tal seria su belleza, cuando la misma pena la hermoseaba. Para qué hé de decirte las veces que su honestidad desvaneció mis discursos. 

¡Oh, cuántas veces dijo: yo me conservo para uno solo donde quiera que esté; mi corazón es de mi esposo; para él solo guardo mis placeres! ¿A quién no le satisfaría esta relevante experiencia de su fidelidad? Sin embargo, yo no me contenté y me obstiné en hacerme desgarcado. La ofrecí grandes riquezas, y la obligué por último á vacilar. ¡Ah! Exclamé yo entonces descubriéndome: reconoce á tu esposo en el amante pro quien te has mostrado sensible; él mismo  ha sido testigo de tu poca virtud. Nada me respondió Procris: su confusión y pudor fueron tan grandes, que salió en el momento del palacio con la resolución de abandonarme para siempre. Ocupada únicamente en el ejercicio de Artemisa (Diana) por los montes, concibió un odio irreconciliable á todos los hombres por la injuria que me había hecho. Su ausencia encendió de nuevo el amor, en que yo me había abrasado pro ella: la busqué, le pedí perdón de mi imprudencia, y la confesé que yo mismo hubiera titubeado si me hubiesen hecho tantas ofertas como yo la hice. La confesión de mi debilidad moderó el disgusto que le causaba la memoria de la suya: volvió conmigo, y vivimos muchos años en una perfecta unión  Poco contenta con haberme restituido  su corazón, me regaló un perro que Diana le había dado, y que era tan bueno que ninguno le ganaba á correr. Añadió a este presenten el dardo que vez tengo en las manos. Desearás saber sin duda la singularidad de este perro, y en efecto te  admirará la novedad del raro suceso. Las ingeniosas Náyades explicaron y vulgarizaron las obscuras y hasta entonces no entendidas respuestas del oráculo de Temis, el que desde este punto cayó en desprecio de los tebanos; é indignada por ello esta diosa, tomó la venganza de enviar contra ellas una cruel fiera, que quitó la vida á muchos, y se hizo temible á los labradores y ganados. Acudimos los jóvenes de la comarca para cogerla ó matarla, y cercamos los campos, haciendo un gran ojeo; pero todo fue inútil, porque la fiera saltaba con mucha velocidad las redes y sus más altas cuerdas. Quitamos los collares a los perros; peor no pudieron alcanzarla, porque huía con la ligereza de un ave. Me rogaron pro último que soltara á mi Lelaps, que era el nombre del perro que Procris me había dado, el cual hacia ya tiempo que se esforzaba por romper la cadena que le sujetaba. Apenas se vio libre, cuando le perdimos de vista. Solo se veían las huellas de sus pies estampadas en la arena. El dardo que se arroja con la mayor fuerza; la piedra que sale de la honda, y la flecha vibrada por el mas diestro cretense, no vuelan con mas velocidad que la que él  llevaba en la carrera. En medio del campo donde estábamos había una colina, á la que subí para observar con placer la ligereza con que corría; y desde allí vi que unas veces parecía haber cogido la fiera, y otras que esta se deshacía de él, y con rodeos burlaba á su perseguidor, y le cortaba el ímpetu de la carrera. Con todo, Lelaps se esforzaba por alcanzarla, y la seguía tan de cerca, que a cada instante abría la boca para cogerla, pero solo mordía el viento. Eché mano entonces de mí dardo, y mientras me prevenía para arrojarle, aparté la vista; pero cual fue mi sorpresa cuando volviendo á fijarla en el mismo lugar, miro en el campo dos figuras de mármol, la una en actitud de un animal que huye, y la otra en la de un perro que va ladrando tras él. Sin duda algún dios, si es cierto que les asistió alguno, no queriendo que ninguno de estos animales fuese vencido en la carrera, los transformó en piedras.» Después que Céfalo dejó de hablar, preguntole Foco la causa que había tenido para quejarse, cuando le habló del dardo que tenia en la mano. «¡Ah! le respondió, lo que hay constituye mientras felicidad, suele en lo sucesivo ocasionar nuestras desgracias. Para guardar algún orden en lo que voy a referirte, te hablaré primero de mi pasada ventura, cuya memoria me será agradable en todos tiempos. Dichoso en los primeros años de mi unión, veía con placer que Procris tomaba parte en mi felicidad. Unidos por el amor más tierno, teníamos unas mismas inclinaciones. Ni ella me hubiera dejado por Júpiter, ni yo la hubiera abandonado por Afrodita (Venus); en una palabra, nuestro ardor era igual. Como yo entonces era muy joven, y amaba apasionadamente á la caza, apenas el sol doraba las cimas de los montes con los primeros rayos, solía ir á los bosques vecinos, sin criados, caballos, perros ni redes. Iba seguro con el dardo que vez, sin necesidad de otras armas. Cuando ya había cansado de matar fieras, me acogía al fresco y sombra de los árboles y al aura que corría de los valles: el aura suave era mi refrigerio en medio del calor y la tomaba por descanso de mi trabajo. Me acuerdo que cantaba: «Ven, oh dulce aura, consuelo mío, introdúcete en mi pecho, y templa, como sueles, el ardor en que me abraso.» Quizá añadiría otros mil cariños: así lo iba disponiendo mi destino: solía pues decir: Tú formas mis delicias, tú restituyes y reparas mis débiles fuerzas, tú haces que yo ame los lugares solitarios y los bosques, y se recrea mi boca recibiendo tu respiración.» Alguno pro acaso oyó estas palabras ambiguas, y juzgando que el nombre de aura, tantas veces repetido, lo era de una ninfa, creyó que yo amaba a alguna. Procris luego fue instruida de esta fingida galantería; y como el amor es tan crédulo, se persuadió fácilmente que yo la era infiel. Esta noticia le causó un dolor tan cruel, que cayó desmayada, y estuvo largo tiempo sin sentido, según me contaron. Luego que volvió en si empezó á quejarse, diciendo que era la más infeliz de las mujeres; que su suerte era desgraciada; que yo no la guardaba la debida fe; y espantada con un imaginado delito, temió lo que era nada, y receló de un nombre que carecía de cuerpo, creyéndole como si fuese una verdadera rival. Con todo algunas veces dudaba de la verdad de la noticia, y no accedía a cuantas pruebas la habían dado de mi infidelidad. Como deseaba que la noticia fuese incierta, me hizo la justicia de querer por si mí supuesta perfidia antes de condenarme. Al siguiente día, al rayar la aurora, me voy á los bosques según costumbre; y hallándome cansado de la caza, metiendo sobre la yerba, sin olvidarme de llamar en mi favor a la suave aura. «Ven, aura, le decía, a aliviarme de tantas fatigas; de ti espero mi consuelo.» Cuando yo continuaba este discurso, me pareció oír alguno que suspiraba; más sin embargo: «Ven, hermosa, dije;» pero moviéndose algo más estrepitosamente los árboles, creí que fuera alguna fiera, y disparo mi ligero dardo. Más ¡ay! era Procris á quien había atravesado el pecho. Al grito que dio reconozco su voz: precipitado y loco acudo, y la hallo medio muerta bañada en su sangre; me esfuerzo luego á sacar de la herida el dardo fatal que me había regalado: la abraso tiernamente: rasgo sus vestidos, y ligo la herida para atajar la sangre que salía; rogándola con lágrimas no abandonase á un esposo, a quien hacia aquel accidente el más infeliz de los hombres. Próxima Procris á espirar me habló así: «Yo te ruego, Céfalo, por nuestro himeneo, por todos los dioses del cielo, por todos los de los Infiernos, donde voy a bajar, por el amor que siempre te he tenido, por este amor fatal que causa mi muerte, que no te cases con la ninfa Aura que te trae a estos bosques.» 

estas palabras caigo en la cuenta de su error: la desengaño; pero ¡ay de mí! ¡de qué me sirvió haberla desengañado? Ella cae entre mis brazos; y pierde la vida con su sangre. Sin embargo, interin podía levantar los ojos moribundos, no los apartó de mi boca su último suspiro. Así murió la desgraciada Procris, contenta á lo menos con saber que le había sido fiel.

     Céfalo contaba esta triste historia llorando amargamente; y toda la asamblea mostraba también con lágrimas acompañarle en su sentimiento, cuando Éaco, acompañado de sus dos hijos, llegó con las tropas alistadas recientemente, y que debían de ir á socorrer á los atenienses, a quienes recibió Céfalo con el mayor regocijo.»


CEFEO

Es el nombre de varios personajes en la mitología griega (Κεφεύς; Cepheus): el hijo de Belo (quien a su vez era hijo de Poseidón) y de Anquínoe. 

Era el padre de Andrómeda y esposo de Casiopea. Juntos gobernaban sobre los cefenos, pueblo que a veces se situaba en Etiopía, a veces a orillas del río Éufrates y a veces en Jopa, en Palestina. Los tres personajes forman parte central del mito de Perseo y Andrómeda. 

A su muerte el trono pasó a manos de Perses, hijo de Perseo y Andrómeda.

Después de su muerte Zeus lo elevó al cielo como una constelación. 

Así mismo, el nombre del cráter lunar Cepheus conmemora a este personaje mítico.

Por la vanidad de la reina Casiopea, que había dicho que era más bella que las Nereidas, Poseidón envió contra el reino una inundación y al monstruo marino Ceto. El oráculo de Amón vaticinó que las desgracias cesarían cuando se ofreciera a su hija, Andrómeda, como alimento para el monstruo. Cefeo encadenó a Andrómeda a una roca pero antes de la aparición del monstruo apareció Perseo, que mató al monstruo y liberó a Andrómeda. ​


CEFEO
Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: un rey  de Tegea, en Arcadia.
Se creía poseía un rizo del cabello de Medusa, regalado por Atenea, y que dio a su hija Estérope.
Hijo de Áleo. Su madre era Neera. 
Fue hermano de Licurgo y de Auge
Padre de Estérope y de veinte hijos. 
Cefeo es conocido por haber acompañado a Jasón como uno de los Argonautas.
Se cuenta que cuando Heracles se dirigía a combatir contra los lacedemonios para vengarse de los hijos de Hipocoonte, pidió ayuda a Cefeo y a sus hijos. Cefeo en principio se negó a ayudarle por miedo a que si abandonaba Tegea, su ciudad fuese atacada por los argivos. Pero Heracles dio a Estérope un bucle de una gorgona en una hidria de bronce que había recibido de Atenea que servía para que en caso de ataque, si era alzada tres veces desde lo alto de las murallas sin mirar hacia adelante provocase la fuga de los enemigos. Así que Cefeo y sus hijos consintieron en ayudar a Heracles en su expedición de castigo, pero murieron en combate

CEFEO

Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: el hijo de Licurgo 

Según Apolodoro, tomó parte en la caza del Jabalí de Calidón.


CÉFIRO

En la mitología griega, Céfiro (en griego Ζέφυρος Zéphyros) era la divinidad del suave y benéfico Viento del Oeste.

Representa el viento suave, a cuyo paso fructifica la tierra. 
Céfiro era el más suave y agradable de los vientos y se le conocía como el viento fructificador, que anuncia la primavera y aplaca las olas del mar favoreciendo la navegación.
Como este viento fuese dulce, poderoso y saludable, y con su soplo continuo refrescaba la tierra, favorecía el desarrollo de las flores y frutos, y daba, por decirlo asi, vida a la naturaleza.
Acompañaba a los bajeles con buen tiempo y viento en popa hasta sus respectivos puertos.
Se dice favorece la fecundidad de la tierra.
Aunque sopla con mucha suavidad, tiene sin embargo tal vigor, que vivifica los arboles y las frutas.
Su nombre griego que formaba de qoe (‘vida’) y de jereiu (‘llevar’), de modo que significaba "el que lleva la vida". Quizá apoyándose en esta etimología, dice Plutaro que Céfiro fue padre de Eros (el Amor), a quien engendró dando un soplo en los labios de Iris. 
Su equivalente en la mitología romana era Favonio (Favonius, ‘favorable’), quien ostentaba el dominio sobre las plantas y flores.

Se creía que vivía en una cueva de Tracia.

Era hijo, según algunos, de Eolo o Astreo (conductor de los astros) y de Eos (la Aurora), y segun otros de la harpia  Celeno. Hesíodo según la Teogonía, se limita a suponerlo hijo de los dioses por ser tan bello.

Tuvo por esposa a la ninfa Cloris, en la mitología romana Flora, a quien robó  de las Islas Afortunadas y sobre sus alas de mariposa llevo a Grecia, dióle la inmortalidad y el dominio de las flores, y Cloris, prendada de él,  cada otoño palidecía temiendo perderle, lo cual revela la delicadeza y sencillez de esta ninfa. Con Cloris fue padre de Carpo (el Fruto). Se decía que había competido por el amor de Cloris con su hermano Bóreas, a quien terminó ganando. Ovidio supone celebró su himeneo en el mes de Mayo. Lucrecio al describir el curso de las estaciones incluye á los dos esposos en la comitiva ó séquito de la Primavera. 

También se cuenta de él que con otra de sus hermanas y amantes, la harpía Podarge, fue padre de Balio y Janto, los caballos de Aquiles.

Figura como un hombre joven de semblante amable y risueño, sin barba y descalzo, con alas de mariposa, coronado de flores de todas las estaciones para denotar la benéfica influencia de la naturaleza; representado con la lozanía de la juventud y la hermosura de un dios, se desliza con gracia y ligereza al través de los aires, semidesnudo y teniendo en su mano un canastillo con las más bellas flores de la primavera.—

En Atenas se levanto a Céfiro un altar donde se le sacrificaba una oveja blanca, emblema de las argentadas nubes que la divinidad impulsaba en el cielo. 
Céfiro sólo exigía una condición a los navegantes encomendados a su protección: que interrumpieran sus singladuras y echaran anclas en la pequeña isla de Serifopoulon, donde había un altar dedicado a los buenos vientos. Allí debían ofrecer un acto de devoción a la divinidad para que los acompañara a través de los mares. Es posible que Céfiro sea una transliteración del nombre de la isla Sérifos, también denominada con los nombres Serfanto, Seriphos o Serfos. Esta isla fue colonizada desde épocas tempranas por navegantes jonios.

Uno de los mitos conservados en los que Céfiro aparece más prominentemente es el de Jacinto, un hermoso y atlético príncipe espartano. Céfiro se enamoró de él y le cortejó, al igual que Apolo. Ambos compitieron por el amor del muchacho, pero éste eligió a Apolo, haciendo que Céfiro enloqueciera de celos. Más tarde, al sorprenderlos practicando el lanzamiento de disco, Céfiro sopló una ráfaga de viento sobre ellos, haciendo que el disco golpease al muchacho en la cabeza al caer. Cuando Jacinto murió, Apolo creó la flor homónima con su sangre.

En la historia de Eros y Psique, fue Céfiro quien sirvió a Eros transportando a Psique hasta su cueva.


CEIX
En la mitología griega, Ceix o Ceice (en griego, Κήυξ) era un rey de Traquis o Tarquinia en Tesalia.
Hijo de Eósforo (Lucifer) y Quíone o Filonis. 
Se casó con Alcíone, con quien fue padre de Hípaso e Hilas.
Padre de Temistónoe, mujer de Cicno. 
Existen dos versiones distintas de la leyenda de Ceix y Alcíone:
  1. Deseosos de parecerse a los dioses, Ceix y Alcíone, navegaban por el mar de Mirto, en una barca decorada con ramos de flores, espigas y cráteras de oro. En cada isla que abordaban decían ser el dios Zeus y su esposa Hera. Los isleños, maravillados y sorprendidos por aquella inesperada y real visita, los recibían espléndidamente, colmándolos de atenciones y regalos. Al entrarse Zeus de que aquella extraña pareja estaba usurpando sus nombres, los transformó en alciones; o se cuenta también que su esposa se atrevió a comparar la felicidad de su matrimonio con la de Zeus y Hera, y los dioses hicieron naufragar el barco de Ceix, que pereció ahogado. Su mujer se lanzó al mar y ambos fueron convertidos en alciones. Se cuenta que cuando estos pájaros hacían su nido en la playa las olas amenazaban con destruirlo. Eolo contenía sus vientos y hacía que las olas se calmasen los siete días anteriores al día más corto del año (y varios después), para que pudiesen poner sus huevos. Estos días pasaron a llamarse «días del alción», y en ellos nunca había tormentas, por lo que este pájaro se convertiría en símbolo de la tranquilidad. 
  2. Se amaban tanto que jamás se separaban uno del otro. Pero un día Ceix inquieto y preocupado por una serie de problemas y malos presagios, decidió emprender un largo viaje  Claros (Jonia) para consultar un oráculo. Cuando Alcíone se enteró de los planes de su marido, se horrorizó. Le dijo a Ceix que aquel viaje podría ser muy peligroso debido a los fuertes vientos que azotaban el mar. Incluso le pidió que si, a pesar del riesgo, decidía viajar, se la llevase con él, porque si había de pasar algo, lo que fuera, al menos seguirían estando juntos. A pesar de conmoverse profundamente con las palabras de su amada Alcíone, Ceix decidió en el último momento marchar solo y esa misma noche embarcó rumbo a las tierras del Oráculo. Durante la travesía, una horrible tormenta sacudió la nave. Todos sus tripulantes se encogieron de miedo. Todos menos Ceix, que daba gracias a los dioses por no haberse traído consigo a su esposa, que fue engullida pro el tormentoso mar. Mientras Alcíone, ajena a la tragedia,  contaba los días de la ausencia de su esposo. Procuraba mantenerse ocupada la mayor parte del tiempo e iba al templo de Hera a rezar por él varas veces al día, haciéndole ofrendas a la diosa. Hera comenzó a sentirse culpable, ya que sabía de la muerte de Ceix y le parecía que no era justo que Alcíone se pasara el día haciendo ofrendas por un marido que nunca podría recuperar. Fue entonces cuando mandó a llamar a Iris, su mensajera, y le ordenó que fuera en busca de Hipnos, el dios de los sueños, para que le mandase a la pobre enamorada uno en el que se le revelase la verdad sobre el fatal desenlace de Ceix. Hipnos llamó a su hijo Morfeo que era experto en tomar la apariencia de cualquier ser humano y le explicó las órdenes de la diosa Hera. Este voló hacia el lecho de Alcíone y, mientras la mujer dormía, se introdujo en sus sueños con el aspecto de Ceix y le contó lo que había pasado. En ese momento, Alcíone despertó sobresaltada y al mismo tiempo abatida. Por eso, a amanecer, fue al puerto, al mismo desde donde partió su esposo hacia tan funesto destino. Y allí, flotando sobre las aguas, divisó algo. Cuando estuvo más cerca de la orilla, Alcíone se dio cuenta de que era el cuerpo de su esposo. Muerta de dolor, en ese momento decidió poner fin a su vida y tirarse al mar. Pero justo en ese instante y antes de que sus vestidos tocaran el agua, Alcíone se vio transformada en un pájaro (dicen que en un alcatraz), y Ceix recobró de nuevo la vida convirtiéndose en un martín pescador. Los dioses se habían apiadado de la pareja y les habían dado una segunda oportunidad para estar de nuevo juntos.

Ovidio dice: «Perturbado Ceix por las calamidades de su hermano y las que siguieron a estas, dispone ir a consultar el oráculo de Apolo, que existía en la ciudad de Claros, porque el bandido Forbas, unido con los Plegios, tenia interceptados los caminos del templo de Delfos. Comunicó anticipadamente esta su resolución Ceix a su querida esposa, que al oírla se quedó helada, y su semblante pálido a la manera del boj, corriéndole las lágrimas por las mejillas. Tres veces procuró hablar, y tres veces se lo impidió el llanto y los sollozos, que interrumpían sus amantes quejas. «¿Qué culpa, decía, he cometido yo, carísimo esposo mio, que asi a trocado tu cariño? ¿Dónde está aquel cuidado y desvelo que solías tener por mí? Ya no te es difícil el sustentarse y dejar á tu Alcione. Ya te agrada el hacer un largo viaje; y ya quieres más bien tenerme ausente que en tu compañía, si tu viaje lo hicieras por tierra, solo me causaría pena y dolor, pero no sobresalto. Los mares me amedrentan: solo el pensar en ellos me causa horror. Poco ha que he visto sobre la playa los tristes fragmentos de un naufragio; y muchas veces he leído los epifanios de los túmulos que no ocultaban los cadáveres. No te dejes llevar de la falaz confianza de que tienes por suegro á Eolo, que ejerce su imperio sobre los vientos, reprimiendo su impetuosidad en una cárcel, y cuando le place con esta sujeción queda el mar en calma; porque una vez sueltos se apoderan de todo el Océano; nada hay que se les oponga; toda la tierra y todo el mar quedan a su arbitrio. También agitan las nubes del cielo con fieros torbellinos, y las hacen vibrar los resplandecientes rayos y centellas. Cuanto más bien los conozco (y los conozco muy bien, porque los vi muchas veces cuando era niña, en la casa de mi padre), tanto mas esto y persuadida de que deben ser temidos. Pero si tu resolución, carísimo esposo, no se puede alterar con mis plegarias, y estás constantemente  determinado á hacer este viaje, llévame contigo, y correremos ambos una misma suerte: entonces no tendré que temer lo que me vea precisada á sufrir: ambos en unión mutua toleraremos lo que sobreviniese, y entreambos en unión correremos los riesgos de los extendidos mares.» Con estos ruegos y lágrimas de Alcione se conmovió Ceix, porque no era inferior su cariño hacia su esposa; pero ni se resolvía a mudar de propósito, ni se atrevía á llevar consigo á Alcione, y exponerla á que fuese participante de los peligros. Díjole muchas cosas tiernas que consolasen su tímido corazón; pero no por eso se aquietó Alcione, ni aprobó la causa del viaje. En fin, para disminuir en lo posible el dolor que iba á causarle esta funesta separación, añadió este lenitivo, con el cual tranquilizó el espíritu de su mujer. «Cualquiera detención será larga y enfadosa para mí; pero te juro por los brillantes resplandores de mi padre que si el destino no se opone á mi vuelta, me verás antes que la luna por dos veces llene de luz su hermosa faz.» Luego que con estas promesas la aseguró de su pronta vuelta, mando al punto botar al agua una nave, y equiparla con todas sus jarcias y demás utensilios. Al momento que Alcione la vio aparejada, se llenó de horror como adivinando lo que había de suceder; dejó correr algunas lágrimas, le abrazó tiernamente, y al tiempo de decirle con voz triste el último adiós, cayó desmayada. Los marineros, aunque Ceix buscaba pretextos para detenerse, aplicaron á sus fuertes pechos las dos ordenes de remos, y con golpes acompasados empiezan á remar. Alcione, algo recobrada de su desmayo, levantó sus llorosos ojos, y vio á su marido que estaba de pie en la encorvada popa, y desde ella le hacia señas con la mano, á las que ella le correspondía con otras tantas. Cuando ya se había alejado, y la vista no alcanzaba á distinguirle y conocerle, se contentaba con ver la nave fugitiva, y cuando ya está no podía distinguirse por la gran distancia, mientras las velas tremoladas del viento en lo alto de los mástiles. Luego que se perdieron de vista todo punto las velas, se volvió afligida á su aposento y se echó en la cama, la cual le renovó sus lágrimas, acordándose de lo que faltaba en ella. En tanto se alejaba la nave; y como el viento daba en popa, dejaron de remar, y tendiendo todas las velas, las hinchaban los vientos favorables que soplaba.

Habrían hecho poco menos de la mitad de la travesía, alejados de una y otra playa, cuando á la entrada de la noche empezó el viento á soplar con una fuerza, y á ponerse el mar blanco con las encrespadas olas. Inmediatamente ordeno el piloto que se recojan las velas, y que ás aten á las antenas; pero la contraria tempestad impide la ejecución de lo mandado, y el bramido del mar agitado impedía que las voces llegasen á los oídos. Todos andaban diligentes; unos se apresuraban á quitar los remos, otros á cubrir el costado para impedir que el agua entrase, otros á recoger las velas: estos sacan el agua que había hecho la nave, y la vierten en el mar, aquellos bajan las antenas; pero todo se ejecuta con desorden y atropellamiento. Entretanto se aumenta la deshecha tempestad, y los desenfrenados vientos, soplando á un tiempo á un tiempo de todas partes contrarias se enfurecen en una terrible guerra, y agitan las olas confundiéndose las unas con otras. El mismo piloto se pasma, y confiesa que ni está en si, ni sabe el estado en que se halla la nave, ni qué mande ni qué prohíba en tanta confusión  y apuro, en el que ya es inútil toda la destreza de su arte. Confundese, formando el mayor estrepito, los clamores de los marineros, los crujidos de las cuerdas y masteleros, el bramido de las olas que se chocan unas con otras, y los espantosos truenos en que las nubes se desgajan. El mar, embravecido por los vientos, levanta sus olas hasta el firmamento, y rocía con ellas las nubes: unas veces cuando  el agua barre las rojas arenas se vuelve del color de ellas, y otras  es mas negra que la de la laguna Estigia: algunas veces se allana y emblanquece con las espumas que suenan, y la nave es juguete de todas estas causas impolontes: ya parece que elevada sobre las olas como montañas, mira desde allí á la profundidad de un valle, y al mismo Aqueronte; ya abatida a lo ínfimo por las mismas olas, las vé desde la profundidad tocar en el cielo. Azotadas por ella la nave en sus costados, hace un ruido semejante al del ariete cuando derriba los muros de una guarnecida ciudad.  Y á la manera de dos fieros leones  tomando fuerza con la carrera, suelen acometer á los venablos que les presentan, así las olas, confundidas con los vientos que las alteran, atacan la tablazon de la nave sobre la cual se levantan. Ya se aflojan y desencajan los clavos, y despegándose la brea, se descubren aberturas, que dan entrada á las ondas que amenazan con la muerte. Las nubes se resuelven en copiosas lluvias, y parecía que sobre el mar caía todo el cielo, ó que aquel entumecido subía á ocupar el asiento de este. Las velas se empapan con la lluvia, y las aguas del mar se mezclan con las del cielo. Ningún astro se vé brillar en él, antes bien por lo contrario, la obscuridad de la tempestad, junta con la de la noche, aumenta el horror de las tinieblas. Si se ve alguna claridad, es la de los relámpagos y rayos, que parecía abrasaban las aguas. Las olas también saltan a las corvas junturas de la nave; y como el soldado que aventaja á todos los  demás, cuando repelidas veces asalta á los muros de una ciudad defendida, y por último consigue entre mil combatientes trepar á ellos estimulando el deseo de la gloria; del mismo modo, después que las violentas olas batieron mucho tiempos los altos costados de la nave, los sobrepuja el ímpetu de la ola décima, que es la mayor y mas terrible, y combatiendo á aquella, ya quebrantada, no desiste de la empresa hasta apoderarse de ella, y venir á llenar todo el buque, á la manera de la toma de una plaza de armas. No interrumpen las olas el asalto; y habiendo entrado muchas veces en la nave, empiezan todos á temblar, del mismo modo que sucede en una plaza, cuando ven que de los enemigos unos toman ya posesión de sus muros desde adentro, después de haberla batido y mirado por de fuera. Desfallece el arte; los ánimos desmayan, y todas las olas que se ven venir se temen como causadoras de otras tantas muertes. De los marineros unos no pueden contener las lágrimas, otros se llenan de estupor, otros llaman felices a los que mueren y son sepultados con fúnebre aparato en tierra, otros hacen promesas á los dioses, y levantando en vano los brazos piden socorro al cielo que no ven: acuérdase aquel de su padre y hermanos; éste de sus hijos, de su casa y de lo que dejó en ella: Ceix solo se acuerda de Alcione; de su boca no sale otra palabra que Alcione; y siendo ella sola el objeto de su amor, se alegra de que no se halle en su compañía. Quería ver las playas de su patria, y dirigir hacia su casa las últimas miradas; pero no sabe en qué sitio se halla por la terrible agitación del mar, por la obscuridad que causan las negras nubes, por estar cargado de ellas todo el cielo, y por ser por la misma causa doblemente obscura la noche. La impetuosidad de un lluvioso torbellino derriba el mástil, y hace pedazos el timón; y animosa la ola con tales despojos, sobreponiéndose como vencedora, se eleva en forma de arco sobre las demás, y cayendo precipitada, no de otro modo que sí se lanzasen el monte Atos, y el Pindo, arrancados de sus estables asientos en medio del mar, con su peso y con su impulso sumerge hasta lo profundo la nave, en la cual se ahogó gran parte de los marineros, quedando solo los pocos que pudieron asirse a las tablas y fragmentos de ellas.  Ceix, asido á uno con la mano que solía empuñar el cetro, invoca en vano á Eolo y Fosforo, su suegro y padre; pero más frecuentemente repetía, cuando nadaba, el nombre de su esposa Alcione. De esta sola se acuerda, á esta sola llama, deseando que después de su muerte las olas llevasen á su presencia su cadáver, y que éste fuese enterrado por ella. Cuando así zozobraban entre las olas y estas le dejaban respirar, pronunciaba claro el nombre de Alcione, y confusamente entre dientes cuando le cubrían la cabeza. Mientras estaba en esta disposición, una encrespada y negra ola, que formaba un grande arco, se rompe, cae á plomo sobre él y cubriéndole de agua le sumerge.

Fosforo, su padre, estuvo aquella noche oscuro y desconocido; porque como no podía bajar del cielo en aquel triste momento, cubrió su rostro con densas nubes. Alcione entre tanto,ignorante de la tan calamitosa desgracia de su esposo, estaba contando las noches de su ausencia; y esperando vanamente su vuelta, preparaba los vestidos con que había de engalanarse cuando volviese,  y las joyas con que había de adornarse en aquel suspirado momento. Ofrecía incienso a todos los dioses, y principalmente en los templos de Juno, y se postraba ante las aras por su marido que ya no existía,, y rogaba por su salud y su vuelta, y porque la prefiriese siempre y no se enamorase de otra: pero de tantos votos y súplicas, esta última era sola la que se podía verificar. La diosa, no  queriendo ya que se le rogase más pro la salud de un difunto, ni se ofreciesen por él sacrificios en sus aras, llamó a Iris y le dijo: «Iris, fidelísima embajadora mia, marcha al punto al palacio del dios del Sueño, y dile de mi parte que envié á Alcioone un sueño que le represente la imagen de su marido que ha padecido naufragio, y la haga entender la verdad.» Apenas dijo esto, Iris, vestida de mil colores y señalando en el cielo su arco, se encaminó como se le había ordenado al palacio de Hipnos (el Sueño), que estaba oculto entre unos peñascos.

En el país de los cimerios, que es la costa del mar Negro, región obscura y fría, hay una cueva dilatada en la concavidad de una montaña, en donde el perezoso sueño tiene su palacio y habitación; jamás penetran en ella los rayos del sol, ni cuando nace, ni cuando está en lo más alto, ni cuando se pone: la tierra exhala unas densas nieblas mezcladas de oscuridad, y la escasa luz de aquel sitio es como la del crepúsculo: jamás los gallos anuncian allí la vuelta de la aurora: jamás los perros, guardas fieles de una casa, ni los ánsares, más sagaces todavía que estos, interrumpen con su ladrar ni graznidos el tranquilo reposo que allí reina. Ni las fieras, ni los ganados, ni las ramas agitadas del viento, ni las voces de los hombres hacen ruido alguno; aquella es propiamente la mansión del mudo silencio. De lo más bajo del peñasco sale un arroyo, que alguno diría ser el Leteo, cuya corriente, causando un dulce murmullo en las piedrecillas, convida á dormir. A la puerta de la cueva se crían fecundas adormideras, y otras muchas yerbas, de las cuales la noche extrae el jugo soporífero, y lo esparce por el orbe oscuro de la tierra. En toda la casa hay puerta alguna cuyo quicial rechine  al abrirla o cerrarla, ni tampoco hay ningún guarda á su entrada. En medio de ella hay una alta cama, cuya armadura es de ébano, sus colchones de plumas, todo negro como la ropa que la cubría: en ella yacía el dios del Sueño con sus miembros como desfallecidos y desmayados. Alrededor de la cama estaban postrados una multitud de vanos sueños, que saben remedar todo género de figuras, y que son tantos en número como aristas tiene la miés, hojas las selvas, y la playa granos de arena. Al entrar Iris en esta cueva apartó con las manos los sueños que estorbaban su paso, y se acerca a la cama del dios: iluminóse la estancia con el resplandor de su vestido, que hiriendo los pesados y soñolientos ojos de aquel, se los hizo abrir, aunque con dificultad, y levantar la vista un poco, volviéndose al momento á quedar medio dormido; pero por último despertó algo, y levantando la cabeza, y tocándose el pecho con la trémula barba, y apoyado sobre el hombro izquierdo, le preguntó a Iris cuál era la causa de su venida. Ella entonces le dijo: «¡Oh Hipnos, que eres el más agradable de todos los dioses! ¡Oh Hipnos! descanso de las fatigas tranquilidad del ánimo, enemigo del desasosiego, que halagas y reparas para que continúen el trabajo los miembros fatigados con las diarias tareas, dispone que los sueños que remedan a la perfección las verdaderas figuras, vayan á Tarquinia, y presentándose á Alcione bajo la imagen del rey Ceix, su esposo, le representen su naufragio. Juno es quien lo ordena y me ha encargado esta diligencia.» Después que Iris desempeñó el precepto de Hera (Juno) se retiró, porque no podía tolerar más la eficacia soporífera ni los vapores soñolientos de aquella casa, y sintiéndose acometida del sueño, se apresuró y volvió por el mismo arco en que poco antes había venido. Entonces el dios, de entre la multitud de los sueños que rodeaban su cama, escogió a Morfeo, artífice é imitador de las figuras. Ninguno con más destreza que él remeda y representa cuando se le manda el modo de andar, la fisionomía, el eco y sonido de la voz, los vestidos y las palabras que son más usados del que quiere figurar; pero este sueño solo imita y representa á los hombres; más el otro á quien los dioses llaman Icelo, y los hombres Fobetor, se reviste de la figura de fiera, de ave, de serpiente y de los demás seres del reino animal. Hay otro de tercera especie, llamado Fantaso, que se transforma en tierra, en peñasco, en agua, en madero y en cualquier cosa inanimada. Estos tres  frecuentan solo de noche los palacios de los reyes, de los grandes y generales, y representan sus figuras; los demás sirven para la plebe. De estos dos no hizo caso el dios anciano, y de aquellos tres hermanos eligió a Morfeo para que desempeñase el encargo y mandato de Juno que le había intimidado Iris, y al punto volvió á dejar caer su cabeza cargada de sueño, y se cubrió con la ropa de la cama. Morfeo vuela por la oscuridad, sin que sus alas hiciesen ruido alguno, y en pocos instantes llegó á Tarquinia, y despuestas las alas tomó la figura de Ceix, y se presentó ante la cama en que dormía Alcione, descolorida como un difunto, sin vestido alguno y destilando agua su barba y cabellos. Entonces recostandose sobre el lecho, y con lágrimas que le caían por las mejillas dijo de este modo: «¿Conoces á tu Ceix, desgraciada esposa mia? ¿Se ha desfigurado mi rostro con la muerte? Miraré y me conoceras fácilmente; pero en lugar de tu marido hallarás solo su sombra. Tus votos, ¡oh Alcione! y tus sacrificios de nada me sirvieron: he muerto; no te prometas ni esperes vanamente volverme á ver. Noto (Austro) llovedor se enfureció contra la nave en el mar Egeo: levantó una deshecha tempestad, y la sumergió con un fuerte torbellino: yo clamaba invocando y repitiendo tu vano nombre, y en esa actitud inundaron y cubrieron mi boca las olas. No son estas noticias dadas por un autor sospechoso, ni estás oyendo vagos rumores: yo mismo que estoy presente te anuncio mi desgracia y mi naufragio. Levántate prontamente; abandónate al llanto; vístete de luto y no permitas que mi sombra baje al Tártaro, morada de las almas, sin haber sido llorada.» Morfeo dijo todo esto imitando la voz de Ceix, de modo que Alcione creía que era él: tan bien remedo su llanto, y todas sus acciones y disposición. Alcione entre sueño, empezó a gemir, llorar y á extender los brazos, y en vez del cuerpo de su marido abarzó´el aire sutil, y empezó a exclamar: «Detente, ¿Dónde te vás? Ambos partiremos juntos.» Turbada con la voz que había oído, y con la figura que había visto de su marido, despertó sobresaltada, y á la luz que habían entrado los criados que acudieron á sus voces, registró mirando á todas partes si estaba allí el que poco antes había visto, y no hallándole en paraje alguno, empezó á sacudir y golpear con la mano el rostro y pecho, á rasgar sus vestidos, y á arrancarse los cabellos, diciendo á su aya, que le preguntaba la causa de su llanto: «Y no hay tú tienes á Alcione: ya no existe; feneció con su querido Ceix; no te empeñes en consolarme: murió ahogado en el mar, y acabo de verlo, le conocí, y al ir á coger las manos para detenerle; y que no se fuese, se me desvaneció como sombra, y sombra bien propia, expresiva y verdadera de mi idolatrado esposo, aunque no tenia aquella alegría de semblante que antes, sino que le vi descolorido, desnudo y con el cabello destilando agua todavía. Si, este es el mismo sitio donde estuvo el infeliz: » y miraba si en él había dejado alguna huella u otra señal, y entonces soltando las riendas á su dolor, hablando con su esposo, á quien aún imaginaba presente, se quejaba de este modo: «¡Oh, desgraciado Ceix! tu naufragio era lo que yo temía, y lo que anunciaba el corazón, y por esto te rogaba tan encarecidamente que no te apartases de mi compañía, ni te entregases á la inconstancia de los vientos; pero ya te ibas á perecer ¡ojalá me hubieras llevado contigo! ¡Ay! ¡y cuán bien me hubiera estado e ir en tu compañía, pues no hubiera vivido apartada de ti un momento, y hubiéramos muerto juntos! Ahora  muero sin ti, y aunque ausente soy despojo de las olas en que fuiste sumergido, y sin embargo de estar lejos, el mismo mar es el sepulcro de mi cadáver. La memoria de tu naufragio no será mas cruel que el mar y las olas que te anejaron, si tuviera gusto en alargar más la vida y sobreviviré ni me apartaré de ti, y te seré compañera en la muerte, y si en el sepulcro y la urna no se uniesen nuestros huesos, á lo menos estarán unidos nuestros nombres en el epitafio.» El dolor no la dejó proseguir, pues cuando iba á pronunciar las palabras, eran interrumpidas con el llanto y con los gemidos en que el hacia prorrumpir la aflicción de su corazón.

Luego que amaneció salió fuera de su palacio dirigiéndose á la playa, buscando afligida el sitio desde el cual había estado mirando la partida de su marido: en él se detuvo; y observándole detenidamente, decía: «Desde aquí se hizo á la vela; aquí fué en esta misma playa donde al partirse me dio los últimos abrazos»; y cuando estaba mirando y remirando todas estas cosas, tendió su vista  hacia el mar, y á la larga distancia vio nadando sobre el agua una cosa que parecía un cadáver. Al principio no podía distinguirse lo que era; pero acercándose con las olas, llegó á conocerse que era un cuerpo, y aunque ignoraba quien fuese, se conmovió y asustó considerándole de algún naufragio, y como si se condoliese de un desconocido, dijo: «¡Oh infeliz, cualquiera que seas, é infeliz de tu esposa si eres por ventura casado!» El cuerpo se fue acercando poco á poco con las olas, y cuanto más lo mira Alcione, tanto más se aumenta su turbación. En fin cuando ya estaba cerca de la playa y á distancia que pudiese ser conocido, le miró con más atención; y viendo que era su marido, exclamó: «El es, él es»; y al mismo tiempo se hiere el rostro, arranca sus cabellos, rasga sus vestidos, extendiendo hacia Ceix sus trémulas manos, dice: «¡Así, carísimo esposo, asi, infeliz vuelves á mí para acrecentar mi dolor!» y arrebatada del más fiero sentimiento, dio un gran salto que parecía vuelo, y efectivamente lo era, y se puso sobre una especie de muelle que servía para que en él quebrara y amansara la impetuosidad de las olas, y desde allí convertida en ave é hiriendo el aire con las alas que la acababan de nacer, iba volando sobre la superficie de las aguas, y al mismo tiempo en lugar de lamentos su boca convertida en pico profería un sonido triste y lastimoso. Más luego que llegó a tocar el cuerpo de Ceix lo abrazó con sus recientes alas, y empezó á besarle con el duro pico. Aquellos que habían acudido á la ribera, observando que el cadáver se incorporaba algo, dudaban si era porque hubiese sentido las caricias de su esposa, ó si el ímpetu de las olas le hacía tomar aquel movimiento; pero fué porque las había sentido, y porque apiadandose de ellos los dioses, los convirtieron en aves. Después de esta transformación se conservan el mismo mutuo amor; y durante los siete días que la hembra está en huevos en el nido, sostenido sobre la superficie del agua, el mar está tranquilo y navegable; y Eolo, en obsequio de sus nietos, tiene los vientos encerrados para que no salgan á alborotar los mares.

Se cuenta que cuando estos pájaros hacían su nido en la playa las olas amenazaban con destruirlo. Eolo contenía sus vientos y hacía que las olas se calmasen los siete días anteriores al solsticio de invierno, el día más corto del año y otros siete que le preceden (en el hemisferio norte), para que pudiesen poner sus huevos. Estos días pasaron a llamarse «días del alción», y en ellos nunca había tormentas, ni los vientos soplan, ni las olas golpean furiosas contra las rocas, por lo que este pájaro se convertiría en símbolo de la tranquilidad.
Llevada por su vanidad, la pareja se atrevió a equipararse a Zeus y Hera. Por este sacrilegio, Alcíone fue transformada en alción (ἀλκυών), y Ceix en somormujo (κήϋξ).

Fue tanto lo que se afligió de la muerte de su madre, que marcho á Claros a consultar el oráculo para saber los medios de resucitarla: pero se ahogó e el camino. Su mujer Alcione le fue a buscar, y logró ser transformada con él en halcón. 

Se pensaba que había acogido a Heracles y a sus hijos.

CELADIÓN
En la mitología griega, era un cíclope o un enano que vivía en la isla de Naxos.
Este personaje era hijo de Hefesto o su criado.
Narra una leyenda que Cedalión enseñó a Hefesto el oficio de herrero, debido a que él era un experto en este arte.
Cegó a Orión, y por ello le sirvió de guía hasta que este recobró la vista en la isla de Lemnos.

CELADÓN
Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: uno de los guerreros muertos por Perseo, el mismo día que éste se casó con Andrómeda.

CELADÓN

Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: un lapita muerto por Amico.


CELENEO

En la mitología griega, era hijo de Electrión y de Anacso

Muerto en una batalla por el hijo de Pterélao.


CELENO

Es el nombre de varios personajes de la mitología griega (en griego Κελαινώ, ‘nube tormentosa’, ‘nube oscura’): una de las Danaides, que casó con Hiperbio, uno de los hijos de Egipto. 

Uniéndose a Poseidón engendrando un varón llamado también Celeno.


CELENO

Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: una de las Amazonas que fue muerta por Heracles.

CELENO
Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: una hija de Híamo y madre, quizá, de Delfo con el dios Apolo.

CELENO
Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: una hija de de Poseidón (Neptuno) y de Ergéa.

CÉLEO

Céleo, en la mitología griega, se encuentra en dos leyendas diferentes.

La primera habla de que era hijo de Eleusis, nacido del suelo y primer rey del país homónimo. 

Reinaba en Eleusis cuando aconteció el rapto de Perséfone por Hades. Deméter, al ir en busca de su hija, fue recibida por Céleo y su esposa Metanira. La diosa se había disfrazado de anciana y se había presentado a la hora en que las mujeres van a buscar agua. Las hijas del rey la encontraron cerca de la fuente y le ofrecieron acogerla en su casa, donde fue contratada como criada. Su labor fue criar al hijo menor del rey, Demofonte o Demofón. La diosa, para recompensarles, quiso dar la inmortalidad a su hijo Demofón, a cuyo efecto le puso sobre una hoguera para que el fuego consumiera sus elementos mortales. Al verlo Metanira prorrumpió en desesperados gritos, y Demofón fue devorado por las llamas. Deméter (Ceres), para compensar semejante pérdida, colmó de favores  a Triptolemo y lo inicio en la agricultura. Después de que revelara que era la diosa Deméter, Céleo ordenó que se construyera un templo en su honor; fue el primer sacerdote, y sus hijas las primeras sacerdotisas de la diosa.

La segunda leyenda nos cuenta sobre un joven cretense que, junto a tres compañeros (Layo, Cerbero y Egolio) intentó robar la miel de la gruta sagrada donde nació Zeus, ubicada en el monte Ida. Los ladrones se habían disfrazado con planchas de bronce para protegerse de las abejas pero cuando estaban entrando a la gruta, las laminas cayeron y esto alertó a Zeus, que estuvo a punto de fulminarlos con el rayo de no ser por la intervención de Temis y las Moiras que alegaron que en ese lugar estaba prohibido matar. Zeus los transformó, entonces, en aves.

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CELTINA

En la mitología griega, era hija de Britano.

Enamorada de Heracles (Hércules), de quien tuvo un hijo llamado Celto, que dio su nombre a los celtas.


CELTO

Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: uno de los tres hijos de Polifemo y de Galatea.


CELTO

Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: era un pretendiente de Penélope. 


CEMÍ
Los Cemíes son dioses, espíritus o los ancestros de los tainos. Casi todos se relacionan con fenómenos o situaciones de la naturaleza:
  • Atabey: la diosa de la creación que dio a luz a sí misma y a los demás dioses y diosas. 
  • Baibrama: era un dios menor adorado por su ayuda en cultivo de la yuca y curar a la gente de su jugo venenoso. 
  • Boinayel: y su hermano gemelo Márohu, eran los dioses de la lluvia y el buen tiempo respectivamente.
  • Guabancex: es la señora del viento, de las tormentas y del juracán (o huracán).
  • Guacar: el dios del mal y la destrucción.
  • Márohu: espíritu del tiempo despejado [Maro = sin nubes].
  • Maquetaurie Guayaba o Maketaori Guayaba: era el dios de "Coaybay", la tierra de los muertos.
  • Opiyelguabirán: un dios con forma de perro, velaba por los muertos.
  • Mahuatiatihuel: el Señor de la alborada o de la Región del Amanecer. 
  • Yúcahu o Yohacu (=el espíritu de la yuca): era el dios del mar, del bien y de la creación. También era el dios de la fertilidad en el sentido de que bendecía los campos de yuca, el principal cultivo de los taínos. 
Cemí era también el nombre de las representaciones físicas de los dioses. Estas representaciones se produjeron en muchas formas y materiales, y se puede encontrar en una variedad de entornos. La mayoría de los cemíes fueron hechos de madera, piedra, hueso, concha, cerámica, y de algodón. Los Cemí petroglifos fueron tallados en las rocas de los arroyos, y en las estalagmitas de las cuevas. Los Cemi pictográficos fueron encontradas en objetos seculares como la cerámica, y en los tatuajes. Yucahú, el dios de la yuca, se representa con un cemí de tres puntas en las tierras de cultivo para aumentar el rendimiento de la planta de yuca. Cemíes de madera y de piedra se han encontrado en las cuevas de isla La Española y Jamaica. Los Cemís a veces eran representados como sapos, tortugas, serpientes, y varios rostros abstractos y antropomorfos. Algunos de los cemíes tallados incluían una pequeña mesa o bandeja que se cree que era un recipiente para tabaco alucinógeno llamado cohoba preparado desde los granos de una especie de árbol Piptadenia.


CENCREO

En la mitología griega, era hijo de Poseidón (Neptuno) y de Salamis.

Debió el trono de Salamina en Chipre, a la muerte de una enorme serpiente de la que libró a aquellos habitantes.


CENCRIAS o CENCREA

En la mitología griega, era hija de la ninfa Pirene.

Muerta casualmente por Artemis (Diana) con un dardo que esta diosa lanzó contra una fiera. Su madre se afligió tanto con esta desgracia y derramó tantas lagrimas, que fue convertida en una fuente llamada Pirene.


CENEO
Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: un lapita hijo de Elato, y abuelo de Leonteo, uno de los caudillos lapitas que acuden a Troya. 
Era el antepasado del cual decían descender los Cipsélidas, linaje de la ciudad de Corinto. 
Realmente nació mujer con el nombre de Cénide o Cenis, pero Poseidón se enamoró de ella, y le concedió un deseo: el deseo de la joven fue transformarse en un hombre invulnerable. Así nació un guerrero invencible: Ceneo. Ceneo se transformó en un líder entre los lapitas, y en el azote de los enemigos tradicionales de éstos: los Centauros.
«Tampoco Cenis contrajo matrimonio alguno, y mientras disfrutaba en una apartada playa, fue violada por el dios el mar (así lo decía la fama), y cuando Neptuno hubo gozado de este nuevo amor, le dijo: ¡Te está permitido que tus deseos estén exentos de temor a ser rechazados, elige lo que desees!

Dijo Cenis: !Grande hace esta afrenta que sea mi deseo, a saber, no poder sufrir nada de esta suerte; concédeme que no sea mujer y me lo habrás dado todo!

Con sonido más grave ya pronunció las últimas palabras y aquello podría parecer voz de hombre, como lo era, porque ya el dios del mar profundo había asentido al deseo otorgándole además el no poder ser herido por impacto alguno ni sucumbir por el hierro. Con el don se aleja contento el Atrácida, y consagra su vida a las aficiones varoniles y recorre los campos»
                                                                             Ovidio, las Metamorfosis 

Ya como varón Ceneo no se pierde las aventuras de su época, y acude a la cacería de Calidón.

«... y Ceneo, que ya no era mujer.»
                                                                                                         Ovidio, las Metamorfosis 
También participa en la búsqueda del Vellocino de Oro. A la expedición de los Argonautas se presenta acompañado por sus tres hijos: Corono, Foco, Príaso.
«Este Ceneo, hijo de Élato, magnesio, demostró que de ningún modo podían herirlo los Centauros con la espada, sino con troncos de árboles tallados en cuña. Hay quien dice que había sido mujer y que Poseidón (Neptuno), a causa del matrimonio que había deseado, le había concedido —porque así se lo había pedido ella— el don de no poder ser matado por ningún golpe, una vez convertido en joven. Esto nunca sucedió, ni es posible que suceda que un mortal no pueda ser matado a espada o llegue a ser transformado de mujer en hombre.» 
                                                                                                  Higinio, Fábulas Mitológicas
La reflexión final introducida por Higinio al presentar a Ceneo como argonauta puede ser un añadido posterior de algún traductor, o el propio escepticismo del autor.
Pero es en la boda de Piritoo e Hipodamia donde Ceneo se convierte en leyenda. Excitados los centauros por el vino, al que eran muy aficionados pero poco resistentes, la emprenden con la novia y las mujeres invitadas a las que intentan violar, y como es lógico se desata una auténtica batalla campal. Ceneo va haciendo caer uno tras otro a todo centauro que se cruza en su camino. En medio de la batalla, uno de los más poderosos centauros, Latreo increpa al guerrero lapita:
«¿También a ti, Cenis tendré que soportarte?  Porque para mí tú serás siempre una hembra, siempre Cenis serás. ¿No te sirve de aviso lo que fuiste al nacer, ni te viene a la memoria cuál fue la hazaña con que conseguiste ese premio, y el servicio con que compraste la falsa apariencia de hombre? Ten en cuenta la que naciste y lo que te ocurrió siendo mujer, y vete a coger la rueca y los canastillos y da vuelta al hilo con el pulgar; ¡deja la guerra para los hombres!»
                                                                                                          Ovidio, las Metamorfosis 
Los insultos y el desprecio mostrado por el centauro no consigue más que provocar la respuesta enfurecida del héroe, que arremete contra el ofensor, y le arroja su lanza hiriéndolo donde el hombre se unía al caballo. Enfurecido por el dolor, Latreo golpea con su sarisa (lanza macedonia) el rostro del guerrero, pero se sorprende al ver que rebota, lo intenta con la espada golpeándole la cadera, y el efecto es aún peor, la hoja de la espada salta hecha pedazos. Ceneo entonces responde al ataque.
«- Adelante, ya es hora de probar tu cuerpo con mi hierro.- Y le hundió hasta el mango en los ijares la espada mortífera, y una vez sepultada en las tenebrosas entrañas, la agitó con su mano y le hizo dar vueltas haciéndole una herida en la herida. Entonces se precipitan rabiosos con salvaje giterío los bimembres y todos disparan y dirigen contra él sólo sus armas. Las armas caen abolladas y permanece impenetrable a todo impacto, y sin derramar sangre.» 
                                                                                                        Ovidio, las Metamorfosis
Queda entonces claro para los centauros que las armas de hierro no pueden acabar con el imbatible Ceneo, y que si no lo paran, él sólo va a acabar con todos ellos. Uno de ellos, Mónico (y no es que Mónica se haya cambiado también el sexo) llega a una conclusión:
«-¡Revolved contra él peñas y troncos y montes enteros y arrancad su vida pertinaz arrojándole selvas! Que la selva le apriete la garganta y el peso sustituirá a la herida.- Dijo y agarrando un tronco que las furiosas acometidas del Austro habían derribado, lo arrojó contra su poderoso enemigo; y dio ejemplo, pues en poco tiempo quedó el Otris (monte) desnudo de arbolado y no tenía ya el Pelio (otro monte) sombras. Sepultado Ceneo por el gigantesco montón, se agita bajo el peso de los árboles y sostiene en sus rudos hombros los maderos acumulados; pero al fin, cuando sobre su rostro y cabeza creció la masa y no tiene ya su respiración aire que poder inspirar, ora desfallece, ora intenta en vano alzarse hasta el aire libre y empujar para que se desplome la arbórea mole, y a veces la mueve como el elevado Ida..., cuando lo sacuden los temblores de tierra. El final quedó en la incertidumbre...»
                                                                                                         Ovidio, las Metamorfosis  
Ceneo no salió jamás de entre el montón de troncos y peñas, y quedó sepultado vivo. Para algunos descendió directamente al Tártaro; pero otros afirmaron ver como su alma se trasmutaba en un pajaro; el flamenco de alas resplandecientes y huía por entre los escombros ascendiendo y perdiéndose en los cielos o cuando sus súbditos fueron a buscarlo para darle sepultura, no encontraron el cuerpo de un hombre, sino el de una mujer.

CENEO

Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: el hijo de Corono y uno de los Argonautas.


CENEO

Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: el hermano de Isquis.


CENEO

Es el nombre de varios personajes de la mitología griega: un soldado troyano. 


CENTAUROS
En la mitología griega, los Centauros (en griego sing. Κένταυρος Kentauros matador de toros, cien fuertes, plural Κένταυρι Kentauri; en latín Centaurus/Centauri y  pl. Κένταυροι; del sánscrito gandharvas, "caballo") eran monstruos fabulosos medio hombres y medio caballos: poseían cabeza, tronco, y también las extremidades superiores de ser humano, mientras que el resto del cuerpo era de caballo. A veces también son representados como hombres erguidos, de cuyo trasero sale la parte posterior de un caballo. Ellos simbolizaban  la oscura e indomable fuerzas de la naturaleza.
Los Centauros son también denominados Hipocentauros.
Las hembras son llamadas Centáurides. ​

Su origen es distinto según las versiones o tradiciones sobre el origen de estos seres fabulosos llamados Centauros: hijos de Helio (el Sol) y una oceánide cuyo nombre significa brillo, esplendor, lo cual pudiera referirse a las brillantes nubes que el Sol levanta del seno de las aguas en el valle de Tempé, en Tesalia; de Apolo y Hebe, o de Apolo y Estilbe o Estilbia, hija de Peneo; hijos del dios Cronos, que se transformó en caballo para copular con la oceánida Fílira; hijos de Gea y de Zeus o de las ninfas Híadas; Píndaro les supone descendientes de Ixión y de una nube con forma de Hera llamada Néfele (‘nube’). Esta unión dio lugar a un hijo que se llamó Centauro o cazador de toros, monstruo feroz desdeñado de las Cárites (Gracias), que no quisieron asistir a su nacimiento, y odiado de los hombres; este Centauro se unió con las yeguas del valle de Pelión, en Tesalia (Magnesia), y así dio origen al pueblo de monstruos medio hombres y medios caballos. Según esta leyenda los Centauros serían un símbolo de los rayos del Sol o de las nubes que rodean a este astro, si no lo eran de los torrentes del Pelión.
Los mitólogos derivan este nombre de Kentein, picar, y tauros, porque los habitantes de Tesalia combatían con los toro; etimología que se explicaba por la historia de un rey de Tesalia que, habiendo dispersado un tábano a sus bueyes, envió en busca de éstos unos jinetes armados de lazos. De reconocer en dichos jinetes a los Centauros, hay que considerar a éstos como un pueblo pastor que cazaba los toros por análogo procedimiento al que emplean los zagales españoles, los pastores de la campiña de Roma y los gauchos de la América del sur. Otra etimología más moderna los designa como cazadores de liebres, y está más conforme que la anterior con las tradiciones y con los monumentos figurados, que presentan a los Centauros como cazadores.

A los Centauros se les atribuía un gusto desmedido por el vino y un carácter lascivo y propenso a los deleites carnales. 

Hacían un ruido espantoso, con su voz, que se asemejaba en algo al relincho de los caballos.

Estaban siempre armados de mazas y manejaban diestramente el arco.

Según La Ilíada, eran unos animales salvajes de pelo erizado que habitaban las montañas de Tesalia, y La Odisea nos los presenta con los instintos brutales y sensuales característicos de los sátiros u hombres primitivos. 

Vivian agrupados en manadas en los bosques de la Élide, Arcadia y Tesalia. çSus costumbres son salvajes y primitivas: comen carne cruda y cazan armados de palos y piedras. 

Las representaciones de los centauros en los monumentos antiguos son numerosas. En los primitivos y arcaicos consiste en una figura humana, a la cual va adaptada la grupa de un caballo, modo de representar del que no falta algún ejemplo en monumentos de estilos posteriores, sin duda como recuerdo de las primeras. Klüman cree que el centauro con pies humanos no es un tipo primitivo sino una modificación del tipo cuadrúpedo, introducido para distinguir los centauros humanos de los animales. En una placa de collar fenicia del siglo VII antes de J. C. aparece también el centauro humano. El centauro de la buena época, y aun de la arcaica, dibujado con cierta delicadeza, tiene las cuatro extremidades y el cuerpo de caballo, y de donde debiera arrancar el cuello del animal arranca el torso humano. El prototipo de estos centauros es el que nos ofrece la Centauromaquia (lucha de centauros y lapitas), esculpida por Fidias en el friso del Partenón. También figura, como queda dicho, en el cortejo dionisíaco, y en el del Amor hay imágenes de Centauras, pero son raras.
Un mosaico macedonio del siglo IV a. C. que se halla actualmente en el museo arqueológico de la ciudad de Pella es uno de los primeros ejemplos de la presencia de centáurides en el arte. El autor romano Ovidio en sus Metamorfosis menciona a una centáuride llamada Hilonoma, que se suicidó cuando su amante Cílaro murió durante la guerra contra los lápitas.
Los Centauros suelen aparecer también en los monumentos figurados de la Edad Media. El signo zodiacal Sagitario se representa con la figura de un centauro disparando una flecha.
La montaña Folea, situada en los confines de la Arcadia y de la Elida, donde había mucha caza mayor, estaba poblada por numerosos centauros. Heracles (Hércules) fue allá para cazar al jabalí de Erimanto, y recibió hospitalidad del centauro Folo, cuyas maneras dulces contrastaban con la ferocidad de sus semejantes. Folo, para obsequiar al héroe, abrió un tonel que Dionisos (Baco) le había regalado, y, atraídos por el olor del vino, acudieron muchos centauros que, como pretendieran beberle por fuerza, fueron rechazados a flechazos y dispensados por Heracles. 
Los Centauros figuran también en la fábula de Atalanta como enamorados perseguidores de ésta, quien los rechazó a flechazos mientras éstos, por asediarla, incendiaban el bosque. 
Los que fueron convidados a la boda de Piritoo, y de Hipodamia, riñeron con los Lapitas, otra raza monstruosa. 
Lo que sí está bien establecido, es que estos Centauros, invitados a la celebración de la boda de Pirítoo, el lapita, y de la gentil Deidamia o Hipodamia, no supieron soportar los efectos del abundante y fuerte vino que allí se servía y al que no estaban en absoluto acostumbrados. Terminaron tan embriagados, que no supieron contenerse y se lanzaron, siguiendo el ejemplo de Eurito sobre cualquier doncella o muchacho en sazón, y a todos violaron sin más contemplaciones. Eurito, como jefe de aquel salvaje grupo, tomó a la novia para sí, violándola para su placer, y dando con ello la señal a sus compañeros centauros, que ebrios sólo esperaban una excusa cualquiera para dispararse en sus excesos. Casi sin poder salir de su espanto, el resto de los invitados se abalanzó sobre los energúmenos, y un grupo fue directamente a atajar la acción del cabecilla Eurito, atacándole con dureza y mutilándole el rostro. En ese momento se desataron los rencores que yacían soterrados entre las dos comunidades, entablándose el primero de los feroces combates entre lapitas y centauros, combate entre los arrabiscados invitados a la boda interrumpida, que terminó en una carnicería y con su apresurada huida. Ovidio refiere esta fábula por boca de Néstor en los siguientes términos: 
«había casado Piritoo, hijo del atrevido Ixión. Con la bella Hipodamia, y convidó a los fieros Centauros á la boda, la cual se celebraba en una cueva cercada de arboledas, y los hizo sentar a las mesas que estaban puestas por orden. Asistieron á ella los próceres de Tesalia, y yo también era uno de los convidados. La confusa multitud de ellos hacia la estancia un alegre ruido: contóse el himeneo, humeando entre tanto las aras con las aromas que se quemaban. Presentóse después la nova más hermosa que todas, rodeada y acompañada de un gran numero de casadas y doncellas. Todos dimos la enhorabuena á Piritoo, y le felicitamos por su unión con mujer tan hermosa. Pero salieron vanos los anuncios que le hicimos de su felicidad; porque en aquel momento Eurito, el más fiero de los Centauros, enardecido asi con el vino que había bebido como con la vista de la recién casada, poseído de la embriaguez mezclada con la lascivia, echó á rodar las mesas del convite, y arrebató con violencia á Hipodamia, asiéndola por los cabellos. Cada uno de los demás Centauros robó la que se le antojó ó la que pudo, de manera que parecía el saqueo de una ciudad tomada por asalto, y en la casa se oía otra cosa que mujeriles lamentos. Al punto nos levantamos todos, y Teseo, tomando la palabra el primero, dijo: 
¿Qué locura, oh Eurito, te enajena para atreverte á maltratar asi á Piritoo, estando yo con vida?¿Ignoras acaso que á un mismo tiempo ofendes en una á dos personas? 
Para hacerles ver que sus amenazas no eran vanas aparta a los que lee detenían, recobra y le quita la novia que había robado. El centauro quedó suspenso y sin poder articular palabra, porque á la verdad ninguna tenia, ni menos razón alguna para sostener el insulto que había cometido; pero apelando á los hechos, acometió con sus furiosas manos al rostro de Teseo, recuperador de Hipodamia, y le descargó un furioso golpe en el pecho.  Por casualidad había allí inmediata una gran copa antigua, en cuyo metal estaban sobrepuestas de bajo relieve muchas figuras que hermoseaban su superficie, y aumentaban su rigidez y aspereza; y tomándola Teseo, la arrojó con furia al rostro de Eurito, con cuyo golpe empezó á arrojar por la herida y por la boca borbotones de sangre y vino y gran parte de los sesos, y de este modo cayó en tierra boca arriba. Los demás Centauros enardecidos con la muerte de su hermano, empezaron todos á gritar á una voz:
¡Al arma, al arma!, infundiéndoles mayor aliento el vino que habían bebido. 
Al principio de la pelea volaban los vasos, cántaros y calderos que se tiraban los unos á los otros, haciendo armas para la guerra de los que solo era á propósito para los convites. Amico, hijo de Orfión, sin respetar al mismo tiempo cogió un enorme candelero de muchos mecheros ardiendo, y levantándolo en alto, como la segur del sacrificio que va á herir el blanco cuello de un toro, le deja caer sobre la frente del lapita Celadón, y le quebranta los huesos del rostro, de modo que de desfigurado no es conocido; cuyo golpe le hizo saltar los ojos, la nariz se introdujo en la boca, y quedó pegada al paladar. Belates Peleo le derriba en tierra, quedándole la barba pegada al pecho, con un pie  que arrancó de una mesa de acebo, y al segundo golpe le hizo escupir los dientes mezclados con negra sangre, y le envió á las obscuridades del Tártaro. Grineo, mirando con rostro airado al altar junto al cual estaba de pie, dijo: 
¿Por qué nos echamos también mano de estas aras en esta refriega?
Al mismo tiempo arrebata el altar que humeaba, y lo arroja en medio del escuadrón de los Lapitas, y aplana á dos de ellos, a Broteo y a Orión: este era hijo de Micale, famosa maga que pro medio de sus encantos tenía el poder de hacer bajar á pesar suyo á la Luna de la órbita por donde discurre. 
¡No quedarás sin castigo si encuentro alguna arma con que herirte!, dijo Exadio; y tomando las astas de un ciervo que estaban colgadas de una alta viga, acometió á Grineo y le sacó los ojos con las puntas, parte de los cuales venia envuelta en ellas, y parte mezclada con la sangre que le corría por la barba.
Reto, tomando de en medio de las aras el mayor tizón, deshizo  Carax toda la sien derecha, cubierta de su rubio cabello, que empezó a arder con la llama voraz del modo que arden las secas aristas, y quemándose la sangre que le salía de la herida, dio un grande estallido, como el que suele dar el hierro encendido, el cual sacado de la fragua y metido en el agua por el herrero con las tenazas, silba y rechina. Viéndose herido Carax, sacudió el polvo de sus encrespados cabellos, y cargando sobre sus hombros un umbral que arrancó de la tierra, y que apenas podría llevarle un carro, ni podía tirar leal enemigo por su enorme peso, y dejándole caer, lo aplanó á él y á Cometes su compañero, que estaba á su lado. Reto que no podía contener el gozo que le causaba este suceso, dijo:
¡Plegue á dios que suceda lo mismo á todos los demás de tu partido, y se defiendan con la valentía que tú! 
Y menudeando golpes con el tizón medio encendido, le rompió las vértebras del cuello y parte de la cabeza, y los huesos quebrantados nadaban entre los sesos. Ufano con la victoria, se dirigió contra Evagro, Corito y Drias; y habiendo muerto á Corito, que aún no tenia pelo de barba, le dijo Evagro: ¡Por cierto que es una grande hazaña el haber dado la muerte á un muchacho!
Reto no le dejó hablar más, pues metiéndole el tizón por la boca, se lo introdujo hasta el pecho.
A ti también, ¡oh Drias! te acometió fuertemente con el mismo tizón en torno de tu cabeza; pero no fue con el mismo suceso, porque tomando otro mayor tizón, que ya no humeaba, rechazaste el ímpetu del que estaba orgulloso con tantas muertes, y fijaste con él un golpe en la cerviz, que le hizo dar un grande gemido, y costándole dificultad el sacar el tizón, cuyos pedazos se le habían introducido entre los huesos, echó á huir bañado en sangre. También huyeron Orneo, Licabas y Medon, herido en el hombro derecho, así también como Pisenor, Taumas y Mermeros, que aunque en la carrera superaba á todos, le estorbaba el correr una herida que había recibido. Igualmente huyeron Folo, Melanéo, Abas, diestro cazador de jabalíes, y el adivino Astilo, que en vano pretendía  disuadir á los suyos de la refriega. Viendo éste que también huía Neso por temor de ser herido: 
¡No huyas le dice, ni tengas miedo, porque tú estás destinado para ser muerto con las flechas de Heracles (Hércules)!
Aunque también huían Eurinomo, Licidas, Areo é Imbreo, no por eso de jaron de morir á manos del valeroso Drias: igualmente Ceneo recibió una herida de consideración cuando iba huyendo, porque volviendo la cabeza, le dio Drias un fuerte golpe en el entrecejo.
Tanto alboroto y confusión no basta á despertar al embriagado Afidas, el cual tenia en una mano asida débilmente una copa, y estaba tendido sobre una piel de oso en profundo sueño. Forbas, viéndole en aquella disposición, le abrió la boca con los dedos, y el dijo: 
¡Conviene que mezcles el vino con agua de la laguna Estigia!, y al mismo tiempo sin decir otra palabra, arrimándose á él, le lanzó un dardo que le atravesó la garganta, dejándole en la postura que yacía. La sangre salpicó sobre la piel y la copa que tenia; muere sin sentir su muerte, y sus ojos se cerraron para siempre.
En esta situación vi á Petréo, que se empeñaba en arrancar un grande encina, y cuando estaba abrazando á ella forcejeando á un lado y á otro para sacarla, Piritoo le atravesó por las espaldas con una lanza, y penetrando el pecho, se quedó clavada en el tronco de la encina. Deciase que el valor de Piritoo había dado muerte á Lico y á Cromis: pero se granjeó menos lauro con esto que matando a Heleps y Dictis. El primero fue muerto de un saetazo, que atravesándole las sienes por el lado derecho, vino á parar en la oreja siniestra; Dictis, que corría la cuesta abajo huyendo con temblor de Piritoo, cayó desde un despeñadero, y troneando con el peso de su cuerpo un gran quejido, se quedaron en él pegadas las tripas. Salió á tomar la venganza Afaréo; y cuando iba a tirar a Piritoo una gruesa piedra que había arrancado de la montaña, se puso delante Teseo, con un pesado palo encima, y dándole con él un terrible golpe le quebró el brazo, y contento con dejarlo inútil para el combate, no cuido de quitarle la vida por falta de tiempo: y saltando con ligereza sobre las espaldas del centauro Bianor, no acostumbrado á llevar mas carga sobre si que á si mismo, le aprieta las costillas con las rodillas, y sujetándole con la mano izquierda la cabellera, le desfiguró a palos el rostro y la boca amenazadora, y le quebrantó las sienes. Con el mismo palo de encina, echo á tierra á Nedimo y á Licotas, diestro en el dardo, á Hipason, cuya barba le cubria el pecho, y á Rifeo, que habitaba las encumbradas selvas, á Teseo, que solia llevar á su casa los osos vivos, cazados en los montes Hemonios.
Demoleon envidioso de que Teseo pelese con tan buen suceso, hizo esfuerzos para arrancar de un espeso bosque un viejo pino, y no habiendo podido tiró contra su enemigo el pedazo que se había quebrado; pero Teseo inspirado de la diosa Atenea (Minerva), ó á lo menos así quería hacerlo creer, hurtó el cuerpo y evitó el golpe; pero no dio en vago, porque separó el hombro y el brazo izquierdo del cuello de Crantor. Este había sido, generoso Aquiles, escudero de tu padre; y Amintor, rey de los Dolopes, vencido en la guerra, se lo había dado en prenda y seguridad de la paz que había hecho con él. Viendole éste desde lejos despedazado, le dijo: 
¡Recibe, querido Crantor, el más agraciado de todos los jóvenes, esa ofrenda que te hago en vez de las exequias!; y enardecido con el mayor furor tiró su lanza con toda su fuerza á Demoleon, la cual le rompió y atravesó el costado, y quedándose clavada en los huesos, en ellos se veía blandear. Demoleon, haciendo mil esfuerzos para sacársela, solo pudo arrancar el asta, porque el hierro se había quedado clavado en el pulmón. El dolor le daba fuerzas y acrecentaba el valor, y aunque herido se levanta contra su enemigo, y le sacude coces con sus pies de caballo; pero peleo, oponiendo su morrión y escudo, y aséndolos fuertemente, recibió en ellos las patadas, y defendió de ellas su cuerpo; y arremetiendo al enemigo, de un solo golpe le atravesó entrambos costados de hombre y de caballo. Ants de esto había dado muerte á saetazos y desde lejos á Flegron y á Hilas, y en combate y lucha trabada á Hifinoo, á Clanis y á Dorilas que llevaba cubierta su cabeza con una piel de lobo, armada con unas astas de buey, y teñida en sangre de los muertos que habían caído en el combate. Yo, á quien el enemigo aumentaba las fuerzas, le dije: 
¡Ahora verás cuán inferiores son tus astas á mi lanza,! tirándosela al mismo tiempo con el mayor denuedo: el centauro para evitar el golpe opuso su mano derecha, defendiendo con ella la frente; pero traspasándola la lanza, se quedó clavada con ella. Este golpe le hizo dar un grande grito, y Peleo, que estaba mas cerca que yo, viéndole que temblaba, y que estaba rendido con la cruel herida, le metió la espada por medio del vientre. Dio el centauro un gran salto, con el cual se le cayeron las tripas al suelo, y se las pisaba y hacia pedazos, y enredándosele entre los pies, le impedían el andar, hasta que por ultimo, quedándosele vacío el vientre cayó en el suelo muerto.
Tampoco a ti, Cilaro, te aprovechó en la refriega tu extremada hermosura, sui es que es susceptible de ella la raza de los Centauros. Empezaba á apuntarle la barba de color de oro, y el cabello del mismo color le ondeaba sobre los hombros; tenia un semblante vigoroso  y agradable, al cual correspondía el cuello, los hombros, las manos, el pecho y todo lo que tenia de hombre, pues todo parecía sacado á torno y hecho por manos artífices; y no era menos proporcionado al rostro de hombre lo que tenia de caballo, porque añadiendo á su figura un cuello y cabeza de esta última especie, pareciera ser el de Cástor. Sus ancas eran anchas, el pecho levantado y nervioso, la piel negra como la pez, la cola blanca, y del mismo color sus piernas. No había joven en toda la especie de Centauros que no le amase; pero sola Hilonome, la mas bela de todas las Centauras que habitaban las selvas, le conquistó para sí, y le atrajo a su cariño con caricias, halagos y declarándole su amor, para lo cual se componía con cuanta cultura y ornato puede adaptarse á los miembros de una centaura, como era peinarse el cabello, cuidar de rociarlo con agua del mar, ensortijarlo con violetas, rosas y azucenas, lavarse la cara dos veces al dia con el agua que corria de una fuente que estaba en la cumbre de la selva pegasea, y bañase en el río otras dos veces; y no vestia ni adornaba sus hombros y brazo izquierdo con otras pieles que las mejores y mas escogidas, y que le acrecentasen su hermosura. Cilaro e Hilonome se amaban mutuamente, y no podían separarse el uno del otro: juntos vagaban por los montes, juntos entraban por las grutas, y juntamente habían ido á las bodas de Piritoo, y no se habían alejado el uno del otro durante el choque. Un dardo tirado casualmente, no se sabe de quién, vino á dar en el pecho de Cilaro á la parte inferior del cuello; penetróle la herida el corazón, el cual, después de sacado el hierro, se le quedó yerto y frio con todo el cuerpo. Al punto Hilonome abraza los moribundos miembros del centauro, le aplica su mano sobre la herida para detener la sangre que corria, y juntando la boca con la suya, procura inspirarle la vida, é impedir que exhale su espíritu. Luego que le vió muerto,  prorrumpiendo en expresiones que yo no pude entender á causa del ruido y gritería, tomó el mismo dardo que había causadola muerte al centauro, y echándose sobre él, se le clavó, y murió abrazada á su marido.
Me parece que estoy viendo á Fecomes, el cual llevaba sobre sus hombros seis pieles de león, cosidas las unas á las otras. Este centauro ocultaba con ellas lo que tenia de hombre y de caballo; y habiendo arrojado un enorme tronco que pudieran arrastrar con dificultad dos yuntas de bueyes, le abrió de arriba abajo la cabeza al hijo de Fonoleno, y le salen los sesos magullados por ojos, narices, oídos y boca, así como suele salir la leche coagulada al pasara por un tamiz de mimbres, o como otro cualquier licor por la criba de pequeños agujeros. Más yo, mientras el barbaro se entretenia en despojarle de las armas, tu padre, oh Aquiles, testigo fidedigno de lo que digo, sabe que le atravesé el vientre con mi espada. Al mismo tiempo cayeron al rigor de su filo Ctonio, y Teleboas. El primero llevaba una horquilla de dos puntas, y e segundo un dardo con que me hirió: aquí están las señales, porque las cicatrices se conservan en mí todavía. Entonces debía haber ido a la toma de Troya, y a lo menos, si no podía vencer, hubiera retardado los progresos que Héctor hacia con sus armas. Pero en aquel tiempo o no había nacido éste, o era muy joven, y ahora mi cansada edad está sin fuerzas. ¿Para qué te he de referir que Perifantes venció a Pireto, centauro de dos formas, y que Ampico en la parte posterior del cerebro clavó una punta, o lanza sin hierro, de cerezo silvestre, al otro centauro Oeclo cuando iba huyendo, y metiendo ruido con todos sus cuatro pies: que Macareo mató al lapita Erigdupo, clavándole de parte a parte una barra de hierro en el pecho, y que Neso atravesó de un saetazo la ingle de Cimelo? No creas que Mopso, hijo de Ampico, se ocupó solo en pronosticar lo futuro. Dio muerte también al centauro Odites, lanzándole una flecha, con la que pegándole la lengua a la barba, y esta a la garganta, no pudo proferir ni una palabra. Ceneo por su parte había quitado la vida a cinco de ellos, a Estifelo, Bromo, Antimaco, Helimo y Piracmon, que llevaba por arma un segur. Aunque no me queda en la memoria de qué manera murieron, no obstante me acuerdo de sus nombres y número.
Latreo, corpulento y formido de miembros, armado de los despojos de Aleso, a quien había vencido, vuela para oponerse a los progresos de Ceneo, cuya edad era entre joven y viejo, su fuerza juvenil, pero su cabeza estaba poblada de canas: éste, arrógate con su morrión, espada y pica macedonia, poniéndose al frente de uno y otro escuadrón, empezó a blandear la pica y a correr en circulo, y llenando el aire de descompasadas voces y amenazas, dijo a Ceneo estas palabras: 
¿Piensas acaso, Cenis, porque tu siempre serás para mi Cenis, es decir, una mujer y no hombre, que he de sufrir tu atrevimiento? ¿Has olvidado por ventura tu débil sexo al atreverte a venir a las manos conmigo? ¿No te acuerdas por que medio adquiriste la forma engañosa de varon y en premio de que hazaña? Reflexiona que naciste mujer, y lo que ha pasado por ti; vete a tomar la rueca y la almohadilla de coser; emplea tus dedos en hilar estambre, y deja los combates para los hombres barbaros. 
A estas fanfarronadas Ceneo le tiró un dardo, y se lo clavó en el costado por la parte en que se juntaba lo que tenia de hombre y de caballo. El centauro, enfurecido con la herida, dio un golpe con su pica al joven Ceneo en el rostro que llevaba descubierto. Esta rebotó como los graznidos cuando caen sobre un tejado, o como cuando se tiran piedrecillas sobre un tambor: entonces el centauro arremete y embiste mas de cerca, empeñándose en esconderle su espada en el duro costado, pero este negó la entrada al acero. 
¡No te me escaparás, le dijo, pues si se ha embotado la punta, y con ella no puedo herirte, le degollaré con el filo de en medio! y tirándole reveses de lado, le tenida asido con su largo brazo. Los golpes sonaban como si diesen en un mármol; y la hoja saltó hecha pedazos cuando dio en el cuello. Luego que le mostró Ceneo el poco fruto de sus armas en herir sus miembros, le dice el atónito centauro: 
¡ea, pues, veamos ahora si mis armas tienen mejor temple que las tuyas para herirte!, y le clavó hasta la empuñadura la mortífera espada por la espalda, y moviendo y revolviendo las entrañas con la mano introducida en la herida, hizosela mucho mas crecida. Los demás centauros al ver esto arremeten rabiosos, y todos disparan contra él sus dardos; pero estos resultan y se caen sin que ninguno pudiese herirle, ni sacarle una gota de sangre con tantos golpes.
Este nuevo prodigio los tenia atónitos, y Monico exclama diciendo:
¡Esto es una grande afrenta! Todos nosotros somos vencidos por solo uno que apenas es hombre, sin embargo de que él lo es en realidad, y nosotros con nuestras cobardes hazañas somos mujeres como él fue antes. ¿De qué nos aprovechan los agitados miembros? ¿De qué las duplicadas fuerzas de la naturaleza reunió en nosotros de caballo y de hombre? Si un enemigo tan poco temible es nuestro vencedor, creo no somos hijos de ninguna diosa ni del temerario Ixión, que se atrevió a dirigir sus deseos a la suprema Juno, pues nos vemos vencidos de un enemigo que solo es medio hombre. Caigan sobre él peñascos, arboles, troncos y montes enteros revueltos y confusos, y con todo estos arranquémosle el alma. Carguemos sobre él toda la leña de una selva que le impida la respiración, y el peso hará lo que no pueden hacer las heridas!.
Dijo esto, y echando mano de un árbol que acaso había arrancado el viento impetuoso, lo vibró contra Ceneo con la grane mole, hizo algunos esfuerzos por levantarse, forcejeando con sus duros hombros contra los troncos que le oprimían; pero creciendo el montón enorme de la leña y tajándole el rostro y la cabeza, ya no podía respirar. Unas veces se desanimaba, otras se esforzaba por sacar la cabeza al aire, y sacudir de si la fatiga que sobre él habían arrojado. Algunas veces con sus esfuerzos la movía y hacia temblar aquella inmensa mole, a la manera que el  monte Ida tiembla con los terremotos. No se sabia si era muerto ó vivo, y unos opinaban, que sofocado con el monto de leña había bajado al abismo; pero Mopso nos quitó la duda, diciéndonos haber visto salir volando por el aire transparente de entre aquellos acinados árboles, una ave con plumas rojas, la cual fue la primera y la ultima que he visto de su especie. El adivino Mopso luego que la vio discurrir  por los reales con sosegado vuelo, y que cantaba alrededor en alta voz, siguiéndola con los ojos y juntamente con el corazón, dijo: 
¡Salve, Ceneo, honor y gloria de los Lapitas, en otro tiempo el sin igual varón, y ahora la sola ave de tu especie!
Nadie tuvo dificultad en creerlo por la autoridad de quien lo decía. El dolor que nos causó la perdida de este lapita aumentó nuestra ira, y no pudimos sufrir que uno hubiese sido oprimido por tantos enemigos; y no dejamos de las manos las armas que nos hacia manejar con furia el dolor, hasta que habiendo muerto á los mas de ellos, los restantes huyeron; y los dispersó la noche.
Hepolemo, habiendo oído la relación del combate de los Centauros y los Lapitas que había contado Nestor, no sufrió con ánimo tranquilo el que no hubiese hecho mención de Hércules, y se le hubiese pasado en silencio, y dijo á Nestor: 
¡Me maravillo mucho de que no te hayas acordado de las hazañas de mi padre, el que en su edad avanzada me solía contar muchas veces el combate que tuvo con los Centauros, cómo los venció y sujetó!
Entonces Néstor, llenándose de tristeza, le respondió: ¿Porqué me traes á la mente tales desgracias, y me obligas á renovar el llanto ya enjuto con los años, y á que tenga que confesar el odio que tuve a tu padre por las ofensas que me hizo? El ejecutó ciertamente hazañas increíbles, llenó al mundo de beneficios, que quisiera poder ocultar; pero ni tampoco he alabado a Deifobo, a Polidamante ni al mismo Héctor, porque ¿quién se ha de empeñar en alabar á su enemigo? Heracles tu padre arruinó los muros de Mesena en otro tiempo, y destruyó las inocentes ciudades de Elis y Piles sin motivo, y trajo la guerra á sangre y fuego hasta mi mismo reino; y aunque omitía decirte otros muchos que mató, no podré dejar al silencio que de doce hermanos que éramos, hijos de Neleo, todos jóvenes, no quedó ninguno sino es yo, porque a todos quitó la vida: que los demás hubiese sido vencidos por sus superiores fuerzas al cabo es tolerable; pero parece increíble la victoria que consiguió y la muerte que dio a Periclimenes, uno de ellos, a quien Neptuno nuestro abuelo había concedido el tomar y dejar las formas y figuras que se le antojase. Este, despues de haber variado  y transformándose vanamente en todas las formas y figuras, se convierte en el ave que en sus corvas uñas lleva los rayos de Júpiter, que tanto la estima; y valiéndose de las ventajas que le da esta figura, maltrata a su enemigo con las uñas y encorvado pico, hiriéndole la cara. Hérculesmientars Periclimenes estaba en alto con las alas tendidas, le dispara una saeta muy segura, y le hiere con ella entre el ala y el costado; y aunque la herida no era grave, le cortó los nervios, y no pudiendo mover el ala ni volar cayó en tierra, y oprimida con el peso de su cuerpo, la saeta que traía presa en el ala le traspasó todo, saliendo la punta por la parte contraria inmediata á la garganta. ¿Te parece pues, Hepolemo, jefe de los rodios, que yo debo celebrar las hazañas de tu padre hércules? La venganza que tomaré por la muerte de mis hermanos será omitir sus hechos heroicos; y esto no obstante seremos los dos amigos!
Luego que Néstor acabó de hablar con tanta gracia y elocuencia, repitieron los brindis, se levantaron de sus asientos, y lo que restaba de la noche lo dieron al sueño. pero el dios que con su tridente pone en calma los mares alterados y los gobierna, no podía olvidarse como padre, ni dejar de sentir la muerte de Aquiles dio a su hijo Cigno, ni que éste se hubiese transformado en ave, y esta memoria y el aborrecimiento del cruel Aquiles, que excedía los limites de lo regular, encendía cada día más su ira. En fin, después de casi diez años que iban pasados en la guerra de Troya, habló á Apolo, diciéndole de este modo: 
¡Oh, el más amado de los hijos de mi hermano, tú que me ayudaste á edificar los muros troyanos! ¿cómo es que no te lamentas cuando los ves que están ya a punto de caer? ¡Cómo es que no te causa dolor la muerte de tantos millares de soldados que los defienden? ¿Por qué no se te aparta de la memoria la imagen de Héctor arrastrado alrededor de las murallas, y no tienes en consideración que el feroz Aquiles, más cruel que la misma guerra, destructor de lo que nosotros edificamos, esté todavía vivó? Venga él mismo á las manos conmigo, y verá lo que puede mi tridente; pero supuesto que no nos es dado pelear cara á cara contra el enemigo, muera con tu saeta cuando menos lo piense!.
Convino Apolo en ello, y dejándose llevar de su propia ira y la de su tío, encubierto en una nube se pone en medio del campo troyano, en el que vio que Paris disparaba sus saetas contra los griegos, causando la muerte á muchos de la clase común: llegóse á él, y manifestándose un dios, le dice: «¿Para qué malogras tus saetas tiñéndolas en sangre plebeya? Si tomas interés por los tuyos, dispáralas contra Aquiles, y venga en él la muerte que ha dado á tus hermanos!.
Dijo esto; y mostrándole á Aquiles, que derribaba en tirra con su espada a muchos troyanos, enderezó contra él el arco de Paris, y con su propia mano le ayudó a dirigir la mortal saeta. Si el viejo Príamo despues de la muerte de su hijo Héctor pudiese tener algún gozo, solo seria al ver que tú, ¡oh Aquiles! Fuese vencido y muerto por el cobarde robador de Helena. Pero si habías de morir por una mano afeminada, quisieras mas y te fuera más decoroso haber sido muerto á los golpes de el hacha de Pentesilea, reina de las Amazonas. Ya este guerrero, terror de los troyanos, honro y defensa de los griegos, caudillo insuperable en la guerra, había sido quemado en al pira, y le había consumido el mismo dios que lo había armado: ya en la ceniza, y del grande Aquiles solo quedaba un no sé qué , que no era bastante para llenar una pequeña urna; pero aún vive su gloria, que llena todo el orbe, el cual solo es la correspondiente medida de sus hazañas, y esta es igual al mérito de Aquiles, que nunca morirá ni sentirá las regiones tartáreas. Para que mejor se conozca su valor basta saber que por su escudo se suscitó una contienda entre los griegos, y por obtener sus armas se toman las armas. Diomedes no se atreve á pretenderlas, ni Áyax, hijo de Oileo, ni Menelao, hijo menor de Atreo, ni tampoco Agamenón ni los demás capitanes. Áyax, hijo de Telamón, y Odiseo (Ulises) fueron los que disputaron esta gloria, como hemos dicho en otro lugar. Esta leyenda simboliza el triunfo de la civilización sobre la barbarie. 

En la descripción de una pintura que vio en Neápolis, el retórico griego Filóstrato el Viejo presenta a las Centáurides como hermanas y esposas de los Centauros que vivían en el monte Pelión con sus hijos.

«Qué hermosas son las Centáurides, aunque tengan cuerpo de yegua; porque algunas crecen de yeguas blancas, otras de yeguas castañas, y el pelaje de otras es manchado, pero todas brillan como las yeguas bien cuidadas. También hay Centáurides blancas que crecen de yeguas negras y la oposición de colores produce una criatura unida de gran hermosura.» ​

Heracles exterminó poco después a los sobrevivientes.

 

CÍCLOPES
En la mitología griega los Cíclopes (en griego Κύκλωψ Kýklops, plural Κύκλωπες Kýklopes, que viene de κύκλος kyklos, ‘rueda’, ‘círculo’ y ὤψ ops, ‘ojo’, " de ojo circular o redondo") 
eran gigantes de enorme poder, con un solo ojo en el centro de la cabeza, y en todo lo demás semejantes a los dioses.
Eventualmente sus nombres llegaron a ser sinónimo de fuerza y poder, y se usaban para referirse a armas especialmente bien manufacturadas.
No obstante es menester observar que los mitólogos los distinguen en tres especies: 
1.°los de Hesíodo (de la primera generación), entes alegóricos; eran hijos de Urano y Gea, hermanos de los Titanes y de los gigantes Hecatónquiros. personificaban los fenómenos atmosféricos y sus nombres (Brontes, Arges,  Esteropes) sugieren el trueno, el rayo y el relámpago.  Había también otros cuatro llamados Euríalo, Elatreo, Traquio y Halimedes, que presumiblemente eran hijos de los tres primeros. 
Se diferenciaban de los Titanes por tener un solo ojo, situado en medio de la frente. 
Según Hesíodo eran fuertes, testarudos, con un temperamento horrible y de «bruscas emociones».
Urano temía su fuerza y les encerró en el Tártaro. Más tarde Crono, otro hijo de Urano y Gea, liberó a los Cíclopes, junto con los Hecatónquiros y los Gigantes. Le ayudaron a derrocar y castrar a Urano, pero Crono les volvió a encarcelar en Tártaro, donde permanecieron, guardados por Campe, hasta que Zeus los liberó. Los Ciclopes dieron a Zeus cada uno de ellos, respectivamente, el rayo, el trueno y el relámpago, en agradecimiento, además de fabricar otras armas para los hermanos de Zeus; para Poseidón el tridente con que enfurecía y calmaba los mares, y producía terremotos  y para Hades el casco que lo hacia invisible, que le dio a Perseo en su búsqueda para matar a Medusa, y le ayudaron en la guerra para derrocar a Crono y a los otros Titanes (Titanomaquia). Al contar con la ayuda de ellos, Zeus pudo quedar como dios supremo en el Olimpo, luego de haber destronado a Cronos.
Ayudaban a Hefesto a forjar el hierro y entre su labor estaba también fabricar el rayo para Zeus (Júpiter), el rey de todos los dioses, en la fragua de Hefestos (Vulcano): Brontes forjaba el rayo, Esteropes lo sostenía en el yunque; y Piracmon lo batía con redoblados golpes (algunas fuentes cambian a Arges por Acmónides o Piracmón).
Se dice que construyeron el primer altar, así mismo se les atribuye el haber edificado las ciudades de Micenas y Tirinto en el Peloponeso, construidas con unas piedras tan enormes, que se necesitaban dos pares de bueyes para arrastrar la más pequeña, entre otras. Se colocaban sus fraguas en Sicilia, en Lemnos y en Lipari, tres islas con otros tantos volcanes; los ruidos que surgían del corazón de los volcanes se atribuían a sus operaciones.
Se cuenta posteriormente que fue Apolo quien mató a los Cíclopes, después de que Zeus matase a su hijo, Asclepio, con un rayo forjado por ellos. Aunque puede suponerse que estos Cíclopes eran inmortales, por lo que quizá los Cíclopes que Apolo mató fuesen sus hijos.
2.°los que Homero y Teocrito colocan en Sicilia; fue una primitiva tribu de enormes monstruos de un solo ojo descubierta por Odiseo en una remota isla (en ocasiones identificada con Hesperia), estos recolectaban frutos sin técnicas agrícolas y criaban ganado, devorando a los humanos que por allí pasaban. Se decía que estaban estrechamente relacionados con los Gigantes y con una tribu fenicia (los Phaiakai) surgidos de las gotas de sangre que cayeron sobre Gea cuando Urano fue castrado. Sin embargo, el cíclope más conocido de esta generación era Polifemo (un hijo de Poseidón y la ninfa Toosa).  Se ha sugerido que quizás fuera uno de los Triamantes de la leyenda cretense, raza rural de ogros devoradores de hombres que tenía un tercer ojo detrás de la cabeza. Aparte del detalle de los ojos, son muy parecidos a los Cíclopes de Homero.
Otro de los cíclopes de la segunda generación fue Telemo, un vidente. Algunos creen que ciclope significa "el que mira alrededor", y que se dio este nombre a los habitantes de Sicilia, grandes piratas, porque estaban siempre en la costa, atisbando si podían sorprender y robar algún viajero.
3.° los venerados en Corinto como inventores de la arquitectura. 
A pesar de su maldad, fueron colocados entre los dioses siendo venerados como protectores del trabajo, de la artesanía y del arte; y en un templo de Corinto, tenían un altar, en el cual se les ofrecían sacrificios. 
Otros más modernos no ven en la fábula de los Ciclopes, más que el emblema de los volcanes: eran hijos de Urano (el Cielo) y de Gea (la Tierra), a causa de la altura y profundas raíces de los montes volcánicos, o de Poseidón (Neptuno) y Anfítrite porque ordinariamente el mar baña el pie de estas montañas. Eran gigantes de una altura enorme, por la grande elevación de las mismas; y solo tenían un ojo relumbrante en medio de la frente, alegoría del cráter. Los rayos que forjaban, eran hechos de tres rayos de agua, otros otros tanto de niebla, y del igual numero de fuego, alusión á los fenómenos que acompañan las erupciones volcánicas.
Dada su inclinación por la herrería, muchos estudiosos creen que la leyenda de los Cíclopes surgió de la práctica habitual de los herreros de llevar un parche sobre un ojo para evitar quedarse ciego de ambos por las chispas. Los herreros también se tatuaban círculos concéntricos en honor al sol, lo que puede ser otra posible fuente de la leyenda.

CIBELES
Nombre latino de una diosa nativa de Frigia (en Asia Menor), era la personificación de la fertilidad de la tierra. Entró en Roma a fines del s. III antes de C. Allí sufrió modificaciones profundas con objeto de romanizarla. 
En griego antiguo Κυβέλη Kybélê, nombre al que a veces se da la etimología de «la del pelo» si se considera griego en lugar de frigio.
La doctrina de la inmortalidad formaba parte de su culto en Anatolia y Tracia, por lo que se la consideraba protectora de los difuntos y los sepulcros.  
Cibeles era adorada como divinidad de la naturaleza bravía, en su aspecto más salvaje y personificaba su potencia vegetativa, motivo por el cual se suponía que habitaba en montañas y bosques apartados, entre animales salvajes.
Diosa de las fuerzas reproductoras de la naturaleza. 
Diosa de la fertilidad y los animales (especialmente leones y abejas); de las cavernas y las montañas; de las murallas y las fortalezas.  
Señora de la tierra, de los cielos y del mar y protectora de los mineros.
Diosa Madre por excelencia y personificación del principio femenino, creadora de almas y determinante del destino de los hombres, a quienes protegía de la tentación y del mal, pues llena de benevolencia, socorría a quienes la invocaban. Amparo y protectora del pueblo al que da frutos y mieses; cura y sana, pero también hiere con pestes y enfermedades; es la que guía y defiende a su pueblo en la guerra. Un especial aspecto de Cibeles es que da oráculos y provoca éxtasis, tanto para propiciar profecía como para aliviar los dolores y aun la muerte.
Personifica la potencia vivificadora de la naturaleza.
Propicia la fecundidad de animales y humanos.
Como Cibeles gobernaba sobre montañas y fortalezas, su corona tenía la forma de una muralla.
Es considerada por los mitógrafos griegos como la Tierra divinizada, al igual que Gea o una simple encarnación o apelación de Rea, la mujer del titán Cronos y madre de los dioses olímpicos.
Se suponía que presidia á las ciudades y las producciones de la tierra.
Es una deidad de vida, muerte y resurrección.
Era reina del cielo, ama del relámpago así como del rayo y del mar. 
Era también divinidad Chetónica, señora de mieses y vendimias, de las minas (ella enseñó a los hombres a trabajar los metales) y dominadora de fieras. 
Se convirtió en diosa del gran poder y compartía con Júpiter el dominio del mundo. Era la que existía por si misma y no había tenido madre, estaba al principio de todo incluso de Júpiter; se la consideraba el origen de todo, tanto de los dioses como de la naturaleza. Recibía los calificativos de "Gran Madre" o "Madre de los Dioses", por haber dado a luz a los dioses de primer orden.
Madre de los hombres, los animales y las plantas. 
Su equivalente romana era Magna Mater y era también conocida como Mater Turrita.
Entre los persas se la identificaban con Anahitis. 

Su título «Señora de los Animales», que también ostentaba la Gran Madre minoica, revela sus arcaicas raíces paleolíticas. 

Su nombre de Bona Dea significa que todos los presentes de la tierra provienen de ella.
Era protectora de montañas y selvas con el nombre de Madre Montañesa (Méter oreia), o de Méter Dindimene.
Según una fábula, era hija de un rey de Frigia o Lidia. Abandonada por sus padres en el bosque, fue criada por animales salvajes. 
Se la representaba como una mujer robusta y poderosa con el kalatos (peinado en forma de cesta símbolo de divinidades de la fecundidad), el gran velo sujeto a la cabeza con una corona de torres es el símbolo de los castillos de la tierra, o las ciudades sostenidas y alimentadas por la tierra que la reconocían por protectora; y la llave que empuña denota los tesoros que encierra en el invierno el seno de la tierra para prodigar en el verano. La carroza en que esta sentada es la imagen de la tierra que su propio peso hace balancear en los aires, y sostienen la carroza, dos ruedas para significar que la tierra es conducida con un movimiento circular o, símbolo de  la superioridad de la madre naturaleza. Es tirada de dos leones, porque nada hay tan feroz que no se rinda á la ternura material: ó más bien no hay terreno tan estéril al cual no pueda fecundar la industria. Sus vestidos de diferentes colores denotan la variedad de matices que cubren la superficie del globo. Colócase el tunpanón (tambor en figura de globo que lleno de aire, figura los vientos y las tempestades que encierra el globo terráqueo) en la mano izquierda o una cornucopia un cetro o un puñado de espigas y amapolas. Sus sacerdotes son eunucos; esto es, que la tierra debe cultivarse para que dé frutos. Sus gestos violentos dicen tácticamente al trabajador que deben huir de la inacción; y el son de los címbalos representa el ruido de los instrumentos de labranza.
Los Egeos la adoraban bajo la forma de una piedra negra.
Desde épocas remotas, tuvo un bello santuario en la antigua ciudad teocrática de Pesinonte, a orillas del río Sangar o Sangario. Aún se pueden ver las ruinas de aquel primitivo templo dedicado a Cibeles.  
En el santuario de Samotracia, los altares corresponden a afloramientos rocosos de pórfido, de colores variados (rojo, verde, azul o gris). Para sus fieles, su poder se manifiesta también en la vetas de mineral de hierro magnético, de los cuales elaboran los anillos que los iniciados llevan en señal de reconocimiento. Cierto número de estos anillos han sido encontrados en las tumbas de la necrópolis vecina del santuario.
Sus primeros adeptos fueron los Tectósagos, una tribu de la región de Galacia, hoy Capadocia (Turquía). 
Para iniciar el culto como sacerdote de Cibeles, éste era castrado como una contribución a la madre tierra; además hacían un sacrificio matando toros y bebiendo su sangre. 
Las fiestas en su honor eran de las más histriónicas nunca celebradas y se hacían en memoria de Atis, un pastor frigio por quien Rea tenía especial afecto y al que encargó el servicio de su culto bajo la promesa de que jamás se casaría. Sin embargo, cuando Atis se casó con Sangaride, Rea lo castigó con la muerte de la ninfa y un conjuro que lo obligaba a moverse frenéticamente y autolesionarse. En uno de sus movimientos, Atis estuvo a punto de clavarse una espada, lo que conmovió a Rea que lo convirtió en pino. Desde entonces este árbol está consagrado a Rea. 
Su culto consiguió importancia en Roma a partir de Augusto que sentía por ella una especial veneración. A partir de Antonino su culto tuvo ritos secretos (misterios).
Las fiestas frigias se celebraban todos los años del 15 al 27 de marzo a las orillas del río Almon en cuyas aguas se lavaba a estatua de Cibeles, los primeros sacerdotes cantaban delante de un inmenso pueblo que concurría a esta fiesta, y luego se sacrificaba a la diosa una cerda preñada para marcar la fecundidad de la tierra. 

CORO o COROS
En la mitología griega, Coro, Coros o Koros (del griego Κορος, ‘saciedad’), es el nombre del daimon que representaba el ansia, el empalago, el hastío, la saciedad, la insolencia o el desdén.

Era hijo de Hibris.

Según el Oráculo de Delfos, Coros, que ansiaba devorarlo todo, estaba condenado a ser vencido por Dice.

 

CORO o COROS
En la mitología griega, Coro, Coros o Koros (del griego Κορος) es el nombre de uno de los Anemoi, que personificaba el viento del noroeste. 
Por ser un viento frío y seco, se le asocia directamente con el inicio del invierno.
Su equivalente en la mitología romana es el dios-viento Caurus o Corus. 
Iconográficamente se le representa como un hombre alado, viejo y barbudo, con el cabello desordenado, completamente vestido en túnica o ropas de abrigo, y calzando coturnos; llevando entre sus brazos, una vasija de bronce de la cual esparce ardientes cenizas.
Silio Italico le ha pintado desplegando sus alas tenebrosas y arrojando un huracán de nieve contra el ejército de Anibal al atravesar los Alpes.

CRONO o CRONOS
En la mitología griega, Crono o Cronos (en griego antiguo Κρόνος Krónos, en latín Cronus) era el principal (y en algunos mitos el más joven) de los Titanes.
El favorito de su madre Gea.
Cronos es imagen o símbolo del tiempo.
Dios del tiempo «humano» (del calendario, las estaciones y las cosechas)
Regulaba constantemente el paso de los días, los meses y los años, dando a cada cual su aspecto según el tiempo transcurrido. 
Cronos fue venerado como un dios del trigo, por su asociación a la edad dorada. También era dios de la cosecha, el grano y la agricultura.
Crono también fue identificado en la antigüedad clásica con el dios romano Saturno. 
Honrado en Sicilia, asimilado a Baal
Es el Melchom, Milchon, Molech o Moloch de los ammonitas, moabitas y cartagineses y el krodo o Sater de los antiguos eslavos.
Cronos fue identificado por los cretenses con el egipcio Khonsu (o Khensu) 
Zeus (Júpiter) lo encadenó para que no fuera demasiado de prisa, es decir, le sujetó al curso de los astros que son como sus vínculos o ligaduras.
Mientras los griegos consideraban a Crono una fuerza cruel y tempestuosa de caos y desorden, creyendo que los dioses olímpicos habían traído una época de paz y orden al arrebatar el poder a los groseros y maliciosos Titanes, los romanos adoptaron una visión más positiva e inocua de esta deidad, al refundirla con su dios indígena Saturno. Consecuentemente, mientras los griegos consideraban a Crono una mera etapa intermedia entre Urano y Zeus, fue un aspecto mucho más importante de la mitología y religión romanas: la Saturnalia fue una fiesta celebrada en su honor, y existió al menos un templo a él dedicado ya en la antigua monarquía romana. Su asociación con la edad dorada terminó haciendo que se convirtiera en el dios del «tiempo humano», es decir, los calendarios, las estaciones y las cosechas (aunque no debe ser confundido con Chronos, la personificación sin relación alguna del tiempo en general, como sucedió con frecuencia entre los investigadores alejandrinos y durante el Renacimiento). Como resultado de la importancia de Crono para los romanos, su variante romana, Saturno, ha tenido una gran influencia en la cultura occidental. El séptimo día de la semana judeocristiana se llamaba en latín Dies Saturni (‘Día de Saturno’), en lo que supone la fuente del nombre de este día en idiomas como el inglés (Saturday). 
H. J. Rose señaló que los intentos de dar a Kronos una etimología griega habían fracasado. Michael Janda ofrece un etimología auténticamente indoeuropea de ‘el cortador’, a partir de la raíz *(s)ker-, ‘cortar’ (griego κείρω), motivado por la acción característica de Crono de «cortar el cielo» (o los genitales del Urano antropomórfico). El reflejo indoiraní de la raíz es kar, que generalmente significa ‘hacer’, ‘crear’ (de aquí karma), pero Janda argumenta que el significado original de ‘cortar’ en un sentido cosmogónico sigue preservándose en algunos versos del Rig-veda sobre el heroico ‘corte’ de Indra, que como el de Crono resultó en creación:

RV 10.104.10 ārdayad vṛtram akṛṇod ulokaṃ
RV 6.47.4 varṣmāṇaṃ divo akṛṇod

‘golpeó a Vritra fatalmente, cortando [> creando] un camino despejado’
‘cortó [> creó] la majestuosidad del cielo’

Esto puede apuntar a un mitema protoindoeuropeo reconstruido como *(s)kert wersmn diwos, ‘mediante un corte creó la majestuosidad del cielo’. 
Se le representa como un viejo descarnado, triste y seco, aunque de ojos brillantes y febriles por la paranoia que lo consume; porta en las manos una hoz (o una guadaña) con la que siega y destruye todo lo que alienta. Casi siempre tiene una serpiente que mordiéndose la cola, forma un círculo, a fin de indicar el círculo y revolución perpetua de los meses, años, etc. Además, tiene alas para acudir puntual a todas las citas, por la rapidez con que corre, para llegar con velocidad y huir del mismo modo. 
Aunque anciano,  sin embargo está de muy buen semblante porque conserva siempre el mismo vigor, robustez y energía, pues los años, aunque le envejecen nada le quitan de su fuerza y actividad.
Cuando le han dado un reloj de arena (para denotar que es constante e igual su movimiento y es con el que mide la vida de los mortales), o un remo, han querido explicar por este atributo la vicisitud de las cosas del mundo.
Taauto o Thot, el Mercurio egipcio, inventó para asignar la soberanía de Cronos, las señales siguientes: cuatro ojos dos delante y dos detrás de los cuales dormían dos continuamente. A las espaldas tenía cuatro alas, dos extendidas como si fuese a volar, y las dos restantes plegadas, como si quisiese permanecer quieto. El primer símbolo significaba que Cronos velaba y reposaba al mismo tiempo; el segundo que volaba y que parecía estar parado a un mismo tiempo. Taauto puso tan solo dos alas a las espaldas de los otros dioses, como que no eran compañeros de Cronos; sino en sus correrías. Tenía además dos alas en la cabeza para indicar los dos principios que determinan nuestra conducta: la razón y las pasiones.
En Atenas se celebraba el duodécimo día de cada mes (Hekatombaion) una fiesta llamada Cronia en honor a Crono para celebrar la cosecha, sugiriendo que, como resultado de su relación con la virtuosa edad dorada, seguía presidiendo como patrón de la cosecha. 
En el antiguo mito registrado por Hesíodo en su Teogonía, Urano había engendrado con Gaia a los Titanes (Cronos entre ellos) y a las Titánides. Pero sus hijos menores resultaron ser monstruos: los Cíclopes de un solo ojo y los Hecatónquiros de cien brazos. Urano se avergonzó de ellos y decidió encerrarlos en el Tártaro para que no vieran la luz. Sin embargo, Gaia los amaba, así que incitó a los Titanes a que se revelarán contra su padre, pero sólo Cronos estuvo dispuesto a cumplir  su voluntad, así que Gea le hizo tender una emboscada. Cuando Urano se encontró confiado en brazos de Nix, le ataco con una hoz de pedernal que le había dado Gaia o Gea, y lo castró. De la sangre (o, según algunas pocas fuentes, del semen) que salpicó en la Tierra surgieron los Gigantes, las Erinias y las Melias. Crono arrojó al mar la hoz (que dio origen a la isla de Corfú) y los genitales amputados de Urano. A su alrededor surgió del miembro una espuma de la que emergió Afrodita. 
Por esto, Urano juró venganza y llamó a sus hijos Titanes (según Hesíodo ‘los que abusan’, la fuente del nombre «Titán», pero esta etimología está discutida) por exceder sus límites y osar cometer tal acto. En una versión alternativa de este mito, un Crono más benévolo derrocó al malvado titán-serpiente Ofión. Al hacerlo liberó al mundo de su esclavitud y por un tiempo gobernó justamente. 
Tras derrotar a Urano, Crono volvió a encerrar en el Tártaro a los Hecatónquiros y los Cíclopes, a quienes temía, y los dejó bajo la custodia de la monstruosa carcelera Campe. Subió al trono junto a su hermana Rea como reyes de los dioses. Esta época del reinado de Crono se denominó la Edad Dorada, pues la gente de entonces no necesitaba leyes ni reglas: todos hacían lo correcto y no existía la inmoralidad. 
Crono supo de Gea que estaba destinado a ser derrocado por uno de sus propios hijos, como él había derrotado a su padre. Por ello, aunque fue padre con Rea de los dioses Deméter, Hera, Hades, Hestia y Poseidón, se los tragaba tan pronto como nacían. Cuando iba a nacer su sexto hijo, Zeus, Rea pidió a Gea que pensara un plan para salvarlos y que así finalmente Crono tuviese el justo castigo a sus actos contra su padre y sus propios hijos. Rea dio a luz en secreto a Zeus en la isla de Creta y entregó a Crono una piedra envuelta en pañales, también conocida como Ónfalos, que éste tragó enseguida sin desconfiar creyendo que era su hijo. Rea mantuvo oculto a Zeus en una cueva del monte Ida en Creta. Según algunas versiones de la historia, Zeus fue criado por una cabra llamada Amaltea, mientras una compañía de Curetes o Coribantes, bailarines armados, gritaban y daban palmadas para hacer ruido y que así Crono no oyese los llantos del niño. En otras versiones Zeus era criado por una ninfa llamada Adamantea, que lo escondía colgándolo con una cuerda de un árbol, de forma que quedara suspendido entre la tierra, el mar y el cielo (sobre los que gobernaba su padre, Crono). Incluso en otras versiones, Zeus era criado por su abuela Gea; por una ninfa llamada Cinosura, a quien en agradecimiento Zeus subió entre las estrellas tras su muerte; o por Melisa, quien lo alimentó con leche de cabra. Cuando hubo crecido, Zeus usó un veneno que le dio Gea para obligar a Crono a regurgitar el contenido de su estómago en orden inverso. En cuanto a la famosa piedra vomitada por Cronos, se dice que fue transportada por Zeus a lo que más adelante sería Delfos para marcar el centro del mundo.
En algunas versiones, Metis le daba a Crono un emético para obligarlo a vomitar los niños, y en otras Zeus abría el estómago de Crono. Tras liberar a sus hermanos, Zeus liberó del Tártaro a los Hecatónquiros y los Cíclopes, quienes forjaron para él sus rayos, el tridente para Poseidón y el casco de oscuridad para Hades. En una gran guerra llamada la Titanomaquia, Zeus y sus hermanos y hermanas derrocaron con la ayuda de los Hecatónquiros y los Cíclopes a Crono y a los otros Titanes. Tras esto, muchos de ellos fueron encerrados en el Tártaro, si bien otros no (como Rea, Metis, Epimeteo, Menecio, Hécate, Océano y Prometeo entre otros cuantos). 
Esta alegoría pone de relieve que si Crono mutiló a su padre, fue porque una vez creado el Tiempo, todo lo anterior debía dejar de existir; si engulló a sus hijos, significa que destruye todo lo existente, incluso en el justo momento de producirlo: el siglo se traga a los años, los años a los meses, los meses a los días, los días a…, que son sus propios hijos; y el haberlos después arrojado, es un símbolo de la naturaleza y de sus operaciones: explica cómo se reproducen los seres por las transformaciones de la materia, como al año que pasa, sucede el año que comienza, en fin, la obra de descomposición y recomposición de los elementos que la naturaleza ejecuta con el curso del tiempo mismo. Lo que es creado diariamente, dicen, vive algunos instantes, luego muere, se corrompe, vuelve sus principios a la naturaleza, la que en recompensa da nuevos seres, y así perpetúa la creación por una alternativa de muerte y de vida, o de creación y destrucción. 
Zeus es tomado muchas veces por el Éter (región celeste que los antiguos creyeron compuesta de fuego), Hera por el Aire..., manifestando que el Tiempo nada influye en los elementos de los cuales son aquellos considerados como personificaciones divinas.Gea engendró al monstruo Tifón para vengar a los encarcelados Titanes, pero Zeus terminaría venciéndolo. 
Los relatos sobre el destino de Crono tras la Titanomaquia difieren. En la tradición homérica y hesiódica, fue encarcelado con los demás Titanes en el Tártaro. En los poemas órficos, fue encerrado por toda la eternidad en la cueva de Nix. Una interpolación en Trabajos y días  indica que Crono fue luego liberado por voluntad de Zeus, y que desde entonces fue rey de las islas de los Bienaventurados. Píndaro muestra la influencia de esta versión en algunos versos. También describe su liberación del Tártaro, siendo entonces coronado rey del Elíseo por Zeus. En una versión libia relatada por Diodoro Sículo (siglo I a. C.), se dice que Crono o Saturno, hijo de Urano y Titea, reinó sobre Italia, Sicilia y el Norte de África. Diodoro cita como evidencia los picos de Sicilia que su época eran llamados Cronia. Crono, junto a los Titanes, luchó y terminó derrotando a su hermano Júpiter, que reinaba en Creta, y a su cuñado Hamón, que reinaba en Nisa, una isla del río Tritón, en algún lugar de África. Crono tomó a su hermana Rea de Hamón para que fuera su propia esposa. A su vez, Crono fue derrotado por Baco o Dioniso, el hijo de Hamón, quien designó al hijo de Crono y Rea, Júpiter Olimpo, gobernante de Egipto. Baco y Júpiter Olimpo unieron entonces sus fuerzas para derrotar a los Titanes que quedaban en Creta, y a la muerte de Baco, Júpiter Olimpo heredó todos los reinos, convirtiéndose en señor del mundo.  Crono es mencionado de nuevo en los Oráculos sibilinos, particularmente en el libro III, donde Crono, Titán y Jápeto, los tres hijos de Urano y Gea, reciben cada uno un tercio de la Tierra, y Crono es nombrado rey de todos. Tras la muerte de Urano, los hijos de Titán intentaron destruir a la descendencia masculina de Crono y Rea tan pronto como nacían, pero en Dódona Rea dio a luz en secreto a sus hijos Zeus, Poseidón y Hades, enviándolos a Frigia para ser criados al cuidado de tres cretenses. Tras saber esto, sesenta hombres de Titán encarcelaron a Crono y Rea, provocando que sus hijos declarasen y libraran la primera de todas las guerras contra ellos. Esta versión no menciona nada de la muerte de Urano a manos de Crono o del intento de matar a sus hijos. 
Cuando los helenos se encontraron con los fenicios y luego con los hebreos, identificaron al El semítico, mediante interpretatio graeca, con Crono. La asociación fue registrada 100 d. C. por Filón de Biblos en su historia fenicia, como cuenta Eusebio en su Praeparatio evangelica. La versión de Filón, atribuida por Eusebio al semilegendario historiador fenicio anterior a la Guerra de Troya Sanconiatón, señala que Crono fue originalmente un gobernante cananita que fundó Biblos y fue posteriormente deificado. Esta versión da como nombre alternativo Elus o Ilus, y afirma que en 32.º año de su reinado, emasculó, asesinó y deificó a su padre Epigeo o Autoctón «a quien más tarde llamaron Urano». También afirma que tras la invención de los barcos, Crono, visitando el «mundo inhabitable», legó el Ática a su propia hija Atenea y Egipto a Tot, el hijo de Misor e inventor de la escritura.

CZERNOBOG, CZERNYBOCH, CHERNABOG, CHERNOBOG, CZERNOBOG, ZERNEBOH o TCHERNOBOG
Es el Dios Negro al que se rendía culto entre los eslavos y de la que se sabe relativamente poco. Las únicas fuentes de que se dispone son cristianas, y lo interpretan como un dios oscuro y maligno, personificación del mal, del crimen y de la muerte, pero es discutible su papel real en el antiguo panteón eslavo. Su nombre solo está atestiguado entre las tribus eslavas occidentales en el siglo xii, lo que hace pensar que no se trataba de una deidad muy importante ni muy antigua. 
Complementaba el simbolismo dualista al ser hermano y contraparte del Dios Blanco, Belobog, personificación del bien; su enemigo declarado y del genero humano. Al principio eran las dos únicas divinidades eslavas; después, con la introducción de los cultos asiáticos, Zernobog y Bielbog tuvieron un papel secundario.
Los eslavos adoraban bajo este nombre el genio del mal, de las tinieblas y de la destrucción, que esparce en los hombres el infortunio y la miseria.
Llamado Pya en los vendeos y pomerianos 
Estaba acompañado de Flint, el dios de la muerte.
Representabanle con formas horribles: Chernobog fue representado con la cabeza de león,  con cuerpo de león negro o un león sentado sobre sus patas.

Se preocupaba aplacar su enojo con ofrendas y sacrificios; se le hicieron sacrificios antes de comenzar los asuntos más importantes, por ejemplo, antes de ir a una campaña militar. Los sacrificios eran a menudo sangrientos y humanos, mataban cautivos, esclavos y caballos.
En ciertas ceremonias se pasaba circularmente un ánfora con un brebaje mientras se pronunciaban execraciones contra este temible demonio. 

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