Su título «Señora de los
Animales», que también ostentaba la Gran Madre minoica, revela sus arcaicas
raíces paleolíticas.
Su
nombre de Bona Dea significa que todos los presentes de la tierra provienen de
ella.
Era protectora de montañas y selvas con el nombre de Madre Montañesa (Méter oreia), o de Méter Dindimene.
Según
una fábula, era hija de un rey de Frigia o Lidia. Abandonada por sus padres en
el bosque, fue criada por animales salvajes.
Se
la representaba como una mujer robusta y poderosa con el kalatos (peinado en forma de cesta símbolo de divinidades de la fecundidad), el gran velo sujeto a la cabeza con una corona de
torres es el símbolo de los castillos de la tierra, o las ciudades sostenidas y alimentadas por la tierra que la reconocían por
protectora; y la llave que empuña denota los tesoros que encierra en el invierno
el seno de la tierra para prodigar en el verano. La carroza en que esta sentada
es la imagen de la tierra que su propio peso hace balancear en los aires, y
sostienen la carroza, dos ruedas para significar que la tierra es conducida con
un movimiento circular o, símbolo de la superioridad de la madre naturaleza. Es tirada de dos leones, porque nada hay tan feroz que
no se rinda á la ternura material: ó más bien no hay terreno tan estéril al
cual no pueda fecundar la industria. Sus vestidos de diferentes colores denotan la variedad de matices que cubren la superficie del globo. Colócase el tunpanón (tambor en figura de globo que lleno de aire, figura los vientos y las tempestades que encierra el globo terráqueo) en la mano izquierda o una
cornucopia un cetro o un puñado de espigas y amapolas. Sus sacerdotes son eunucos; esto es, que la tierra debe
cultivarse para que dé frutos. Sus gestos violentos dicen tácticamente al
trabajador que deben huir de la inacción; y el son de los címbalos representa
el ruido de los instrumentos de labranza.
Los
Egeos la adoraban bajo la forma de una piedra negra.
Desde épocas remotas, tuvo un bello santuario en la antigua ciudad teocrática de Pesinonte, a orillas del río Sangar o Sangario. Aún se pueden ver las ruinas de aquel primitivo templo dedicado a Cibeles.
En el santuario de
Samotracia, los altares corresponden a afloramientos rocosos de pórfido, de colores variados (rojo,
verde, azul o gris). Para sus fieles, su poder se manifiesta también en la
vetas de mineral de hierro magnético, de los cuales elaboran los anillos que
los iniciados llevan en señal de reconocimiento. Cierto número de estos anillos
han sido encontrados en las tumbas de la necrópolis vecina del santuario.
Sus primeros adeptos fueron los Tectósagos, una tribu de la región de Galacia, hoy Capadocia (Turquía).
Para iniciar el culto como sacerdote de Cibeles, éste era castrado como una contribución a la madre tierra; además hacían un sacrificio matando toros y bebiendo su sangre.
Las fiestas en su honor eran de las más histriónicas nunca celebradas y se hacían en memoria de Atis, un pastor frigio por quien Rea tenía especial afecto y al que encargó el servicio de su culto bajo la promesa de que jamás se casaría. Sin embargo, cuando Atis se casó con Sangaride, Rea lo castigó con la muerte de la ninfa y un conjuro que lo obligaba a moverse frenéticamente y autolesionarse. En uno de sus movimientos, Atis estuvo a punto de clavarse una espada, lo que conmovió a Rea que lo convirtió en pino. Desde entonces este árbol está consagrado a Rea.
Su culto consiguió importancia en Roma a partir de
Augusto que sentía por ella una especial veneración. A partir de Antonino su culto tuvo ritos secretos (misterios).
Las fiestas frigias se
celebraban todos los años del 15 al 27 de marzo a las orillas del río Almon en cuyas
aguas se lavaba a estatua de Cibeles, los primeros sacerdotes cantaban delante
de un inmenso pueblo que concurría a esta fiesta, y luego se sacrificaba a la
diosa una cerda preñada para marcar la fecundidad de la tierra.
CORO o COROS
En la mitología griega, Coro, Coros o Koros (del griego Κορος, ‘saciedad’), es el nombre del daimon que representaba el ansia, el
empalago, el hastío, la saciedad, la insolencia o el desdén.
Era
hijo de Hibris.
Según
el Oráculo
de Delfos, Coros, que ansiaba devorarlo todo, estaba
condenado a ser vencido por Dice.
CORO o COROS
En la mitología griega, Coro, Coros o Koros (del griego Κορος) es el nombre de uno de los Anemoi, que
personificaba el viento del noroeste.
Por
ser un viento frío y seco, se le asocia directamente con el inicio del
invierno. Su equivalente en la mitología romana es el dios-viento Caurus o Corus.
Iconográficamente se le representa como un hombre
alado, viejo y barbudo, con el cabello desordenado, completamente vestido en
túnica o ropas de abrigo, y calzando coturnos; llevando entre sus brazos, una
vasija de bronce de la cual esparce ardientes cenizas.
Silio
Italico le ha pintado desplegando sus alas tenebrosas y arrojando un huracán de
nieve contra el ejército de Anibal al atravesar los Alpes.
CZERNOBOG, CZERNYBOCH, CHERNABOG, CHERNOBOG,
CZERNOBOG, ZERNEBOH o TCHERNOBOG
Es el Dios Negro al que se rendía culto entre los eslavos y de la que
se sabe relativamente poco. Las únicas fuentes de que se dispone son cristianas, y lo interpretan como un dios oscuro y maligno, personificación del mal, del crimen y de la muerte, pero es
discutible su papel real en el antiguo panteón eslavo. Su nombre solo está
atestiguado entre las tribus eslavas occidentales en el siglo xii, lo que hace pensar que no se
trataba de una deidad muy importante ni muy antigua.
Complementaba el simbolismo dualista al ser hermano y contraparte del Dios Blanco, Belobog, personificación del bien; su enemigo declarado y del genero humano. Al principio eran las dos únicas divinidades eslavas; después, con la introducción de los cultos asiáticos, Zernobog y Bielbog tuvieron un papel secundario.
Los eslavos adoraban bajo este nombre el genio
del mal, de las tinieblas y de la destrucción, que esparce en los hombres el infortunio y la miseria.
Llamado Pya en los vendeos
y pomerianos
Estaba acompañado de Flint, el dios de la muerte.
Representabanle
con formas horribles: Chernobog fue representado con la cabeza de león, con cuerpo de león negro o un león sentado sobre sus patas.
Se preocupaba aplacar su enojo con ofrendas y
sacrificios; se le hicieron sacrificios antes de comenzar los
asuntos más importantes, por ejemplo, antes de ir a una campaña militar. Los sacrificios eran a menudo sangrientos y
humanos, mataban cautivos, esclavos y caballos.
En ciertas ceremonias se pasaba circularmente un
ánfora con un brebaje mientras se pronunciaban execraciones contra este temible
demonio.
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