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23 may 2026

LETRA X

XAIPEN
En la mitología selknam, Xalpen, Jalpen o Alpen equivale a lo que podría considerarse diosa de los Infiernos, el caos y las malas actitudes.
Es un espíritu femenino subterráneo, de gran importancia en la ceremonia del Hain. 
Xalpen es el principal espíritu de la ceremonia del Hain; es la figura más iracunda y abominable de todas.
Al igual que los demás espíritus del Hain, Xalpen sólo subsiste en la creencia de mujeres y niños.
Es descrita como una “hembra caníbal, voraz y colérica”.
Los Selknam creían que la diosa Xiapen recurría a su siete acompañantes demoniacoas o espíritus subordinados, los Shoort, soorts, soortes o sorths para llevar a cabo sus planes de caos y destrucción: Sate, Yoisik (considerado el más viejo e importante), Wakus, Keyaisl, Talen (considerado el más fuerte e influyente de todos), Pawus y Sanu. Además de ellos, hay una gran cantidad de shoorts subordinados a quienes no se les asigna un nombre específico
Exigía a los klóketen que le llevaran carne de guanaco. Sin embargo, en cierto momento del Hain, desataba su furia y se arrojaba sobre los klóketen para luego comer su carne. Usando su larga y afilada uña, despedazaba a los jóvenes. Mientras esto supuestamente sucedía, los hombres en el interior del Hain se ocupaban de hacer los efectos de sonido para hacer creer a las mujeres que observan que sus hijos eran atacados por el malvado espíritu subterráneo.
Además de alimentarse de carne humana, Xalpen llevaba bajo tierra a hombres del Hain, especialmente a los klóketen, con el fin de saciar momentáneamente sus apetitos sexuales y, en ocasiones, abandona a estos jóvenes en el Inframundo.
A diferencia de otros espíritus de esta ceremonia, no es representada por ningún actor, sino que era fabricado, por los hombres participantes del Hain, con arcos rellenos con hierbas para darle volumen y solidez. Su armazón era forrada con pieles de guanaco, las que eran cosidas y pintadas con arcilla roja.
Su función en la ceremonia del Hain era la de atemorizar a las mujeres, quienes tenía prohibido acercarse al lugar donde se desarrollaba la ceremonia, pudiendo observar desde lejos solamente.

XAMÁN EK o DIOS C (C DE COPAL)
Divinidad maya, símbolo de la Estrella Polar “guía a los caminantes”utilizada para guiarse y orientarse. Él es a quien debes acudir si estás perdido.
También es el dios del invierno y señor de la noche.
Es considerada una deidad benévola.
Protector de los caminos, de los comerciantes y mercaderes, ya que en sus viajes se guiaban por la Estrella Polar.
Asociado a la abundancia y a la paz.
Dador de luz al ser señor de la estrella del norte, neutral en los conflictos de las demás deidades; cuida y guía a los comerciantes y mensajeros en sus largos viajes hacia otros pueblos. 
De hecho es el dios de la santidad, un dios de dioses. 
Estaba asociado también al dios de la lluvia y era probablemente el patrono del día Chuen.
Es el dios C. de la clasificación de Schellhas.
Se la representa siempre con la cara de nariz roma y pintas negras peculiares en la cabeza, sosteniendo su propio signo en la mano y llevando sobre la cabeza al dios pájaro Moan, símbolo de la transmigración.
Por esa razón le levantaban altares a lo largo de los caminos donde le hacían ofrendas para contar con su ayuda en el recorrido.

XAMANQUINQU
Deidad yucateca que representaba el espíritu del Norte, junto con Yantho. 

XARENI o XARENQUE
Divinidad venerada en la isla Jarácuaro (mitología tarasca). Se asocia con la naturaleza, la espiritualidad y la luz que guía el camino. Este nombre evoca la fuerza, la nobleza y el misterio de las antiguas culturas prehispánicas.
Representa la conexión con la tierra, la intuición y la sabiduría ancestral: "El verdadero poder no está en la fuerza, sino en la luz que emanas al caminar."
Xareni es la encarnación de la magia y la sabiduría de la Amazonía peruana. 
Inspirada en el pueblo Shipibo-Konibo, su figura refleja la profunda conexión entre el ser humano y la naturaleza. 
Nombre de origen náhuatl, Xareni significa "princesa del bosque" o "dama del amanecer". 
Las personas llamadas Xareni suelen destacarse por su carácter fuerte y su capacidad para inspirar a los demás. 
El arte Kené, presente en su vestimenta, simboliza la riqueza cultural y espiritual de estas comunidades. La chacana, símbolo ancestral, conecta a Xareni con las raíces andinas y refuerza su vínculo con la Pachamama. Acompañada de un gallito de las rocas, ave emblemática de la selva, Xareni es un homenaje a la belleza y diversidad de los pueblos amazónicos y su lucha por preservar sus tradiciones.

XENOCLEA o JENOCLEA

Xenoclea (griego antiguo : Ξενόκλεια), que aparece como un personaje en la leyenda de Heracles (Hércules), era la pitia o sacerdotisa del Templo de Apolo en Delfos.

Según Pausanias y otros, Heracles viajó a Delfos para consultar al Oráculo tras la muerte de Ífito, a quien había arrojado desde una muralla en la ciudad de Tirinto mientras Ífito se alojaba con él como huésped. Sufriendo pesadillas, Heracles buscó consejo para curarse. Sin embargo, cuando acudió a Xenoclea para pedirle ayuda, esta se negó, considerando que aún no estaba purificado de la sangre y la muerte de Ífito, y además, conmocionada por la naturaleza de su crimen. Su única respuesta fue: «asesinaste a tu huésped; no tengo oráculo para alguien como tú». Esta respuesta despectiva enfureció tanto a Heracles que, sacrílegamente, se apoderó del trípode délfico de la sacerdotisa , se lo quitó y no lo devolvió hasta que ella accediera a su petición. 

Tras el regreso de su trípode y tras bañarse en el manantial Castalia, Xenoclea declaró que Heracles se purificaría de la muerte de Ífito solo sirviendo un año como esclavo , y que el precio obtenido iría a los hijos de Ífito como compensación por la pérdida de su padre.  Al preguntarle quién lo compraría, Xenoclea respondió que sería Ónfale, reina de Lidia. Heracles aceptó la guía del oráculo y accedió a servir a Ónfale durante un año. 

Se conservan representaciones antiguas del incidente en el templo.  En un jarrón antiguo, se muestra a Heracles llevándose el trípode sagrado, mientras Apolo, sosteniendo una rama de laurel, lucha por recuperarlo y Xenoclea, aparentemente aterrorizada por la disputa, observa desde una ventana, esperando el resultado. 

Este episodio evoca la «toma del templo de los dorios, que habían conquistado  el Peloponeso y se llamaban hijos de Heracles (Hércules), por lo cual se consideraban dispensados del respeto que habían demostrado a aquél sus predecesores los aqueos, los eolios y los jonios».

XIBALBA 
En la mitología maya-quiche, Xibalba o Xi´balb´a era un lugar tangible y a la vez un Inframundo inmaterial. Un lugar complejo de interpretar porque para los autores cristianos se correspondía con su visión del infierno y el concepto judeocristiano del mismo: un lugar de castigo tras la muerte. Pero Xibalba, aunque es un espacio en el que hay muertos y castigos, no es un lugar en el que estos sean torturados por sus pecados. De hecho, el concepto de “pecado” no tiene un equivalente en la cultura maya.
La vinculación del inframundo quitché con la tradición astronómica de los mayas se muestra en detalles como que el reino de los muertos es recorrido por los mismos astros que cruzan la superficie terrenal, siendo la noche el momento en que los elementos astrales están en el submundo. Esta desaparición y reaparición de los astros según recorran el inframundo o el mundo terrenal sigue el mito mesoamericano de los ciclos de vida y muerte en paralelo a los ciclos solares5. Xibalba debe ser visto como un lugar de horror y miedo, un reino oscuro lleno de maldad donde un individuo podía terminar cuando los dedos de la muerte le alcanzan y le sacan del recorrido vital dejándole allí atrapado. Ahora bien, el Sol, con su poder, también era capaz de cruzarlo cada día y salir endeble para dar nuevamente luz en el mundo mortal, lo que prueba el poder e inmortalidad del gran astro en contraste con el frágil humano común.
El primer momento que aparece descrito Xibalba dentro de Popol Vuh es cuando los héroes míticos Hun hunahpu y Ucub Hunahpu, inician su camino hacia el tenebroso inframundo tras ser convocados por los temibles señores de Xibalba. Los héroes descendieron hacia las profundidades de la tierra para acceder al dominio de los muertos usando unas empinadas escaleras hasta un barranco, llamado Un Zivan Cul, que daba a un furioso río, flanqueado por estacas (puede que cañas de jícaros espinosos).
Tras cruzar este “portal” en el mundo natural se inicia la penetración en el reino sobrenatural donde lo primero que se encontraron los héroes fue un río de sangre. La narración cuenta como atravesaron la corriente sin beber de su fluido carmesí hasta llegar a un segundo río, este de pus. Dos elementos vinculables con el fin de la vida y la decadencia del cuerpo humano, sangre y pus, como una declaración del mundo en el que se adentran los héroes-gemelos mayas.
Tras cruzar los dos siniestros ríos encontraron una encrucijada de caminos de diferentes colores: negro, rojo, blanco y verde. El negro iba al inframundo y fue recorrido por los gemelos míticos después de que el propio camino les indicara que él era el correcto. Tras recorrer esta senda entraron en Xibalba, un lugar donde si el sol brillaba, era de manera apagada y nunca tan reconfortante como en el mundo mortal. En este inframundo había jardines y vegetación, así como elementos construidos por el hombre como un “Pucbal-Chah” o “el muladar donde arrojaban la ceniza o un juego de pelota10. Pero las estructuras más llamativas eran las oscuras Casas del Tormento, habitáculos creados para la tortura y el dolor. Lugares donde los héroes tuvieron que pasar las crueles pruebas con las que los señores de Xibalba intentaron matarlos.
Las casas que se muestran en el Popol Vuh son: 
  • La Casa de la Oscuridad, un lugar de tinieblas perpetuas que amenazan con absorber a los héroes si no conseguían mantener el cigarro que les iluminaba evitando a la oscuridad tragárselos. 
  • La Casa del frío, un espacio helado con vientos tan fríos que cortaban como cuchillas y donde los seres vivos morirían congelados. 
  • La Casa de los Tigres o Jaguares, edificio repleto de estas bestias vinculadas con deidades y poderes de la naturaleza, tremendamente peligrosos en la tradición maya (y no sin cierta razón puesto que son animales con una capacidad de caza demostrada), habiendo tantos de estos animales en aquel lugar que estaban amontonados y no paraban de hacer rechinar sus colmillos y garras. El jaguar es además un animal de la noche, un peligro que se mueve en la oscuridad y acecha en las sombras de la selva y que en la tradición maya es capaz de moverse entre el mundo de los muertos y de los vivos. Así el jaguar era un destacado habitante del Xibalaba en especial en su faceta de fiera antropófaga y nocturna, la destacada en la Casa del Jaguar.
  • La siguiente era la Casa de los Murciélagos vinculada con otro animal nocturno y que además habita en las entrañas de la tierra, las cuevas. Los murciélagos eran los principales habitantes de este lugar, seres de la noche que duermen boca abajo (algo visto como una ruptura de lo natural para los mayas) y que se vinculaban con diferentes males derivados de su mordedura, algo muy marcado en las junglas americanas, donde hay tipos de murciélagos que se alimentan de sangre animal, incluyendo la humana. Sin embargo, la criatura más temible de esta casa del tormento no eran los murciélagos, sino el Camazotz o murciélago-muerte. Esta temible bestia tenía su refugio o madriguera en esa casa-cueva llena de los más pequeños murciélagos, siendo en alguna de las traducciones directamente “la casa de Camazotz”.
  • Otra de las casas del tormento de Xibalba era la llamada Casa de las Navajas, donde ingentes cantidades de cuchillas de pedernal y obsidiana volaban y se movían por el espacio buscando carne a la que herir. Estas cuchillas rechinaban unas contra otras creando un macabro ruido que llenaba el espacio de tormento, y traía a la mente los instrumentos de sacrificios mesoamericanos. Las cuchillas tenían conciencia propia, puesto que la manera que usaron los héroes para sobrevivir a su amenaza fue hablar con ellas para tranquilizarlas y evitar que los despedazaran, tal y como querían los siniestros señores de Xibalba.
  • Similar pero diferente es la Casa de las Lanzas, donde unos seres al estilo de diablillos atacaban a cualquiera que entrara dentro con las armas que le dan nombre. 
  • La Casa del Fuego era, como su nombre indica, un lugar lleno de abrasadoras llamas y ascuas candentes donde los héroes debían de morir calcinados, pero a la que sobrevivieron evitando ser achicharrados tras pasar una noche entera en su interior.

Pero no solamente las Casas de los tormentos de Xibalaba muestran su tétrica naturaleza, sino que los propios jardines tenían el toque siniestro propio del inframundo. Es el caso del árbol con cabezas que nació tras la muerte del padre de los héroes a manos de los señores de Xibalaba, acto que vengaron sus hijos Hunahpu y Xbalanque, que dejó embarazada con su contacto a Ixcqui, la hija de uno de los señores del reino de los muertos, madre de los hermanos y uno de los motivos de su naturaleza heroica.

XILONEN
Diosa nahua del jilote.
Representación del maíz recién brotado o en germen. 
Su nombre significa “la Peluda” o “barbuda”, en referencia a las barbas del maíz.
Hija o mujer de Centeotl.
La representaban con una túnica amarilla y roja.
En las fiestas en honor de Xilonen participaban mujeres con los cabellos sueltos que ejecutaban danzas rituales propiciatorias.

XIQUIRIPAT

En la mitología maya Xiquiripat o Xic (en maya quiché: ‘la alita’; xic, ‘ala’) esta deidad era la causante de los derramamientos de sangre entre los hombres.

Es una deidad de carácter demoníaco; en concreto es una de las doce que habita en el inframundo terrenal de Xibalbá. 


XOALTECUHTLI
En la mitología mexica Xoaltecuhtli (en náhuatl: xoaltecuhtli, ‘señor del sueño’‘xoal, sueño; tecuhtli, señor’) es una divinidad de la noche que regula los sueños y sus perturbaciones
El habita en el Mictlan y es mensajero de Mictlantecuhtli junto con su hermano Miquiztlitecuhtli.

XOCHIPILLI o MACUILXOCHITL
En la mitología mexica Xochipilli (en náhuatl: xochipilli, ‘el príncipe de las flores’, aunque también puede ser interpretada como ‘flor preciosa [o noble]’, “brote o hijo florido”; formado por los vocablos náhuatl xochitl, ‘flor’; pilli, ‘príncipe o niño’) es el dios del amor y de la belleza; de la vegetación floral, del maíz y de la primavera; de la agricultura, de la musica, de las canticos, de  la pintura, de la escritura y de la poesía; de la ebriedad sagrada y del juego de Patolli. 
Representa los placeres, la frivolidad y las fiestas.
Deidad encargada de presidir las artes plásticas, las danzas y los deportes. 
Personificación de la alegría, de la juventud y de la fecundidad masculina. 
Personifica el despertar de la naturaleza y era el símbolo de cuánto hay de bello y de luminoso en la naturaleza y en el hombre.  
El tiene el poder de sanar pero también se creía que causaba enfermedades venéreas (en las partes pudentas, exantemas, bubones y corrupción del pene) a los hombres y mujeres que durante su fiesta no guardaban la abstinencia sexual. 
Su culto se relaciona como el dios de la lluvia, Tláloc, y el del maíz, Cinteotl. 
Está asociado con Macuilxochitl (Cinco flores), dios de los juegos y las apuestas. 
Su hermana gemela era Xochiquétzal
Su esposa era Mayáhuel 
Representado como una figura masculina, con el rostro y el cuerpo pintados de diversos colores, sentada con las piernas cruzadas y con una máscara de ave, rodeada de flores, mariposas y guirnaldas. 
En su festividad religiosa asociada, que significa fiesta de las flores en náhuatl. 
En esta fiesta se hacían ofrendas de comida, y los pueblos cercanos a Teotihuacan llevaban cautivos como tributo para los sacrificios. 
Se le relaciona con la deidad Macuilxóchitl «5 Flor», patrono de los juegos, los bailes y los deportes, que es representado como un hombre que sale de una Tortuga (el Zodiaco), pero tal vez sólo sea su nombre calendárico. 

XOCHIQUÉTZAL
En la mitología mexica Xochiquétzal o Xochiquetzalli (en náhuatl: Xōchiquetzalli, ‘flor preciosa [emplumada o hermosa]’, ‘flor de la rica pluma’, ‘la flor más hermosa y colorida’ o ‘la pluma de la flor’; xṓchitl, flor; quétzalli, hermoso o precioso’), también llamada Ichpōchtli (en náhuatl: Ichpōchtli, ‘chica’, ‘jovenita’ o ‘muchacha’) es la diosa de la belleza y del amor; de las fiestas y de los juegos; de la caza, del tejido, de la danza y del canto; de la fertilidad, de las flores y de la Luna.  También es patrona de los quehaceres domésticos, del matrimonio, de las prostitutas, de las madres jóvenes y de los niños.
Se le puede considerar la encarnación misma de la femineidad, principalmente de la femineidad joven y es por ello el numen protector del trato carnal.
Representa los encuentros juveniles, espontáneos, pero sobre todo libres, los cuales no eran sancionados entre los varones.
Era la diosa del amor honesto; de la sexualidad y la belleza femenina; de las artes plásticas y de las domésticas, y de las mujeres embarazadas.
Diosa del placer amoroso y de la artesanía.
Patrona de los quehaceres domésticos, de las tejedoras de los orfebres y de las Aiuanome o mujeres de la vida alegre.
Diosa de la germinación y al floración, relacionada con el culto a los muertos, y también, paradójicamente, con la procreación.
Se le rendía culto también como patrona de los pintores y diosa de las mujeres pintoras, así como protectora del arte de bordar, tejer, esculpir y el oficio de la orfebrería.  
Solía invocarse a Xochiquétzal para hablar de amor, obtener belleza, sensualidad, placer sexual y erotismo y lograr matrimonios estables, la fertilidad y la libertad sexual; para hacer manualidades y lograr un buen tejido; el parto; la buena cosecha; la danza, la música, el canto y la herbolaria; para poder sobrevivir en caso de peligro y la recuperación después de un desastre.
Era invocada por las mujeres que deseaban hijos. 
Xochiquetzalli era la protectora e inspiradora de los artistas, tejedoras, soldaderas, de los orfebres y pintores, de las prostitutas (llamadas aiuanime) y la abogada de las embarazadas. 
Era defensora de los valores y la felicidad matrimonial. 
Xochiquétzal se llamaba la diosa del maíz tierno que presidía la aparición de las flores y las fiestas musicales. 
Tenía el poder de perdonar y también se atribuía el poder de castigar a los hombres enviando bubones, exatemas y diversas erupciones cutáneas, enfermedades venéreas y complicaciones del embarazo y del parto.
Es una diosa dual, es decir, tanto solar como lunar. 
Es una de las dos diosas relacionada con la fertilidad de la naturaleza y la belleza, quizás por ello se le representa como hija o esposa de Centéotl.
Se la caracterizaba como una mujer joven, bella y agraciada. 
Ella vive en el noveno cielo, la región del viento de obsidiana Itzeechecayan; primero habitaba en Tamoanchan, “cerro de la serpiente”, uno de los paraísos situado en el primer cielo, el Tlalocan, el cual se localizaba en la cumbre del Cerro de la Malinche. Esta morada era una región llena de deleites y pasatiempos agradables en donde había fuentes, ríos, florestas y lugares de recreación. En este sitio había un árbol florido, y el que alcanzaba a coger una de sus flores o era tocado por alguna de ellas sería dichoso y fiel enamorado. Xochiquétzal era atendida por otras diosas y estaba acompañada y guardada por mucha gente, de tal manera que ningún hombre la podía ver. Los que la cuidaban eran enanos, jorobados, payasos y bufones, que la divertían con música y bailes, y que también desempeñaban el oficio de embajadores cuando mandaba mensajes a los dioses que ella cuidaba.
Xochiquétzal nació de los cabellos de la diosa madre.
Es hermana gemela de Xochipilli, siendo su comparte o igual, cuya morada está en el Tamoanchan.  
Tuvo varios consortes y amantes: 
  • Su primer esposo fue Tláloc y fue raptada por Tezcatlipoca. En un mito similar al griego de Perséfone y de Hades, se dice  buscada por su esposo cada año en una translación mítica de la aparición del frío invernal y desaparición de las lluvias.
  • También estuvo casada con Ixotecuhtli, el dios de la libertad
  • En los mitos de creación se menciona que fue mujer de Piltzintecuthli, hijo de la primera pareja de hombres: Cipactónal y Oxomoco. Con Piltzintecuhtli tuvo un hijo, Cintéotl, dios del maíz, y en otros mitos se cuenta que también engendraron a Nanahuatzin, quien se sacrificaría en el fogón divino para convertirse en el Quinto Sol, y a Xochipilli, dios de las flores y también conocido como dios del amor.
  • con Centéotl. 
  • También fue amante de Huitzilopochtli, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl. 
Madre de los gemelos Quetzalcóatl y Xólotl
La representaban llevando nariguera, con un tocado de dos plumas de quetzal y vistiendo una especie de falda a cuadros de brillantes colores, adornada con flores; está pintada con trenzas sujetas con bandas de colores.
Las flores de cempasúchil están consagradas a ella. 
Numerosas doncellas se inmolaban  en su honor, durante el mes que les estaba consagrado.
A su templo iban las mujeres grávidas, después de tomar un baño lustral, para confesarle sus pecados y pedirle perdón y ayuda, más si éstos eran muy grandes, a los pies de la deidad se quemaba la efigie de la penitente modelada en papel de amate (ficus petiolaris).
En su honor se celebraban grandes fiestas, en las que se le ofrecían flores, especialmente caléndulas. Esas ceremonias tenían lugar en primavera y eran festivas por completo, sin los sacrificios humanos de las celebraciones de Xipe Totec. 
Durante el reinado de Quetzalcóatl, Xochiquetzal enriqueció y adornó el mundo con todo tipo de flores, pero que cuando el dios y rey tuvo que exiliarse de la ciudad de Tula y el poder de los Toltecas decreció, la diosa, entristecida, se hizo menos generosa con sus favores y decidió refugiarse en el mundo de ultratumba, del que salía a veces, sobretodo, en primavera.

XOCHITLICUE
En la mitología mexica Xochitlicue (en náhuatl: xochitlicue, ‘la que tiene su falda de flores’‘xochitl, flor; i, su; cueitl, falda; e, que tiene’) es la diosa de la fertilidad, patrona de la vida y de la muerte, y guía del renacimiento. 
Es hermana de Coatlicue y Chimalma. 
Con Tonatiuh es la madre de los dioses gemelos Xochiquétzal y Xochipilli.

XOLOTL
Xólotl (en náhuatl: xolotl, ‘el animal’‘xolotl, animal’) en la mitología mexica y tolteca es el dios del atardecer, de los espíritus, de los gemelos. Xólotl era también el dios de fuego, del relámpago, de todo lo monstruoso o extraordinario y el patrón del juego Ulama.
Representa tanto el fuego que cae del cielo como la luz ascendente de las llamas.
Representaba las formas ascendentes y descendentes del fuego.
Estaba asociado con la mala fortuna así como con las deformidades y las enfermedades.
El dios de los partos gemelares, de los nacimientos monstruosos y de los abortos, el cual bajo la forma de Nanahuatzin se consideraba el responsable de la sífilis y de la pinta, muy común entre los aztecas a la llegada de los conquistadores.
Señor de la estrella de la tarde (Venus) y su personificación maligna, él cual ayudaba a los muertos en su viaje al Mictlán 
Protege al Sol cuando viaja a través del inframundo durante la noche. 
Representa los aspectos oscuros de la dualidad de los gemelos.
Es identificado con Xócotl como el dios azteca del fuego.
Es parecido a Nanhuatl y aparece como el representante del sacrificio humano.
Su nombre significa “gemelo”, también puede significar un animal monstruoso con pies invertidos en náhuatl, la lengua azteca.
Uno de los cuatro sostenedores del universo, similar al Atlas griego.
Era gemelo de Quetzalcóatl.
En el arte, Xólotl fue representado como un esqueleto, un hombre con cabeza de perro.
Aparece en algunas de sus representaciones con las cuencas de los ojos vacías porque, según la leyenda, al sacrificarse los dioses para dar vida al nuevo Sol, se puso tan triste y lloró tanto que los ojos se le cayeron de las órbitas. 
Llevó adelante al género humano y le entregó el fuego de la sabiduría.
Último de los dioses que murieron bajo las flechas del Sol.

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